Martín Villa y los procesos autonómicos castellanos

Francisco Javier Sánchez

En una reciente entrevista realizada a Rodolfo Martín Villa por el diario digital León Noticias, el que fuera hombre fuerte del desaparecido partido de Adolfo Suárez -que se llamaba Unión de Centro Democrático (UCD)- ha realizado una serie de declaraciones que vienen muy bien para recordar los procesos autonómicos castellanos que condujeron a la creación de las actuales comunidades autónomas de Castilla y León, Cantabria, La Rioja, Madrid y Castilla-La Mancha, todo ello tras la entrada en vigor de la Constitución Española de 1978 y su Título VIII “ De la organización territorial del Estado”.

Martín Villa, nacido en Santa María del Páramo (León) en 1934, fue un hombre clave en la transición española. Tras ocupar varios cargos políticos y sindicales durante la dictadura de Francisco Franco, fue un político muy relevante de los gobiernos de Adolfo Suárez, llegando a ser vicepresidente del Gobierno.

En los tortuosos procesos autonómicos castellanos a Martín Villa se le considera decisivo en la inclusión de la provincia de León en la actual comunidad de Castilla y León, tras un proceso del que se descolgaron de Castilla la Vieja las antaño provincias de Santander y de Logroño. La provincia de Segovia se integró por una ley orgánica de 1983 en dicha comunidad. Por otro lado, la región histórica de Castilla la Nueva se dividió, por obra y gracia de los políticos del momento, en “Castilla-La Mancha” y en Madrid.

En la entrevista publicada el pasado 11 de enero, Martín Villa ha manifestado que “siempre pensé que había que crear una meseta fuerte frente a Cataluña, frente al nacionalismo catalán”, argumentando la creación de la comunidad de Castilla y León. Es curioso que a estas alturas se ponga como motivo de la creación de la comunidad de las nueve provincias el que fuera un contrapeso a Cataluña, cuando evidentemente dicho conjunto no tenía ni tiene peso para ello, habiendo ya nacido débil al no incluir a las actuales provincias de Cantabria y de La Rioja, que siempre formaron parte de Castilla la Vieja, con lo que todo el norte castellano lindante con Vascongadas y Navarra quedó fragmentado. Se dice que las comunidades uniprovinciales de Cantabria y de La Rioja se crearon en buena parte gracias al apoyo del PNV. Pero si se analiza lo de “meseta fuerte”, se olvida el ex-político leonés de que, aplicando unas nociones básicas de geografía peninsular, la meseta central se compone de dos submesetas y, por tanto, la submeseta sur castellana o Castilla la Nueva quedaba fuera de una completa Castilla y León, si se quiere dar un mínimo de dignidad a este nombre.

Los partidos políticos dominantes en los procesos autonómicos, con muy escasas alturas de miras, incurrieron también en el dislate de separar a Madrid de Castilla la Nueva, por la obsesión personal de su compañero de la UCD Antonio Fernández-Galiano Fernández de crear la región llamada “Castilla-La Mancha” para así ser el mandamás, como afirmó en su día el economista madrileño Ramón Tamames. Se dice que el inventor de tal nombre entrecomillado, que ignora la realidad de que La Mancha es una comarca natural de Castilla -como la Tierra de Campos-, fue el diputado ucedista Blas Camacho Calzada, que pasará a la posteridad como el autor del mayor confusionismo geográfico tontamente generado y que ha calado en algunos periodistas que, asumiendo la aberración, son capaces de referirse a las ciudades de Toledo, Guadalajara o Cuenca como “manchegas”.

Los políticos con responsabilidad en los procesos autonómicos que condujeron a la fragmentación de Castilla, ni siquieran meditaron sobre las consecuencias de sus decisiones, pues ya pensaban más en todos los cargos, poltronas y escaños parlamentarios que se derivaban de cinco comunidades autónomas. Algún día un historiador o un ensayista tendrá que relatar la triste historia de los procesos autonómicos castellanos y que alumbraron ese deformado mapa regional, del que considera Martín Villa que no se debiera tocar; el caso es no asumir los errores cometidos en el diseño autonómico ni a los ochenta años de edad.

Una Castilla y León unida en su totalidad, Castilla la Nueva, la Vieja y León, sí que habría fortalecido la concepción de España como nación constitucional unida y plural, dando el equilibrio necesario en la organización autonómica. Y por otro lado, la ciudadanía castellana alcanzaría el protagonismo político y económico que nos corresponde por territorio y población, al tiempo que tendríamos la fuerza suficiente para superar décadas de marginación económica y de emigración, pues no ha olvidarse de que no es que Madrid sea Castilla, es que es en buena parte su motor económico, al igual que Barcelona lo es respecto de Cataluña.

En estos tiempos de posible reforma territorial y constitucional, las Castillas y León, Castilla como se ha dicho durante siglos y siglos, no puede quedar al margen una vez más en este decisivo momento histórico, debiendo ser reconocida como parte fundamental de España.

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4 comentarios en “Martín Villa y los procesos autonómicos castellanos

  1. El desmembramiento de la Comarca de Utiel-Requena en 1851 de Cuenca, fue un gran problema para esta ciudad que perdería su zona más poblada y dinámica. Aunque el verdadero desastre de este expolio territorial lo estamos sufriendo ahora con la política impositiva de los nacionalistas.
    Me pregunto, ¿Qué vínculos tiene esta comarca castellana con los Países Catalanes?
    Obviamente ninguno.
    COMARCA DE REQUENA-UTIEL DE VUELTA A CASTILLA.

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