El franquismo económico en Castilla

Francisco Javier Sánchez

Tal vez no haya suficientes estudios e investigaciones publicadas referidas a la historia económica de Castilla desde la década de 1940 hasta finales de la década de 1970, cuando ya Castilla muestra signos evidentes de la despoblación de la mayoría de sus provincias, después de varias décadas de emigración masiva que fue la consecuencia principal de la política económica que llevaron a cabo los gobiernos de Francisco Franco de los que formaron parte muchos ministros catalanes y vizcaínos que controlaron las áreas de economía, industria y hacienda.

De tal manera que siete provincias castellanas ( Guadalajara, Soria, Segovia, Ávila, Burgos, Palencia y Zamora) tenían más población en el año 1900 que en el año 1981, dato que pone de manifiesto por sí solo el hundimiento económico de Castilla en un siglo que se caracteriza precisamente por los avances imparables en la demografía, en la economía y en la tecnología.

No obstante, en el libro de entrevistas titulado “Diez Castellanos y Castilla” y publicado en el año 1982 por la Editorial Riodelaire dirigida por Juan Pablo Mañueco, en el que aparecen entrevistados ocho castellanos ilustres del momento y no diez, porque hubo dos que no quisieron ser entrevistados sobre las cuestiones esenciales de Castilla, se hace referencia a las escasas inversiones industriales en Castilla y al papel de colonia interior asignado a Castilla, proveedora de mano de obra, suministradora de energía eléctrica por medio de pantanos y centrales nucleares y, también, de recursos hídricos a través del Trasvase Tajo-Segura.

Francisco Fernández Ordóñez, que fue presidente del Instituto Nacional de Industria, en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” contestaba lo siguiente, que es una muestra evidente del papel económico que asignó el franquismo a Castilla.

“¿Juzga suficiente, quien fue presidente del INI, la participación de las inversiones de las empresas públicas en el nivel de desarrollo de Castilla?

-Bueno, en Castilla nada; en Castilla el INI apenas ha aportado nada; ha habido una desatención grande respecto a las inversiones públicas en Castilla.

Históricamente, las inversiones del INI no han sido resultado de verdaderos programas, desgraciadamente. El INI se programó en su primera época, pero ha tenido una segunda fase en que ha jugado el papel de mera respuesta a las grandes quiebras. Se ha seguido el proceso de recibir empresas en crisis, más que el de crearlas.

Pero, por otra parte, el que no haya inversión en Castilla es parte de un problema mucho más grave, es consecuencia de un problema de despoblación. El crear incluso una empresa en Castilla, pública o privada, plantea unos problemas adicionales por falta de infraestructura pública, de apoyos suficientes, pero, además, ahora ya, por falta de lo más básico: de población.

Este es un fenómenos complejo y gravísimo que podríamos denominar el crecimiento desequilibrado de España. Este es un país que está creciendo desequilibradamente. Junto a tierras enormemente desarrolladas, que cada vez van a más, hay tierras rezagadas que cada vez se desequilibran más y se rezagan. Esta realidad a veces se quiere enmascarar aduciendo que en el plano de la renta per cápita las cifras de las regiones pobres se están igualando a las ricas; pero en realidad hay unas regiones que no pierden renta, porque pierden población; y al perder población, se divide entre menos.”

En la conferencia “UNA DEFENSA DE CASTILLA”, pronunciada en el Ateneo barcelonés por el escritor leonés Jesús Torbado el 12 de mayo de 1982, y publicada en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” editado en septiembre de 1982, también se refirió este intelectual a la política económica del franquismo respecto de Castilla.

“Cierto: Pujol y Arzallus han dicho una parte mínima de la verdad. Franco se mantuvo gracias a la Iglesia, al Ejército y a la oligarquía financiera. Pero el nacionalcatolicismo fue una invención de los monseñores Gomá y Plá y Deniel, apellidos que no son frecuentes en mi tierra. Y en cuanto a las oligarquías financieras malamente podrían surgir de una páramo calcinado y semivacío. Por otro lado, y para no hacerme pesado en este punto, el dictador compensó su robo de ciertas libertades con dádivas muy notables a parte de la periferia española y a la ciudad de Madrid, convertida por su culpa en un monstruo industrial innecesario. Los Altos Hornos no se instalaron en Castilla, ni ninguna gran industria. Las materias primas eran manufacturadas -eran y son- en la periferia para luego ser vendidas en el centro: ¿no es eso una cualidad de colonia?. ¿Me equivoco al decir que la meseta central es una colonia de las zonas industriales?. De los 230.000 puestos de trabajo creados por el INI ( es decir, por el dinero de todos) sólo cinco mil han correspondido a las once provincias castellano-leonesas, y casi todos ellos de naturaleza extractiva y energética. Y buena parte de esa inversión se dedicó a inundar los mejores valles de la región para dotar de energía eléctrica a Madrid, al País Vasco y a otras ciudades industriales periféricas.” ( Parte del texto de la conferencia).

También recientemente, Manuel Ángel Castañeda, ex-director de “El Diario Montañés” escribió lo siguiente en “El Diario Montañés” de 15 de enero de 2017 en su artículo “Cantabria, ante la España autonómica”: “Es preciso recordar que la riqueza de Cataluña y el País Vasco provienen, en buena medida, del trato excepcional que el régimen de Franco les otorgó en la ubicación de grandes fábricas y en el trabajo de cientos de miles de emigrantes llegados desde las regiones menos favorecidas”.

A veces es preciso recordar lo que nadie dice ahora, pero que es la constatación evidente de las consecuencias de la nefasta política económica llevada a cabo por el régimen del general Francisco Franco en España: los profundos desequilibrios regionales que fueron ya la base en la que se instaló el llamado Estado de las autonomías y sobre los que descansa.

Herrero y Rodríguez de Miñón, el castellano sin identidad

Francisco Javier Sánchez

Érase una vez un jurista y ex-político castellano, uno de los “siete padres” de la Constitución Española de 1978, que lo fue todo políticamente en las décadas de 1980 y 1990, y que desde hace bastante tiempo se proclama muy amigo y entendedor de las tesis de los nacionalismos vasco y catalán, aunque nunca se le haya oído o leído algo en favor de Castilla.

Se llama nuestro paisano Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, nacido en Madrid en el año 1940, y fue ex-político de la Unión de Centro Democrático y de Alianza Popular. También fue presidente del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra desde los años 2001 a 2003. Actualmente es miembro permanente del Consejo de Estado en España.

Este jurista madrileño ha recibido el Premio Blanquerna de la Generalidad de Cataluña y el Premio Sabino Arana que otorga la Fundación del Partido Nacionalista Vasco. En sus declaraciones defiende la asimetría política del Estado español y el reconocimiento de la singularidad superior de Cataluña y del País Vasco, pero nunca se le ha visto preocupado por los problemas de Castilla.

