Viaje por Guadalajara, de Juan Pablo Mañueco

 En el Capítulo VII de esta obra, titulado “Monólogo del viajero ante el escudo de armas de Carlos V”, el escritor Juan Pablo Mañueco  trae a nuestros tiempos aquellos otros que vivió la Castilla del siglo XVI, una Castilla que empezó el año 1500 con fuerza y brillo y que finalizó la centuria con debilidad y luz apagada.
” El Viajero acepta la invitación de su amigo y comienza a recorrer nuevamente los dos pisos del palacio-convento de don Antonio y doña Brianda de Mendoza y, habiendo quedado ya a solas, prosigue con su monólogo interior, tras sentarse en un banco de piedra que queda cerca de un prodigio de lujo y demostración de poderío que allí mismo se halla, en el lateral norte del patio:
Es el monumental escudo en piedra, con el águila bicéfala de los Habsburgo, que el emperador Carlos V mandó colocar en la puerta principal de acceso a las murallas de Guadalajara, allá en el siglo XVI, como demostración de fuerza, después de haber vencido a esta rebelde ciudad comunera, y que, una vez demolida la muralla ciudadana, a fines del siglo XVIII, acabó recalando en este palacio. Contemplándolo, el Viajero inicia la siguiente reflexión interna:
“Por una cuestión económica –el excesivo afán de lucro de la Corona, a través de los impuestos- comenzó la Guerra de las Comunidades”, piensa el Viajero, “y con otra cuestión económica terminó aquella guerra: las costosas indemnizaciones que tuvieron que pagar a la Corona las ciudades y villas que se habían rebelado contra ella”.
“Castigo económico contra las ciudades del reino traidor, Castilla, no contra los otros reinos de España, que tardaron más de veinte años en sufragarse, y supusieron la primera de las ruinas para el reino, más tarde repetidas bajo el reinado de Felipe II, rey tan nefasto que llevó a Castilla a la bancarrota periódicamente a causa de su aciaga política militar europea”.
“¡Un Estado tan formidable y pujante como Castilla en el XVI declarándose en quiebra, cíclicamente, como una maldición sabida por todo el continente y también por Carlos V y Felipe II, pero sufrida por las espaldas del pueblo pechero castellano, sin que sus reyes habsburgueses hicieran nada por apartar su mano del cuello de un reino al que estaban estrangulando, sino apretar más y más hasta que sobrevino lo que tenía que suceder, inevitablemente!”
“¿Qué harían los Austrias con este potentísimo país que se encontraron en Castilla para conseguir derribarlo en unas cuantas décadas?”
“Pues enfrentarle en guerra, prácticamente a él solo, contra todo el mundo entonces conocido: contra Francia, contra Inglaterra, contra la mitad de Alemania, contra Holanda, contra Suecia, contra las ciudades de Italia, contra el formidable imperio otomano que amenazaba los dominios familiares de los Habsburgo, alrededor de Viena…”
“¡Y todo ello por intereses personales de los Habsburgo o por inconsistentes motivos de liturgia religiosa que a Castilla ni le iban ni le venían, pero que para los Austrias eran jugarse el destino de ellos mismos y de todos sus parientes centroeuropeos!”.
-Si los herejes del centro y norte de Europa quieren perderse e ir al infierno, que se pierdan y que vayan al infierno, Majestad –les decían, en cada reunión, las subyugadas y sujetas Cortes de Castilla-.
“A lo que, indefectiblemente el césar Carlos y el Prudente o Imprudente Felipe II -el Demonio del Sur, para sus enemigos europeos-, respondían”:
-En esto se hará, lo que más convenga a nuestro servicio.
“Al servicio de los Habsburgo, claro. Reyes absolutos en la reprimida y encadenada Castilla, que había perdido una Guerra contra ellos, y reyes “constitucionales” o relativos en los territorios de España que les habían apoyado y cuyos fueros y exenciones tributarias habían conseguido preservar frente a la voracidad recaudatoria, frente a la vorágine impositiva de los extranjeros Habsburgo”.
“Bien claro se lo dejó escrito el césar Carlos, en su testamento, a su hijo, el rey Felipe II”:
-Ante todo, cuida y vela por los intereses de Flandes, “nuestra patria”.
 
“Y bien se quejaba de ello, del maltrato que seguía recibiendo preferentemente Castilla, cincuenta años después, ya casi exhausta, uno de los cerebros más lúcidos de aquel Siglo de Oro – oro para las letras, pero también para las arcas reales- y de cualquier otro tiempo, Francisco de Quevedo y Villegas:
Mira, rey, que ya tenemos
el cordel a la garganta,
y que la opresión no es tanta
que aun quejarnos no podemos;
pero en tan grandes extremos
de extorsión que nos oprime,
lo que más el pueblo gime
es que te falte el querer
para usar de tu poder,
pues te robó una amistad
tu voluntad.
