Toledo, Ciudad Comunera también para el turismo

Francisco Javier Sánchez

A cualquiera que visite la ciudad de Toledo le sorprende que en la Plaza de Padilla no exista ninguna referencia a que allí se encontraba la casa de Juan de Padilla, Capitán General del Ejército Comunero, y de su esposa María Pacheco. En otra ciudad o pueblo de cualquier parte de España, que contara con personajes relevantes en la historia, ya habría alguna inscripción que los recordara, y así habría de ser en Toledo con figuras tan principales como María Pacheco y Juan de Padilla, que fue regidor de la ciudad e icono de la Revolución de las Comunidades de Castilla, considerada como precursora de las revoluciones modernas. En marzo del año 2015, por fin, se levantó una estatua a Juan de Padilla en la plaza que lleva su nombre, tras siglos en los que el Ayuntamiento de Toledo ha sido desdeñoso con un héroe de la historia que defendió con las armas la Ley Perpetua de Castilla del año 1520, que no quiso acatar el rey Carlos.

Toledo fue la primera ciudad castellana que se sublevó contra la política antinacional de Carlos de Gante, hijo de la reina Juana de Castilla y usurpador del título de su madre, y la que más resistió como ciudad comunera tras la batalla de Villalar. Fue la ciudad que lideró el movimiento comunero. Sin embargo, se la conoce turísticamente como la ciudad imperial. Curiosamente, la inquina que tuvo el Emperador Carlos V con Toledo, principal ciudad que puso en peligro el estreno de una dinastía que desangró a Castilla durante dos siglos, llegó al extremo de mandar demoler la casa de los Padilla y Pacheco, sembrar de sal todo su solar, y colocar águilas bicéfalas de los Austrias en los escudos de la ciudad, que son los de Castilla. También mandó derruir la torre principal del antiguo alcázar de los reyes castellanos.

En contraste, Juan Bravo cuenta desde el año 1921 con una estatua en Segovia, y en la fachada de un edificio de la villa de Atienza figura la siguiente dedicatoria en unos sencillos azulejos: en esta casa nació el heróico comunero Juan Bravo Capitán General de Segovia que dió su vida por “celoso del bien público y defensor de la libertad del reino”. Dedicatoria que resume muy bien el ideal de los denostados comuneros. Es lo mínimo.

También Toledo debería de acoger un Centro de Interpretación del Movimiento Comunero, que sería complementario del existente en el castillo de Torrelobatón, importante población histórica de Castilla la Vieja y León con protagonismo en la Guerra de las Comunidades. Es hora de que el Ayuntamiento toledano y la Junta que precisamente lleva el nombre de Comunidades, aunque es dudoso que sus responsables sepan de dónde procede tal denominación, establezcan unos proyectos al respecto para llevarlos a cabo a la mayor brevedad posible, pues no queda nada para el V Centenario de la revolución comunera ( 1519-1522).

Mientras tanto, cada vez más castellanos acuden a Toledo cada año en el primer fin de semana de febrero en el que se cumple el aniversario de la caída de la ciudad ante el asedio de las tropas de Carlos de Gante. Las plazas de Zocodover y de Padilla son el escenario para brindar un homenaje a los comuneros, pedir dignidad para Castilla y denunciar su fragmentación autonómica. No parece que sea pedir mucho.

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