Herrero ha reivindicado un acuerdo político para resolver “el problema de Cataluña” y evitar un referéndum secesionista sobre la base de reconocer que “Cataluña es una nación y tiene una identidad nacional clarísima” ( “La Vanguardia” de 16 de diciembre de 2013), pero nunca ha dicho nada sobre la esperpéntica fragmentación autonómica de Castilla.

También ha expresado su admiración por el lehendakari Íñigo Urkullu y ha considerado que el Gobierno Vasco no debe “cejar” en su empeño de conseguir una relación de bilateralidad Euskadi-España. Del montón de presidentes autonómicos que tenemos en Castilla no ha dicho tampoco nada.

Propone un pacto de Estado que “blinde las competencias esenciales de Cataluña”, como la lengua, la economía, o las infraestructuras…, pero no se le ha oído decir que en Cataluña se habla castellano y catalán desde hace siglos, ni que la lengua de muchos ciudadanos de allí es la castellana, ni que fue el franquismo el régimen que privilegió a Cataluña y Vascongadas con la ubicación de grandes empresas e infraestructuras que se negaban a Castilla.

Ese blindaje de las competencias de la comunidad autónoma de Cataluña lo propone añadiendo una disposición adicional en la Constitución que exprese el reconocimiento de la “nación catalana”, de su exclusiva política cultural y educativa, -que de hecho y en el fondo ya realiza el nacionalismo gobernante sin contar con los castellanohablantes-, y, por supuesto, que recoja un convenio financiero sufragado con los ingresos tributarios de los ciudadanos españoles de segunda, de tercera, de cuarta y de quinta categoría, categoría última en la que estaríamos los castellanos. Sin embargo, Herrero no ha propuesto una disposición adicional que reconozca a Castilla en su unidad y que favorezca su crecimiento económico, demográfico, social y cultural.

Herrero ha llegado a decir que “es preciso legislar atendiendo a la realidad y la realidad es que Cataluña tiene una identidad que no tenemos en Madrid”( “Tiempo” de 7 de junio de 2013). ¿Qué hubiera pasado si Barcelona se hubiera constituido en comunidad autónoma separada de Cataluña, y que Madrid hubiera quedado dentro de una única comunidad autónoma de Castilla?. ¿ Quién tendría más “identidad”?. ¿Es que los ciudadanos de todas partes no tienen los mismos problemas básicos de trabajo, pagar una hipoteca y sacar adelante una familia, o es que estos problemas en los nacionalistas supremacistas tienen un plus de superioridad?. Herrero no aprecia la falta de reconocimiento de la pluralidad interior de Cataluña y de Vascongadas, y la falta de reconocimiento de la pluralidad la achaca a España, de la que dice que “legislar unilateralmente crea una España hemipléjica”. ¿No es hemiplejia severa la que sufren las comunidades autónomas de Cataluña y Euskadi, señor Herrero?.

En una especie de confesión personal, ha declarado lo siguiente en una entrevista a “La Vanguardia” de 22 de enero de 2017: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.” No tengo, no tengo…, es venir a decir que no soy nada, no soy nada…, o que soy menos que otros porque no tengo identidad. Con sus declaraciones, da la impresión de que el señor Herrero no habla ninguna lengua conocida del planeta Tierra, y que considera que los otros superiores tienen una tradición política y ostentan un derecho civil desde la época de Túbal, mientras que la tradición política y el derecho civil de los suyos, los castellanos, los inferiores según la asimetría postulada, deben de proceder como mucho de los tiempos del régimen de Franco. Y “eso hay que tenerlo en cuenta”…, para consagrar el Estado asimétrico y la desigualdad entre los ciudadanos españoles, que tanto persigue el señor Herrero.

Desde la incomprensible perspectiva de Herrero, los madrileños deben de tener una lengua impropia e inusual, que no debe coincidir con la de Cervantes siquiera, aunque el año 2016 haya sido el Año de Miguel de Cervantes, su tocayo en la cumbre de la literatura castellana. Y la Corona de Castilla nunca ha contado con ninguna tradición política e histórica de importancia, pues no debe de serlo siquiera su proyección en América o en Filipinas, como la que han podido tener Aragón o Navarra, con una tradición política sin parangón con la escuálida tradición castellana. No le sonará de nada que la Ley Perpetua de Castilla del año 1520 fue el primer precedente constitucional hispánico y europeo, que es como decir del mundo conocido entonces. Y para qué hablar del derecho castellano como fundamento del derecho de Indias y de los posteriores derechos de los países hispanoamericanos, y como soporte principal del derecho civil español.

En fin, el ilustre señor Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón debe de ser un castellano sin ninguna identidad. Qué cuento más triste que es esta triste realidad. Si esta realidad la hubiera conocido el alcalaíno Miguel de Cervantes…

Reformar la Constitución para reconocer a Castilla y a la Corona de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Se está planteando últimamente la necesidad de llevar a cabo en España una reforma de la Constitución. Se tendría que valorar muy bien si realmente hay esa necesidad y calibrar el alcance de lo que se quiere reformar y si interesa a la ciudadanía castellana y al conjunto de la ciudadanía española, o si interesa sólo a los políticos. En principio, debería de servir para reforzar los poderes del Estado y reducir el coste del modelo territorial, de manera que el Estado volviera a asumir las competencias que nunca debió transferir a las comunidades autónomas, tales como la educación, la sanidad, y la administración de justicia.

La última noticia: se ha propagado el rumor de que el Gobierno de la Nación, el que preside hoy en día Mariano Rajoy, estudia la posibilidad de reconocer al menos culturalmente a Cataluña como “nación”. Culturalmente, y vaya usted a saber si después también políticamente…, y financiaremente…, y mundialmente. Financiaremente significa que hay que quitar recursos a las demás comunidades autónomas. Y en lo cultural, el llamado blindaje de la enseñanza única y exclusivamente en lengua catalana o, hablando claro, el muro lingüístico catalán infranqueable, es decir, la tapia cultural que convertiría a Cataluña en un compartimento “paradisíaco, puro y no contaminado”. Y lo más importante, mejor y más abundante financiación autonómica para sufragar, por ejemplo, la calamitosa y doctrinaria enseñanza en Cataluña.

Mientras tanto, en Castilla los ciudadanos seguimos en esa sensación de atonía, de impotencia, de inhibición, de despreocupación, y de conformismo. Los castellanos somos incapaces de salir de ese círculo vicioso cuya fuerza nos atenaza: la fuerza del nacionalismo español, por un lado, y la fuerza de los nacionalismos periféricos, por otro lado. El círculo vicioso de la presión mediática, informativa, social e ideológica de los llamados nacionalismos periféricos ( de profunda castellanofobia) y la del llamado nacionalismo español ( que necesita a lo castellano y a Castilla como algo caído del cielo para sustentar y soportar su concepción plana de España, que lleva implícita la desintegración material de Castilla). Presiones del círculo vicioso que se retroalimentan entre ellas, sin importarles que gran parte de Castilla se vaya convirtiendo en un desierto demográfico y humano.