O cuando sigue diciendo en su “Padre Nuestro” rimado:
Tus armadas se aperciben
para salir a ruar,
y son caballos del mar
que con nuestro pienso viven.
Tus soldados no reciben
más de una paga librada
en el banco de la nado,
y para dar tales frutos,
se siembran tantos tributos
como en el mar y en la sierra,
así en la tierra.
Y le señala ya, para que lo vea con toda claridad, a una Monarquía que no quiso verlo, el despropósito de aquellos gastos militares improductivos y cargados sobre los hombros de uno sólo de sus reinos:
En Navarra y Aragón
no hay quien tribute ya un real;
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión;
sólo Castilla y León
y el noble reino andaluz
llevan a cuestas la cruz.
Católica majestad,
ten de nosotros piedad,
pues no te sirven los otros
así como nosotros.”
-¡Ya lo creo, ya lo creo que sirvieron a Flandes, su patria, y a sus intereses familiares, aquellos reyes extranjeros! –exclama el Viajero, en voz alta, pero luego vuelve a su monólogo interno-:
“Desde luego que velaron por su propio interés, Castilla se convirtió no sólo en exportadora de riquezas con que costear la guerras habsburguesas, de hombres para morir y dejarse la sangre en esas guerras absurdas, a ojos castellanos, sino que también vio cómo se arruinaba su manufactura textil, antaño poderosa, mientras Castilla fue independiente”
“Esas manufacturas de Segovia, Cuenca, Guadalajara, Palencia, Béjar, Zamora, Soria… decayeron para reducirse a país sometido, a colonia económica de la Casa de Austria, que debía exportar su enorme riqueza lanar, para que fuese transformada por los telares flamencos y borgoñones. Y después recomprada y devuelta a Castilla como producto ya elaborado, empobreciéndose aún más con la diferencia de precio”.
“Castilla, sola, pudo enfrentarse militarmente a todos esos países y vencerles durante décadas, y luego resistir en equilibrio contra todos ellos, durante otras tantas décadas”.
“Y mientras tanto, aún tenía fuerzas suficientes para ocuparse de sus propios asuntos, estos sí castellanos, provechosos y rentables, en América, en África, en Oceanía y en Asia, mientras sus barcos dominaban las rutas marítimas, ponían nombre a los océanos y circunnavegaban el globo terráqueo”.
“¡Esas empresas sí eran las propias de Castilla, las que hubieran hecho que hoy todo el planeta, cada continente, hablara en castellano como idioma internacional, además con poco coste económico y en sangre, debido al mayor avance técnico y organizativo que aportaba! ¡Nunca debió ser llevada al avispero europeo, donde si perdía, perdía, como al final sucedió, y si ganaba, no ganaba nada, sino que lo hacían los parientes de los Habsburgo!”.
“¡Qué inmenso país, qué pujante país se encontraron los Austrias victoriosos en la Guerra de las Comunidades, y qué pellejo vacío y estrujado, qué arruinada tierra y economía dejaron al iniciarse el siguiente siglo, el XVII!”
“Alguien debería tomar medidas con alguno de estos símbolos de su dominio, y no destruir ninguno de ellos porque ya pertenecen a la Historia y son muestras artísticas de excelente belleza y factura, pero…
…sí, pienso que en alguna ciudad, en algún museo, en algún acto, alguien debería poner boca abajo el retrato de estos prohombres de la Casa de Austria…
…y mostrarlos así para los restos, hasta el final de los tiempos, por lo que le hicieron a Castilla. Aparte de justo, sería un magnífico reclamo turístico para esa ciudad…
…“Lo que tenía que suceder ocurrió, sin remedio, ya a finales del XVI, el país que había iniciado el siglo como el más fuerte del mundo, era un vago espectro de sí mismo, con la industria quebrada, el comercio arruinado, los precios imprevisibles, la inflación disparando los precios exorbitantemente y las repentinas deflaciones haciendo que las materia primas, los géneros acumulados en el comercio, los productos manufacturados en las factorías, de repente, no valieran nada…”.
“Y los caminos, en consecuencia, llenos de mendigos… que no tenían otra salida que alistarse en las guerras de la Monarquía e ir a morir por los campos de Europa.”
…“El círculo vicioso perfecto, la tormenta soñada, la ciclogénesis destructora mejor diseñada, el tornado final, la vorágine nunca antes vista…”.
…”A Castilla no la venció nadie. La deshuesaron sus reyes-saqueadores y, ella, en consecuencia, ella misma después, se hundió estrepitosamente, pero sin ser derrotada por una potencia extranjera, sí por su propio poder político, tan anticastellano”.
