Celebrar el Día de Castilla todos los días y en cualquier lugar, además del 23 de abril

Francisco Javier Sánchez

Queda muy poco para el día 23 de abril, erigido por los políticos de la difuminada Castilla en la fiesta oficial de sólo una comunidad autónoma, la de las nueve provincias, cuando todo el mundo sabe que Castilla se extiende mucho más allá de las dos submesetas que une la Cordillera Central.

De hecho, la revolución de las Comunidades de Castilla se inició y concluyó en la castellanísima ciudad de Toledo (1519-1522), compendio de todas las culturas y Ciudad Comunera por excelencia. Aunque ahora a Toledo se la conozca turísticamente como la ciudad imperial, después de que la inquina de Carlos V demoliera la casa de Juan de Padilla y de María Pacheco y mandara colocar su escudo con el águila bicéfala extranjera por todas las partes de la ciudad.

El día 23 de abril de 1521 tuvo lugar la Batalla de Villalar. Allí se decidió en buena parte el destino de la primera revolución moderna que se desarrolló en Europa, donde clarísimamente era el reino el que mandaba al rey a que acatara lo ordenado y dispuesto por las Comunidades. Y el reino, sin nadie más -sin el rey-, estaba encarnado por las Cortes y la Junta General del Reino que redactaron en Ávila la llamada Ley Perpetua, que “responde a lo que esencial y etimológicamente significa una Constitución, palabra cuya raíz se halla en el verbo latino constituere, “establecer definitivamente”, en cuanto norma fundamental del Estado que determina completamente el ordenamiento jurídico-político, elaborada y aprobada por una asamblea con poderes extraordinarios con expreso deseo de permanecer indefinidamente, definitivamente en el tiempo.” ( Ramón Peralta en su obra “La Ley Perpetua de la Junta de Ávila (1520). Fundamentos de la democracia castellana” ).

Como dice Ramón Peralta, doctor en Derecho Constitucional y Filosofía Política y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid: “La primera revolución constitucional europea sólo podía suceder en el pueblo políticamente más avanzado del continente caracterizado por un peculiar ánimo democrático: el pueblo castellano pretendía establecer formalmente la primera monarquía constitucional, esto es, delimitada objetivamente por una Ley Fundamental obra de unas Cortes Extraordinarias que recogieran su Constitución interna.”

Esto es por lo que luchaban los comuneros: por establecer la primera monarquía constitucional y democrática, delimitada objetivamente por la llamada Ley Perpetua, que regulaba la soberanía, el gobierno y la administración pública, el parlamento sin el rey, la independencia de la justicia, la libertad de los ciudadanos, el derecho de nacionalidad, la protección de los indios, el fomento de la economía, la hacienda pública, la moneda…, y que resulta ser el primer precedente constitucional hispánico, europeo y mundial.

Aunque a estas alturas todavía se siguen desconociendo las aspiraciones de los comuneros, y el 23 de abril sólo acertemos a recordar los nombres de los tres principales Capitanes, Padilla, Bravo y Maldonado, que fueron decapitados al día siguiente de la batalla…, pero sin saber por lo que dieron sus vidas.

Por ello propongo que no sólo el 23 de abril sea el Día de Castilla, y no sólo oficialmente en una de las comunidades autónomas en las que está desmembrada Castilla. Propongo que celebremos todos los días Castilla en todas partes, que estemos orgullosos de ser castellanos, que tengamos presente que Castilla es incompatible con el absolutismo, el despotismo y la intolerancia porque precisamente Castilla puso los fundamentos de la democracia más avanzada en su tiempo.

Sería muy interesante una lectura pública de la Ley Perpetua de Castilla en las ciudades de Ávila y de Tordesillas, lugares donde sucesivamente fue redactada y proclamada, pero también en todas las partes de Castilla pues iba a ser la ley fundamental de todo el reino. De esta manera nos enteraríamos todos de las grandes ideas democráticas y de lucha contra la corrupción que todavía no han sido capaces de descubrir los políticos de hoy en día.

Volviendo a los tiempos actuales, ni una sola institución autonómica de las regiones en que se encuentra disuelta Castilla, convertidas sus regiones -eso sí- en los grandes pesebres de los que vive la “casta política” y de los que quieren vivir los que dicen que no son casta, ha sido capaz de revitalizar una mínima cooperación regional. Por no recordar que no se les pasa por la cabeza la necesaria unidad de Castilla, necesaria al menos para sus ciudadanos. Los que antes eran alcaldes se presentan ahora en las elecciones a presidente de comunidad autónoma, o viceversa, que da igual. Los políticos de Castilla, si es que los hubiera pensando algo en Castilla, se han olvidado de aquel órgano de colaboración permanente que crearon hace años, el Consejo de las Comunidades Castellanas, impulsado por los entonces presidentes regionales Juan José Lucas, Alberto Ruíz-Gallardón y José Bono. ¿Por cuántos más pesebres han ido pasando estos señores hasta ahora?. ¿Se han acordado en algún momento de los ciudadanos castellanos a los que se supone servían, de servir, de servicio público?.

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