Ni a los nacionalismos periféricos ni al nacionalismo español les interesa el resurgimiento de Castilla. No les interesa el resurgimiento material de Castilla: el resurgimiento económico, humano, demográfico, y social de Castilla. Y sin resurgimiento material no hay resurgimiento cultural, pues sin hombres y mujeres de Castilla no hay cultura castellana; como mucho quedaría el estudio de la universal cultura castellana y de la historia pasada. Y no abonan tampoco esos nacionalismos en modo alguno el loable y noble ideal de la fusión de las artificiales comunidades castellanas, objetivo que no impide expresamente la Constitución, dado que sólo inadmite la federación de comunidades autónomas. Pero su Título VIII sí propició notablemente por medio de los partidos políticos que dominaban los ayuntamientos y las diputaciones provinciales la fragmentación de las dos Castillas y León en arbitrarias comunidades autónomas. Consolidar el actual modelo asimétrico, el de que unas comunidades autónomas -que ya tenemos más o menos en mente cuáles serían- son más, mejores y más guays que otras comunidades autónomas, es una perspectiva muy poco inteligente, y de muy poco futuro, pero cuya senda parecen dispuestos a seguir hasta los del partido político de Mariano Rajoy. ¿Pero puede ser todavía más asimétrica y, por tanto, desigualitaria la actual organización territorial del Estado?. Algunos parecen que están dispuesto a ello, no nos engañemos. Sin embargo, una reforma constitucional debería dirigirse a hacer desaparecer privilegios como los conciertos fiscales, y a hacer efectiva la igualdad y la libertad de los ciudadanos españoles residan donde residan: pero esto no parece interesar a un Estado que debiera encaminarse a la modernidad.

Además, una reforma de la Constitución debería facilitar la cooperación y la unión entre las cinco comunidades autónomas castellanas ( las que llevan como nombres Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha). Y también debería expresar un reconocimiento de tipo institucional hacia la antigua Corona de Castilla, Estado histórico que junto con la antigua Corona de Aragón y el Reino de Navarra conforman la actual España. Aunque también se prevean en los estatutos de autonomía mecanismos de cooperación autonómica y los procedimientos de incorporación de provincias limítrofes.

Lo ilógico y lo lógico en Castilla

Pedro López Ocaña
Acabo de ver un mapa en el periódico “La Vanguardia”, que colorea las comunidades autónomas, desde el rojo fuerte al blanco según el gasto sanitario por habitante, correspondiendo el rojo a las que más gastan. Por dar una somera idea, la “Comunidad de Madrid” está en el blanco, “Castilla-La Mancha” es la tercera contando desde el blanco, “Castilla y León” la cuarta, Extremadura junto con el País Vasco en el rojo, es decir, esas últimas las que más gastan por habitante y las tres primeras, incluyendo la nuestra, la que llaman los políticos “Castilla-La Mancha”, las que menos; el resto oscilan en posiciones intermedias.

¿Tiene lógica esta clasificación? Pero se me ocurren otras cuestiones ilógicas en nuestra región.

¿Es lógico que la distribución sanitaria sea la que es? Es decir, que en Madrid o en Valencia, por citar dos comunidades distintas, ¿no pueda tenerse acceso a nuestro historial médico, y viceversa?.

¿Es lógico que para recibir determinados tratamientos médicos que no pueden hacerse en Cuenca nos hagan ir desde Tarancón a Albacete, a Alcázar de San Juan o a Toledo, lejanas y sin comunicación por transporte público, teniendo la ciudad de Madrid a 80 kilómetros y con un buen servicio de transporte y varios hospitales altamente especializados?. Santa Cruz de la Zarza, la comarca toledana de La Sagra y parte de la provincia de Guadalajara sí pueden, ¿por qué ellos sí y nosotros no?. ¿Es lógico?.

¿Es lógico que en una comunidad tan grande como “Castilla-La Mancha”, con tan malas comunicaciones y sin hospitales de alta especialización, se la convierta en una enorme isla sanitariamente incomunicada?.

¿Es lógico que en provincias con pequeños núcleos muy envejecidos, con muchos problemas para desplazarse a consultas y hospitales, no se subvencione con complementos al transporte colectivo no rentable (como se hacía hace años) para que la población no termine emigrando?.

¿Es lógico que una sola comunidad autónoma y concretamente una de sus provincias ( Guadalajara) albergue dos centrales nucleares, dos almacenes de residuos radiactivos temporales individualizados en piscinas ATI, y otra provincia como Cuenca un ATC (almacén temporal centralizado de residuos radiactivos de alta actividad ) a escasos 50 kilómetros de la mayor industria cárnica de la región y con los camiones de residuos radiactivos que necesariamente pasarán a su lado?.

¿Es lógico que una de las comunidades más secas, más pobre y con menos regadío de España, tenga que abastecer de agua para riego y boca a Murcia, Almería, Alicante y Valencia, mientras los pueblos ribereños de los embalses abastecedores tienen que ser abastecidos con camiones cisterna?. (Por mucho que los receptores puedan pagarla).

¿Es lógico que el Gobierno Español, incapaz de articular un sistema nacional solidario de abastecimiento de aguas sobrantes, consienta que sólo esta región, por obligación, tenga que ser la única solidaria?.

¿Tiene lógica o sentido común que las diferentes comunidades autónomas castellanas no busquen alguna fórmula descentralizada de unión política y económica entre ellas, ante las dos posibilidades de la nueva España que se avecina, la federal o la plurinacional?. ¿Qué seremos los castellanos si no lo hacemos?.

¿Tenemos futuro?. ¿Piensan nuestros políticos en todas estas cosas?. ¿En cómo contener la despoblación y el envejecimiento?. Porque no me gustaría tener que pensar que lo importante son los sillones y los reinos de taifas. Porque esto sí que no sería lógico, ni admisible.

Perdonen la impertinencia desde Tarancón.

Manifiesto de la Sociedad Intercastellana de 2004

“Sociedad intercastellana” fue una asociación cultural creada en Guadalajara por varias personas como Juan Pablo Mañueco, César Javier Gonzalo Gayo, Julio Lopezosa Espliego, Clemente de los Santos. Prácticamente su única actividad fue la redacción y divulgación de un Manifiesto por la unidad de Castilla, ampliamente difundido, pero poco aceptado por otras entidades y asociaciones culturales. El Manifiesto de Intercastellana, sin embargo, por su sencillez, claridad y sentido común, sigue circulando por diferentes vías en la actualidad. En esencia, decía:

