Iniciación a la numismática castellana

Francisco Javier Sánchez

Es prácticamente imposible resumir en una entrada un tema tan extenso como es el de la numismática, aunque se pretenda realizar una introducción referida específicamente a la moneda castellana.

La numismática está considerada una ciencia auxiliar de la historia, empezando el hombre a usar objetos premonetales y propiamente monedas desde el mismo momento en que abandona la práctica del trueque o intercambio de bienes. Las primeras monedas se acuñaron en la antigua Grecia, siendo Lidia en el siglo VII a. C. la ciudad de la península de la Anatolia donde de una forma sistemática se fabricaron. Pero pronto se descubrió que las monedas también servían como objeto de propaganda, para conmemorar batallas o para anunciar la finalización de un gran edificio. Y también acumulando monedas apareció la manera de crear un capital con un valor inalterable y fácilmente manejable entre una amplia comunidad humana.

Hoy en día se suele hablar de la numismática como la afición de coleccionar monedas y también billetes, sean de la época que sean, aunque evidentemente los billetes son más modernos. A los coleccionistas de monedas en general les suele gustar la historia y el arte, pero no siempre van unidas, pues de hecho el coleccionismo de monedas también puede ir encaminado a una forma de inversión. Hay muchos tipos de coleccionistas y de colecciones de monedas, que dependen de las posibilidades económicas de gasto de cada uno, de una determinada parte de la historia del mundo o de su país con la que se sienten más identificados o de la que entienden más, o de las perspectivas de futuro para vender todas o parte de las monedas y obtener una ganancia.

A la hora de forjar una colección de monedas conviene primero adquirir libros y catálogos sobre el tipo o la época de las monedas que pretendemos adquirir, pues son la guía imprescindible para no perdernos entre la enorme variedad de monedas que se han acuñado a lo largo de la historia. Es decir, primero hay que conocer las monedas antes de tenerlas en nuestras manos. Y después, sobre ese conocimiento que se va teniendo a lo largo de los años, estudiar las maneras de adquirir las primeras monedas, que por sentido común han de ser inicialmente las más corrientes. Las formas de conseguir monedas para la colección pueden ser ser muy variadas, y a veces una colección se inicia con monedas regaladas por familiares y amigos, pero las más frecuentes son las siguientes: en mercadillos numismáticos que se reunen los domingos en las plazas de las ciudades; en comercios del sector numismático; en subastas públicas que organizan algunas casas y que normalmente no requieren estar presentes sino que se organizan por correo, o sea, remitiendo la orden de pedido y la puja; mediante el cambio de monedas con otros aficionados…, y hasta por internet.

Y como consecuencia de todo ello, es fundamental conservar las monedas de la colección en un lugar adecuado, colocándolas en álbumes y en bandejas específicas para ello, y teniendo a nuestra disposición un mínimo material para la observación y manipulación de las monedas, como tapetes de fieltro, lupas, pinzas, balanzas de precisión, sobres de papel o de plástico…

En España las monedas que más frecuentemente se coleccionan son las posteriores a la reina Isabel II, cuando la peseta se instauró como la moneda oficial en octubre de 1868, aunque ya se acuñaron monedas con la inscripción peseta en 1808 en Barcelona. Estas monedas son las del Centenario de la Peseta, abarcando las emitidas desde el Gobierno Provisional tras la abdicación de Isabel II hasta las últimas pesetas de Juan Carlos I en el año 2001. Pero también hay coleccionistas de monedas ibéricas, romanas, griegas, bizantinas, hispanomusulmanas, medievales castellanas, aragonesas, navarras y portuguesas, abarcando todas las épocas de la historia y antiguos reinos. Y, por supuesto, hay personas que coleccionan monedas de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, de los reyes de la Casa de Austria y de los Borbones hasta Isabel II. También hay coleccionistas de monedas extranjeras como los de tipo duro de plata o de moneda de oro que cotiza prácticamente por su valor en metal.

¿A qué se podría llamar numismática castellana?. Evidentemente, monedas castellanas son todas las que se han acuñado a lo largo de la historia en cualquier lugar de Castilla, aunque más usualmente se habla de moneda castellana a la asociada a los sistemas monetarios que tuvo la Corona de Castilla durante la Edad Media y la Edad Moderna. Es decir, tan moneda castellana era la dobla de la banda de Juan II acuñada en el siglo XV en Sevilla, como la acuñada en Burgos o en La Coruña. Y tan moneda castellana es la de Real de a Ocho ( u ocho reales) acuñada a nombre de los Reyes Católicos en Toledo, como los Reales de a Ocho que se acuñaron a nombre de los reyes de la Casa de Austria en Segovia, México o Potosí, o como los llamados columnarios acuñados en cecas americanas durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III con el escudo de Castilla y León en el anverso y las columnas de hércules y los dos mundos en el reverso.

No siempre cuánto más antigua sea una moneda más cara va a ser comprarla. Hay monedas medievales castellanas muy baratas porque se fabricaron millones, aunque se acuñaran a martillo y una por una. Por ejemplo, las llamadas blancas, dineros, cornados y maravedís, de metal de cobre o de vellón ( aleación de cobre y plata), según su reinado, ciudad de acuñación y estado de conservación, se pueden adquirir a partir der seis o de doce euros. Por tanto, las posibilidades para formar una colección de monedas castellanas, de la época, reinado y tipología que se pretenda, son muchas. Y empezando por las monedas menudas y la calderilla de la edad media, se puede continuar con los reales y los medios reales de plata medievales, aunque entonces habrá que desembolsar una media de cien euros por pieza, como mínimo en una conservación digna. Otro nivel superior sería la moneda medieval de oro de Castilla y León, en la que los maestros acuñadores reflejaban con más detalle en cada moneda el arte románico y posteriormente el arte gótico. La moneda medieval castellana de oro más fácil de adquirir es la dobla de la banda de Juan II acuñada en Sevilla, cuya imagen de reverso ilustra esta entrada y que pertenece a la colección de un amigo.

Este texto sólo ha querido ser una pequeña introducción al fascinante mundo de la numismática, en este caso de la castellana, y animar a conocer un poco más toda la inmensa variedad de monedas que se acuñaron en la Corona de Castilla, alcanzando nuestras monedas de plata de ocho reales o duros en la Edad Moderna prestigio internacional, hasta el punto de ser la divisa mundial hasta mediados del siglo XIX, como hoy lo puede ser el dólar norteamericano.

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