“Y todavía la están aventando sus “propios” políticos, por llamarlos de alguna forma, todavía están aventando lo que queda de ella, ya en lo único que queda de ella, en el territorio, haciendo autonomías de opereta, para que olvide lo que un día fue y no le dejaron seguir siendo”.
“¿Podían hacer algún daño más los Austrias a Castilla, después de todo lo anteriormente descrito. Pues sí, lo consiguieron, aunque parezca mentira, elucubraron algo más contra ella…”
“Eso mismo que se ha venido haciendo con esta tierra en los últimos cuatro siglos –aventar y trocear su territorio-, ya fue una invención genial de los Habsburgo”.
“¿Vendieron pueblos de realengo de la Corona al mejor postor privado, al señor, noble, duque o marqués que quisiese aumentar el territorio de su marquesado o de su ducado para que se los quedase en señorío, las tierras y sus habitantes, claro, si se pagaba a la Corona por ello”.
“¡Vender Castilla y a los castellanos, pueblo a pueblo, villa a villa, aldea a aldea, a quien quisiera comprárselos!, para seguir costeando sus guerras estériles!”.
“Estirpe nefasta la de los Austrias, sobre todo los primeros, que se encontraron un país pleno de posibilidades y lo estrujaron hasta convertirlo en una cáscara vacía, en un pellejo sin vida, despoblado y destruido, hasta dejarlo tirado a un lado, en el suelo”.
“¡Y luego se quejan otros pueblos de España, que no tuvieron que padecer esta extorsión, de la “opresión castellana”, cuando, librados de los tentáculos de aquellos monarcas que rapiñaron sólo al país más fuerte y rico, aprovecharon ellos nuestra decadencia impuesta desde arriba, para crecer sobre nuestro hundimiento, y acabar siendo también ellos, los otros pueblos, las otras regiones indemnes de España, las que colonizaron económicamente a la devastada y ya sin pulso Castilla!”.
“Con vosotros, Carlos, el Borgoñón, y luego contigo ya inconteniblemente, Felipe, el de Habsburgo, se inicia la decadencia del que tomasteis como primer y más poderoso país del mundo, pero no sólo en lo económico, también en lo ideológico y en lo técnico”.
“Prohibido pensar, prohibido inventar, Contrarreforma, Represión, Inquisición. ¿Martillo de herejes? No, martillo de vuestros enemigos políticos, a costa del amordazamiento ideológico y técnico de Castilla. La vanguardia del mundo, cuando vosotros llegasteis, iba a empezar a separarse de las nuevas sendas europeas, a perder el paso…”
“En el cual paso perdido aún seguimos, mientras no se levante esta inmensa desolación central en que vosotros dejasteis convertida las tierras arruinadas y estrujadas del Duero y del Tajo, y paso perdido en el que también seguiremos mientras no se os ponga en el lugar que os merecéis, flamencos que defendíais vuestra patria y familia, esquilmando y amordazando al país que el azar había puesto en vuestras manos”.
“Y además la humillación de tener que colocar y costear este gigantesco escudo con las armas del Emperador habsburgués, extranjero, y más ansioso de dinero aun que todos los restantes consejeros, nobles, obispos y cardenales, como el de Utrecht, que se había traído consigo”.
“Parece que le estoy oyendo”.
El Viajero se levanta y pasea ante el escudo del Emperador, con ademanes cortesanos, en voz baja para no ser oído por los operarios que siguen trabajando a las puertas del Instituto, declama con voz engolada:
-¡Venga! ¡Os vencí y por el sagrado derecho de conquista os ordeno!: Levantad un monumental escudo con mis armas y ponedlo en la principal puerta de la ciudad, para que no quede duda de quién ha vencido!
Y sabedlo bien para que os quede claro de ahora en adelante. Con el dinero que extraigo de Castilla me costearé para mí el cargo de Emperador de Alemania, comprando cuantos votos de los príncipes electores me hagan falta, y para mi amigo Adriano, el cargo de Papa de Roma, traficando también con tantos votos cardenalicios como pueda mercar con las arcas repletas de Castilla.
¡Salve, césar Carlos! ¡Salve, Adriano VI, Santo Padre, Pontífice Máximo entre el hombre vulgar que paga nuestros gastos y el también amordazado Espíritu Santo! ¡El Señor de la Guerra y el Señor de los Cielos sujetos bajo el dueño del escudo del Águila Bicéfala, que efectivamente mira hacia ambos lados, y no deja nada sin depredar!”.
“ Dinero y poder, y ausencia de escrúpulos, siempre unidos”.
“¿Los representantes de Dios, mientras tanto? Bendiciendo y bendiciendo, como siempre, al triunfador, que les cubre de donativos a cambio de sus bendiciones, sus ceremonias y sus preces”.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s