1. Castilla posee una personalidad cultural propia entre los pueblos de España, una historia singular y unas manifestaciones artísticas, literarias, folklóricas, etnológicas, lingüísticas y humanas específicas, expresadas a través de su trayectoria secular, primero como Estado histórico independiente y después como nacionalidad histórica o pueblo peculiar entre los restantes de la Península, cuyo reconocimiento y expresión deben normalizarse en todos los ámbitos oficiales de España.
2. Las señas de la cultura castellana son comunes a varias de las Comunidades autónomas existentes en estos momentos en España, como lo demuestra el hecho de que algunas de ellas compartan el mismo nombre de Castilla. También sus estatutos de autonomía dejan abierta la puerta a una posible integración en una Castilla mayor. Hecho que también se recoge en los símbolos actuales de esas Comunidades, y mucho más, naturalmente en sus símbolos históricos.
3. Este hecho debe ser reconocido por el Estado y debe fomentarse colaboración cultural, cuando menos, entre los organismos y las personas de esas Comunidades que participan en mayor o menor grado en las señas propias de lo castellano, para lograr en el mayor grado que las leyes permitan una mayor afinidad intercastellana.
4. Nada impide y sí es mucho lo aconseja que se fomente desde este mismo momento la colaboración cultural, deportiva, musical y etnográfica entre las varias comunidades españolas con raíces indudables en Castilla. El interés de los castellanos y hasta el mismo interés general de España así lo aconseja, porque a todos los castellanos y a todos los españoles conviene que las tierras centrales de la Península se hallen cohesionadas y fuertes para solidarizarse, de igual a igual, con las restantes Comunidades de España.
5. Todo ello, pero en especial el punto 4, perfectamente constitucional y deseable, lo demandamos a las autoridades españolas y nos comprometemos a orientar nuestras acciones en este sentido desde este mismo momento.

Sociedad Intercastellana. Asociación Cultural

La Puerta del Sol de Madrid

José Manuel Castellanos Oñate

¿Tomó la famosa Puerta del Sol su nombre de un castillo construido en ese lugar por los madrileños, fieles en su mayoría al emperador don Carlos, para impedir que los comuneros entraran en la villa durante el alzamiento de 1520? Según parece, muchos todavía lo creen así. Y hoy día se sigue afirmando, por ejemplo, en referencia a ese momento histórico, que “las autoridades de la Villa, a fin de solucionar los problemas del bandolerismo generados por el descontento y malestar, además del hambre, ante la impotencia de solucionar el asunto deciden construir una especie de fuerte que los proteja. De este modo mandan cavar un foso y construir un castillo. La puerta principal de éste daba acceso a la ciudad. Así, pretendían frenar la ola de violencia e indignación de los comuneros cerrándoles el paso. En la puerta del fuerte pintan la figura de un sol”. Pero nada de esto ocurrió de la manera descrita: ni en su fondo, ni en sus detalles.

El primero que habló sobre el supuesto castillete con el sol pintado fue el maestro y preceptor del Estudio de Gramática de la villa Juan López de Hoyos, en 1572, en su Real aparato y suntuoso recibimiento a doña Ana de Austria (y al leer sus palabras no hay que olvidar que los cronistas de los siglos XVI y XVII que historiaron el pasado madrileño tuvieron buen cuidado de dulcificar, tergiversar o directamente ocultar todos aquellos episodios que pudieran haber supuesto deslealtad a la dinastía entonces reinante): «Tuuo este nombre por dos razones. La primera por estar ella a Oriente (…). La segunda porque en el tiempo que en España vuo aquellos alborotos que comúnmente llaman las Communidades, este pueblo, por tener guardado su término de los vandoleros y communeros, hizo vn fosso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabricó vn castillo, en el qual pintaron un sol encima de la puerta, que era el común tránsito y entrada a Madrid. Y después de la pacificación y quietud destos reynos (…), este castillo y puerta se derribó para ensanchar y desenfadar vna tan principal salida como es ésta desta puerta; por el sol que allí estaua llamaron todos a este término la puerta del Sol».

Muy pocos años después, entre 1574 y 1578, se realizaron las Relaciones topográficas de los pueblos de España, elaboradas a partir de cuestionarios a los que dieron respuesta en cada concejo dos o más personas «de las que más noticia tuvieren de las cosas del pueblo y su tierra». En lo relativo a la villa de Madrid, las Relaciones volvieron a recoger sin variación alguna la tradición del castillete referida por López de Hoyos, cosa comprensible si se tiene en cuenta el prestigio del erudito madrileño y lo reciente de la publicación de su obra: «Por la parte del Oriente, que es la Puerta del Sol, llamada así porque en tiempo de las Comunidades se hizo allí un castillo con un sol encima, castillo que mandó derribar el Emperador, si bien la puerta conservó dicho nombre». A partir de ese momento, la fábula hizo fortuna y llegó intacta hasta nuestros días, aunque la realidad histórica fue sin duda bien distinta…

La llamada cerca (que no muralla) del arrabal, con fábrica de mampostería, escasa de altura y sin torres, se construyó muy probablemente en las décadas de 1430 ó 1440 para delimitar los arrabales de San Martín, San Ginés y Santa Cruz, a consecuencia, quizá, de la epidemia de peste que asoló la villa en 1438; su carácter nunca fue militar, sino meramente sanitario y administrativo. Fuera o no aquélla la fecha de su erección, sus portillos están ya documentados entre 1478 y 1502: puerta de San Millán/Toledo, puerta de Atocha, puerta del Sol, postigo de San Martín y puerta de Santo Domingo.

Con respecto a la etimología de la puerta que nos ocupa, la del Sol, ésta entrada a la villa aparece ya referida con tal denominación en el acta concejil de 18 de julio de 1478; tras ésta, en las de 14 de abril de 1488 y 2 de marzo de 1496. Ya se llamaba así, por lo tanto, mucho antes de la guerra de las Comunidades; su nombre lo habría tomado, sin duda, por abrirse a oriente, mirando hacia Alcalá de Henares y Guadalajara. Su carácter de simple portón se adecentó un poco en 1502, con motivo del recibimiento a los príncipes doña Juana y don Felipe en su camino hacia Toledo: el 24 de enero de dicho año se acordó «quel mayordomo haga la puerta del Sol tapiada e almenada, y la puerta grande que quepan dos carretas juntas». Los agasajados llegaron a la villa entre el 16 y el 28 de marzo, por la actual calle del Carmen -entonces ronda exterior de la cerca del arrabal-, entraron por esta puerta del Sol, y después de traspasar la de Guadalajara continuaron por la calle Mayor o por la de Santiago hasta llegar al alcázar; Juana y Felipe permanecieron en Madrid hasta después del 8 de abril y su partida discurrió por la puerta de Guadalajara, plaza del Arrabal (hoy, Mayor) y calle de Toledo. Los príncipes llegaron a esta última ciudad el 7 de mayo, reuniéndose allí con los Reyes Católicos, y días después fueron jurados en ella como herederos de la corona.

Dos décadas más tarde tuvo lugar el alzamiento comunero: aunque no hay constancia documental de ello, no puede descartarse que llegara a construirse algún tipo de fortificación en esa puerta del Sol en dos momentos concretos de la contienda. El primero de ellos, a mediados de agosto de 1520, cuando los comuneros madrileños todavía no se habían hecho con el control del alcázar y sospechaban que el alcaide Francisco de Vargas, que se encontraba en Alcalá de Henares, podría estar intentando reunir tropas para reducir a los sublevados madrileños. Y el segundo momento, unas semanas después, ya que el 6 de septiembre aparece la única referencia documental relativa a trabajos adicionales de fortificación realizados en esa puerta durante todo el conflicto: con el alcázar ya rendido a los comuneros y toda la villa bajo el mando del concejo revolucionario, éste acordó reforzar la escasa protección que la cerca del arrabal brindaba al flanco oriental de la villa, y entre otras medidas dispuso «que a la Puerta del Sol se hagan puertas e se tapien».

En cualquiera de los dos casos, esta mínima fortificación adicional (el legendario castillete de la tradición creada por López de Hoyos) habría sido obra de los comuneros madrileños para defenderse de los realistas y no al contrario.

La puerta del Sol se reformó nuevamente en 1538, reconstruyéndola con ladrillo y cal, con «un cimiento en todo lo ancho de la calle, de tres pies de grueso y de media vara de alto», y con seis almenas en lo alto. Fue definitivamente derribada en los últimos años del siglo XVI o primeros del siguiente; en el plano de Frederic de Wit, de 1635, ya no aparece.

(José Manuel Castellanos Oñate es autor entre otras obras del libro “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”, editado por la Asociación Cultural “La Gatera de la Villa”. La imagen que ilustra la entrada corresponde al Plano del cartógrafo portugués Pedro Teixeira del año 1656).

La consolidación de Castilla y León en la Edad Media

Francisco Javier Sánchez

Retomemos la historia de nuestra tierra con datos curiosos. Durante los siglos XI a XIII los reinos de León y Castilla se fortalecieron y fueron ocupando una posición hegemónica dentro de la Península Ibérica.

Alfonso VI de Castilla y León fue un rey fundamental en la expansión territorial y en la repoblación al sur del Duero, aprovechando la división del califato de Córdoba en múltiples taifas. En esa época se lleva a cabo la toma de Madrid y su alcázar ( año 1083), en cuya conquista fueron protagonistas unos soldados que escalaron la muralla por la noche y abrieron la ciudad al grueso del ejército. Su habilidad llamó la atención del rey, que estaba presente, al exclamar que parecían gatos. Esta anécdota, que no se sabe si es cierta o no, originó el sobrenombre de gatos con que se conoce a los nacidos en Madrid.

Pero Madrid era sólo la antesala para la toma de Toledo ( año 1085) mediante un pacto por el que se respetaban los derechos y propiedades de los musulmanes que decidieran continuar en la ciudad bajo el poder cristiano. Fue un hecho decisivo pues era la primera vez que una taifa musulmana con su capital intacta pasaba a dominio cristiano, con la carga ideológica que suponía detentar la antigua cabeza de la España visigoda. Tan limpia fue la entrega que se conserva íntegra una antigua mezquita construida en el año 999, la Ermita del Cristo de la Luz.

En tiempos de Alfonso VI destacó la figura del Cid Campeador, que fue capaz de tomar la ciudad de Valencia ( año 1094), ante la amenaza de los ejércitos almorávides que vinieron del norte de África en respuesta al duro golpe de la pérdida de Toledo. Pero tras la muerte del Cid, el mismo rey decide abandonar Valencia en 1099 ante la imposibilidad de defenderla.

A Alfonso VI, le sucede su hija Urraca, y seguidamente el hijo de ésta y de Raimundo de Borgoña, Alfonso VII, que inicia la nueva dinastía de la Casa de Borgoña.

Alfonso VII, ante la debilidad de Aragón tras la muerte de Alfonso I el Batallador, se proclama emperador de toda España e impone su influencia a los restantes reinos hispánicos. Pero no puede impedir que el condado de Portugal se convirtiera en reino separado. Consigue desplazar la frontera hasta Sierra Morena y mantener durante algún tiempo plazas andaluzas como Almería.

La crónica de la conquista de Almería ( año 1147), escrita en latín, describe a los castellanos con rendida admiración, que hoy puede resultar llamativa:

“Mirad como avanzan los mil escuadrones de Castilla, ciudadanos famosos, potentes a través de los siglos. Brillan sus campamentos como los astros del cielo; relucen como el oro. Llevan vajilla de plata y la pobreza no existe entre ellos. Son fuertes, seguros en el combate; ni uno solo torpe, ni débil, ni mendigo. En sus tiendas hay abundancia de carne y vino, y pan de trigo sin medida. Sus armas son tantas como las estrellas del cielo. Van en caballos protegidos por gualdrapas y armaduras de hierro. Su lengua resuena como trompeta con tambor. Siempre altivos, tienen la confianza en su poderío. Los hombres de Castilla fueron rebeldes durante siglos.”

También esta crónica recoge que el símbolo del león se hallaba bordado en las banderas de Alfonso VII de León y Castilla, emblema que identificaba a la totalidad de sus reinos al promediar el siglo XII. Símbolo del león que ya aparece por primera vez en un sello de cera de un documento de 1098 que se conserva en la catedral leonesa.

A la muerte de Alfonso VII ( año 1157), Castilla y León se separan durante un tiempo: Fernando II es rey de León y Sancho III es rey de Castilla. Pero éste muere prematuramente, convirtiéndose en rey de Castilla el niño Alfonso VIII nacido en Soria.

Por la tutoría del niño luchan las familias de los Lara y los Castro. Los Lara consiguen llevar a Alfonso VIII desde Soria a Atienza, una de las villas mejor fortificadas. Pero ante el asedio de los Castro apoyados por tropas del rey de León, los arrieros de Atienza consiguen sacar al rey niño disfrazado de arriero entre ellos y llevarlo hasta Segovia y Ávila en una huída que duró siete días. Desde entonces se celebra la llamada Caballada de Atienza, en recuerdo de esa gesta, al son de la dulzaina y el tamboril. A partir de 1170 Alfonso VIII consolida su política tanto en el norte, otorgando Fueros a las villas marineras de Castilla la Vieja (Castro, Laredo, Santander y San Vicente), como en el sur, conquistando Cuenca y su territorio.

Tras el desastre de Alarcos en 1195, Castilla lideró la campaña de las Navas de Tolosa en el año 1212, con una resonante victoria que dejó despejado el camino definitivo hacia Andalucía. Después de esta batalla, se considera que Alfonso VIII mandó poner en su pendón el castillo de oro sobre campo bermejo, aunque el castillo ya se plasmaba como símbolo heráldico en sellos reales y signos rodados desde 1178. Se piensa que el castillo de Uclés, en la actual provincia de Cuenca, inspiró la forma del símbolo heráldico de Castilla, como se aprecia en la miniatura del Tumbo Menor de Castilla, donde aparecen representados Alfonso VIII y su mujer Leonor en la entrega de dicho castillo a la Orden de Santiago.

A Fernando II de León le sucedió Alfonso IX, que convocó por primera vez a los representantes de las ciudades, junto a nobleza y clero, en el año 1188 en la ciudad de León. De esta manera surgieron las primeras Cortes de tipo parlamentario de Europa, que reconocieron algunos derechos como la inviolabilidad del domicilio y del correo, y la necesidad del rey de convocar Cortes para hacer la guerra o declarar la paz.

Resumiendo, creo que una vez más hay que estar orgullosos de la historia de nuestra tierra. Por último, recordar que los reinos de Castilla y León se unen definitivamente en el lejano año 1230 con Fernando III el Santo, no separándose nunca más.

Castellana de la eñe

 
Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe.
 
La doble ene que a Hispania
la mudó antes en Espanna,
y dio con ella en España
a esta tierra de Occitania.
 
La “vínea” de la que mana
la viña hoy castellana,
 
la mejor cepa que hermana
a esta tierra soberana
 
de la lengua castellana:
virgulilla, a mí paisana.
 
Y “Castella” si a “Castiella”
pasó primero a escribir,
hoy no puede prescindir,
lleva contigo su huella
 
que afirma  que es castellana
toda eñe con virgulilla
que proclamando a Castilla
de Castilla es escribana.
 
¡Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe!
Juan Pablo Mañueco
 

Viaje a las raíces de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Después de dos textos dedicados a la historia inicial de Castilla, sobre el nacimiento de Castilla y sobre Castilla, de condado a reino donde se han mencionado a Taranco de Mena y Valpuesta, propongo un viaje para conocer sobre el terreno estos lugares simbólicos de Castilla y aprovechar para visitar Frías, Oña y Medina de Pomar, en la comarca de Las Merindades.

Frías, al lado del río Ebro, conserva el típico entramado urbano medieval y se puede decir que tiene de todo, hasta el título de ciudad otorgado por el rey Juan II en el año 1435, para intercambiar la población con Peñafiel, que pertenecía entonces al Conde de Haro: casas colgadas, el castillo de los Velasco, la iglesia de San Vicente Mártir y de San Sebastián, la judería, una calzada romana y el famoso puente medieval de 143 metros de longitud, de orígen románico y con una torre defensiva del siglo XIV en su parte central. Las vistas desde Frías son espectaculares dado su estratégico emplazamiento.

Oña se encuentra muy cerca, donde el río Oca atraviesa los Montes Obarenes, y allí es obligado visitar el Monasterio de San Salvador, fundado en el año 1011 por el conde Sancho García, nieto del conde Fernán González. El Monasterio está compuesto de una serie de edificios de distintas épocas, como la iglesia construida entre finales del siglo XII y el siglo XV, y el claustro que data de los siglos XVI y XVII. Este monasterio sirvió de enterramiento a diversos personajes vinculados a los orígenes de Castilla, condes y reyes, -y por eso el Monasterio de San Salvador de Oña es Panteón Condal y Real-, ubicados en dos conjuntos sepulcrales colocados al lado del Evangelio y de la Epístola, descansando cada cuerpo en un arca de madera de nogal ricamente tallada y con incrustaciones en taracea, constituyendo una obra única en España que data de finales del siglo XV. Allí están enterrados los condes de Castilla Sancho García y García Sánchez, y el primer rey de Castilla, Sancho, asesinado en Zamora en el año 1072, cuya imagen encabeza esta entrada.

De Oña se puede ir hasta Valpuesta desviándose al este poco antes de llegar a San Pantaleón de Losa, pequeña aldea que cuenta con una espectacular ermita románica y gótica sobre un risco montañoso. Atravesando el parque natural de Valderejo en la comarca de Valdegovía, que fue de la Merindad de Castilla la Vieja hasta que en el mapa provincial de 1833 pasó a la provincia de Álava, se llega a la aldea de San Millán y a dos kilómetros está la de Valpuesta, ambas en el municipio burgalés de Berberana.

Valpuesta está considerada desde hace tiempo la cuna del castellano escrito. De ahí radica la importancia de ser visitada, además de conservar la Colegiata de Santa María, hoy simple parroquia, construida a partir de una ermita en el año 804, erigiéndose también en su caserío el Torreón de los Condestables.

Los estudios de filólogos y paleógrafos respecto de los cartularios de Santa María de Valpuesta han continuado durante estos años, con el respaldo de la Real Academia Española, y han dado como fruto la edición de “Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta”, que fueron presentados en la sede de la Academia en Madrid. Estas investigaciones vienen a confirmar que en los códices de Valpuesta se encuentran las palabras más antiguas escritas en romance castellano.

Fue antes un antiquísimo obispado ( cuyo territorio comprendía el norte de Burgos, la mitad oriental de Cantabria y las zonas occidentales de las actuales Vizcaya y Álava), la primera diócesis del oriente del reino de Asturias, del que formaba parte Castilla en el siglo IX, y funcionó como obispado desde el año 804 hasta el siglo XI. Siendo Valpuesta un centro neurálgico en la organización de la primitiva Castilla, tiene toda lógica que el romance castellano naciera en esta zona de primera expansión castellana y no en La Rioja, incorporada a Castilla más tarde en el año 1076.

Antes de ultimar este viaje hasta Taranco de Mena, conviene visitar Medina de Pomar, que cuenta también con su larga historia y un abundante patrimonio de casas blasonadas y de iglesias. Una de las ermitas está dedicada a San Millán, donde se ubica el Centro de Interpretación del Románico de Las Merindades. Pero el edificio más imponente, situado en el alto de la ciudad, es el castillo de los Velasco ( o alcázar de los Condestables de Castilla), que aloja el Museo Histórico de Las Merindades.

Desde Medina de Pomar y para llegar a Taranco, primero hay que ir en dirección al puerto de Los Tornos, y a la altura de Bercedo desviarse a la derecha hacia Villasana de Mena, ya en la vertiente cantábrica. En medio de un paisaje verde y frondoso se alza un sencillo monumento al nombre de Castilla, que hace referencia a que en el acta fundacional del monasterio de San Emeterio y San Celedonio en Taranco, construcción ya desaparecida, se hace mención por primera vez a Castilla en un documento cristiano de fecha 15 de septiembre del año 800. Investigadores como Gonzalo Martínez Díez tachan este documento de apócrifo, es decir, falso, creado en el siglo XII para justificar o crear títulos de propiedad en favor del monasterio de San Millán de la Cogolla, dado que dicho documento como otros se redactaban para justificar la agregación de monasterios lejanos al cenobio riojano que alcanzó un extenso dominio territorial. En todo caso, merece la pena acercarse hasta Taranco aunque sólo sea para disfrutar de un paisaje idílico y de la compañía del singular monumento, celebrándose todos los domingos más cercanos al 15 de septiembre una romería en conmemoración del nombre de Castilla alrededor de la ermita que ahora se levanta en el lugar del antiguo monasterio.

Reflexiones del escritor Juan Pablo Mañueco sobre Castilla y la Generación castellanista de los 80

España, Castilla, Mañueco y la Generación castellana de los 80

(Extracto de una entrevista mayor a Juan Pablo Mañueco, que aparecerá próximamente publicada. Las preguntas son las numeradas)

(Imagen de Don Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro Henchido de Castellanidad)

1. En tu libro “Cuarenta sonetos populares y cinco canciones diversas”, ¿por qué el empleo del soneto y además del soneto popular, para componer este libro?

Yo fui versolibrista en mis primeros libros como poeta. Era lo que entonces, años 70 y 80, se llevaba. La moda del momento, la vanguardia.

El realismo social de los años 50 y 60 y los “Novísimos” (éstos con mayor preocupación por la forma, hasta el punto de llamar “la generación de la berza” a los anteriores) habían establecido que lo moderno era el verso libre y todo lo demás, pasado.

De manera que en el verso libre me inicié en los 70. Después, ya a lo largo de los 80 fui dando entrada a la rima, preferentemente asonante, y a la medida, pero también en estrofas sencillas: romances, seguidillas, canciones y coplas populares.

En tales metros está compuesto mi primer libro serio de poesía “Romancero y Cancionero de la Alcarria” que obtuvo el Premio de Poesía “Provincia de Guadalajara”, 1981.

Más tarde, todavía en los 80, comencé a adentrarme en la poesía con rima consonante, como algunos de los componentes de la Generación castellana de los 80 preferíamos, frente al versolibrismo que seguía siendo el favorito de otros.

2. ¿Qué generación castellana de los 80 es esa?

Una serie de personas de diferentes ámbitos que nos juntamos a comienzos de los 80 con una misma preocupación: Castilla. Una Castilla que, pese a ser uno de los puntales necesarios de España, y a poseer una de las culturas más formidables y brillantes del planeta… de repente era negada por todos los políticos y ninguneada desde todos lados.

Hasta el punto de que se estaba volatilizando ante nuestros ojos sin que nadie lo hubiera pedido ni nadie explicara por qué se hacía. Simplemente el poder, desde arriba, había decido eliminarla, desustanciarla y trocearla, sin ningún motivo concreto ni deseo popular.

Repito, únicamente por decisión verticalista de la pirámide del poder, se estaba aventando a la tierra y la cultura más notable y marcada de España… Se eliminaba a Castilla de entre los pueblos existentes en España de un plumazo y sin explicaciones.

La Generación castellana de los 80: el quejido de Castilla durante la Transición

La Generación castellana de los 80 fue el quejido de Castilla ante lo que estaba ocurriendo y un intento de oponerse públicamente a lo que los oscuros mecanismos del poder estaban ejecutando.

Nosotros y debería decir más bien “ellos”, porque yo era el más joven de aquella generación…

Aunque, por diferentes razones, entre otras que por entonces yo dirigía una editorial de libros, especializada en estos temas, acabé presidiendo yo la entidad cultural en que cuajó todo aquello: “Amigos de las Castillas y León” y siendo el coordinador de las diferentes conferencias, actividades, textos, folletos y libros que se publicaron en la época.

Pues bien, nosotros, digo, enfrentamos razones y argumentos a los hechos consumados y a los intereses espurios e inconfesables que condujeron a la partición y a la aniquilación de Castilla, durante la Transición.

3. ¿Y qué personas componían aquella Generación?

La figura fundamental, la que nos aglutinó a todos, fue don Claudio Sánchez-Albornoz, académico, historiador y político, expresidente de la II República en el exilio, el cual, aunque se encontraba al final de su dilatada vida, viendo lo que estaba ocurriendo con su añorada Castilla, no cesaba de efectuar llamamientos a través de los medios de comunicación para que se respetara la identidad cultural de Castilla.

Pedía, con comunicados llenos de datos y de sabiduría, y entre fuertes dosis de emoción, una cosa bien sencilla: que se respetara a Castilla al mismo nivel que a cualquier otra parte de España.

¿No parece mucho pedir, no? Semeja ser algo tan sencillo que el poder político debería haberlo “comprendido” y otorgado, de suyo…

Pero el poder político no lo hizo. Y desde luego la mayor parte de nosotros consideremos que había fuerzas muy superiores que manejaban a su antojo a los poderes públicos para extinguir a Castilla, para quitarla de en medio, siguiendo una oscura “hoja de ruta” que no sabemos a quién beneficiaba. Pero que había deseo expreso de amordazar y aniquilar a Castilla.

¿A quién beneficiaba su extinción política?

Desde luego, no a Castilla ni a los castellanos. Ni tampoco al conjunto de España, según creímos entonces y lo seguimos creyendo siempre.

En concreto, Claudio Sánchez-Albornoz, a través de sus llamamientos, pedía que dentro de la España plural, se contara culturalmente con Castilla, lo cual es tan sencillo y evidente, que duele tener que seguirlo reclamando.

También pedía que se constituyera “una comunidad autónoma fuerte en una Castilla unida, desde el Mar Cantábrico hasta Sierra Morena”, como la mejor forma de defender los intereses de la propia Castilla y también de la propia España.

Una comunidad fuerte y unida en Castilla era lo más conveniente para garantizar el respeto a Castilla y también la soldadura adecuada de todas las Comunidades Autónomas peninsulares.

De otra forma, si el poder desunía a Castilla, esta tierra sería una mera piltrafa en manos de la periferia, pero también la propia España quedaría a merced de las comunidades más favorecidas y poderosas, que harían con ella, con España, igualmente lo que quisieran.

El deshuesamiento de Castilla y de España
4. Ciertamente, sus palabras han resultado proféticas de lo que ha ocurrido durante estos años.

Así es. Absolutamente, exactas. Se deshizo a Castilla, por interés de quien lo exigiera… que no del pueblo castellano.

Y las comunidades más privilegiadas y poderosas han hecho con España lo que les ha dado la gana.

Desde luego, a esa enorme porción de España que llamamos o llamábamos “Castilla” la han deshuesado completamente, hasta dejarla exhausta, como había predicho don Claudio que ocurriría, si no se constituía una Castilla fuerte y pujante…

Hasta tal extremo han deshuesado la España central, la España de Castilla -cosa que ya había comenzado a efectuar el Régimen de Franco, por otra parte, desde los pavorosos, para Castilla, años de la emigración de las deñcadas de los 50 ó 60-, que ahora, iniciado el siglo XXI, las comunidades pujantes y favorecidas pueden arrojar sus restos (los restos de la España central y fagocitada casi por entero) a la basura; como una cáscara despreciable, como un territorio al que le han absorbido toda su gente, su dinero, su tuétano y su vida…

Y ya no interesa sino para tirarlo fuera del convoy, por carente de valor: eso es lo que se sigue haciendo con Castilla desde la periferia, entre enormes insultos y dosis de incomprensión, por otra parte.

Uno de los casos de mayor crueldad con un territorio y unas gentes que cabe imaginar

España es un inmenso vacío interior… que ya no tiene ni voz para quejarse, frente a una periferia privilegiada y arrogante, que, sin embargo, no deja de exigir más y más, y de lamentarse si no lo recibe de inmediato.

Se iba a originar un país desquiciado, si no se respetaba a Castilla dentro de España y si todas las partes de España no actuaban con lealtad a España, al mismo tiempo… Lo había dicho muchas veces don Claudio, en el Congreso de los Diputados, durante la II República, y más tarde, durante su larguísimo exilio.

No se cumplieron las dos premisas requeridas por don Claudio, y el resultado ha sido el que él había predicho: una España desquiciada.

Componentes y actos de la Generación de los 80.

5. ¿Y si Claudio Sánchez-Albornoz fue el mentor o guía desde la distancia, qué otras personas integraron la Generación?

Personas muy distintas, de diferentes ámbitos y de desiguales edades. Ya digo que yo era el más joven de todos.

Sin embargo se juntó un plantel de intelectuales destacadísimos, que cumplen todos los requisitos para ser considerados una “Generación”, y mucho más claramente que otras…

Historiadores, sociólogos, economistas, escritores, periodistas, novelistas, poetas, folkloristas, políticos en activo o con ganas de serlo… Y esto último era ya una carga de dinamita que aquel grupo generacional llevaba dentro, para destruirlo al cabo del tiempo

Se formó un conjunto variopinto de personajes que realizaron asociaciones, impartieron conferencias, publicaron libros y folletos en común, trabaron una estrecha amistad a lo largo del tiempo…

El libro más significativo de aquella Generación fue “Castilla: manifiesto para su supervivencia. El lugar de Castilla en la España autonómica” (1984) donde Ramón Carnicer (leonés), Gonzalo Martínez Díez (burgalés, aunque vallisoletano de adopción), Demetrio Casado (segoviano), Ramiro Cercós (soriano) y yo mismo (madrileño/alcarreño) juntamos textos que se habían pronunciado a modo de conferencias, el verano anterior (1983), en el Centro Castellano-Leonés de Tarragona.

En una época en que “Castilla” aun comprendía a las dos Castillas, claro está, porque el oficialismo no había hecho saltar “Castilla” en pedacitos, que es lo que Castilla tiene que agradecer a todos y cada uno de los políticos que hicieron la Transición, sin excepciones

Los nombres de todos los componentes de la Generación, en concreto, me los reservo, porque me dejaría alguno…

Y además estoy escribiendo una novela que se llamará así: “La Generación castellana de los 80”, en donde vendrá la nómina completa y la vida, andanzas y peripecias de todos aquellos años, en donde íbamos de provincia en provincia (Madrid, Salamanca, Soria, Toledo, Valencia, Barcelona, Tarragona…), en un peregrinaje de difusión de la necesidad de que Castilla fuera vista y perdurara.

6. ¿Qué ocurrió con aquella Generación?

Se disolvió como ocurre con todas las generaciones. En realidad, todo y todos somos barcos que se cruzan en la noche y que al cruzarse hacen sonar sus sirenas y se saludan con sus luces, antes de volver a perderse en la inmensidad del océano de la vida.

Aquella Generación, unida, duró bastante, casi tres años de actos en común… Lo cual es mucho, comparándola con Generaciones que sólo se hicieron una foto en conjunto, o ni eso, sino que sólo han sido juntados por la crítica posteriormente, pero que nunca se llevaron bien entre ellos, y siempre negaron que existiera tal grupo.

7. ¿Y después?

Después el viento del poder siguió haciendo lo que siempre ha hecho… soplar y soplar en la dirección que quiere y hacer con los humanos lo que al viento le da la gana…

Es lo que ha ocurrido bajo cualquier sistema, con más o menos dificultades para lograr sus propósitos… Pero el viento del poder es el que siempre gana, verticalmente.

El poder es una pirámide, más o menos desde la época de los egipcios, y solamente varían los nombres y los rostros de quienes se sitúan encima de su cúspide y desde allí implantan su santa voluntad, y también varía un poco, muy poco, el método de ascenso hasta la cúspide.

Y el viento, desde arriba, había decidido que Castilla fuera barrida de en medio, de entre los pueblos existentes… El viento del poder sabrá por qué lo hizo y lo mantiene. Y quién le movía las aspas para que él actuase o agitaba los elementos atmosféricos contra la Castilla que a ese alguien le sobraba.

Nosotros simplemente lo expusimos entonces y yo lo expongo ahora. Para que el que quiera entender y ver, que vea y entienda lo que pasó y pasa. Y seguirá pasando hasta que el viento vertical sople en otra dirección, pero no sé hasta cuándo. No sé cuando cambiará de posición la veleta de la Historia.

Lo que sí digo es que en algún momento el viento del poder soplará de otro modo para Castilla. De eso estoy persuadido.

Castilla se sobrepondrá y terminará ganándole al viento que sopla desde arriba
8. ¿Crees, por tanto, que Castilla vencerá finalmente a ese poder que lleva soplando tanto tiempo contra ella?

Quizá, quizá… Es más, yo estoy convencido de ello. Hay cosas demasiado poderosas, incluso para el viento del poder –que en definitiva es una cosa manejada por los hombres-.

Castilla es una de ellas, formidablemente resistente, imperecedera, le hagan lo que le hagan, no podrán enterrarla… Respira.

El espíritu de Castilla, la cultura de Castilla, la impresionante cultura que ha sido capaz de alumbrar Castilla es de tal magnitud –una de las imprescindibles del planeta-, que los hombres que manejan las brisas y los vendavales, las ventiscas y los torbellinos a su antojo sólo pueden torcerla, desviarla de su camino un poco, pero no acabar con ella.

Castilla, a través de su descomunal cultura, sobrevivirá a los sistemas políticos: al franquismo (que la extenuó en lo demográfico y económico) y a la Transición española (que la aventó en lo político). Y seguirá existiendo ella cuando ya no quede ni resto de los pasajeros políticos y sistemas que atentaron contra su existencia.

9. Eso suena a muy cidiano (vencer después de muerto) o a Luis Vélez de Guevara (“Reinar después de morir”).

No es exacto. Castilla, en su cultura, no ha muerto. Ni puede hacerlo. No hay que resucitarla. Está viva y pujante, aunque no esté promocionada en los medios de comunicación ni por los poderes públicos como debiera…

Ahora bien, en todo los demás ámbitos, han hecho contra ella todo lo que han podido. Políticamente, han echado tierra sobre su existencia y han cubierto de sal su solar y su territorio.

El poder político sabrá por qué. Yo me lo imagino, pero también me reservo esa argumentación para la novela antecitada, que la identidad de ese autor o autores -bastante esmerado o muy metódicos, constantes y minuciosos- del “intento de asesinato de Castilla” quede de momento entre sombras, hasta que se resuelva su identidad en la novela, con precisión detectivesca e intriga de novela policiaca. ¿De acuerdo?