A Castilla la hicieron España y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo

Francisco Javier Sánchez

Castilla tuvo un gran historiador y político que se llamaba Claudio Sánchez-Albornoz. Fue doctor y catedrático en Historia, diputado por Ávila, rector de Universidad, ministro, embajador, presidente del Gobierno republicano en el exilio…, pero ante todo fue un castellano comprometido con su tierra aunque estuviera viviendo muy lejos de ella. Escribió lo siguiente en su magna obra “España, un enigma histórico”: “ Castilla no se ha impuesto a España, se ha sacrificado por ella. En las Constituyentes de 1931, enfrenté la injusta frase orteguiana: “Castilla hizo a España y la deshizo” y acuñé esta otra, absolutamente exacta: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla ( y la sigue deshaciendo, también dijo)”. Y tuve el placer de que Ortega y Unamuno aceptaran tal definición”.

Me voy a permitir mejorar la primera parte de la famosa frase de Claudio Sánchez-Albornoz, sin menoscabo alguno de la gran autoridad que emana de sus profundísimos estudios, y que ya he adelantado con el propio título de esta entrada. En largo sería: “A Castilla la hizo España una guerra ganada por Fernando de Aragón y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo”.

Esta mejora que me atrevo a realizar tiene su base en lo que nos cuenta la misma Historia en general y el propio Sánchez-Albornoz en su citada obra al afirmar que Castilla no se impuso a España sino que se sacrificó por ella, es decir, que a Castilla la hicieron España pues nadie se sacrifica por propia voluntad. El ideario castellano de Don Claudio Sánchez-Albornoz se expuso en esta entrada.

Muerto en extrañas circunstancias ( ¿envenenado?) el rey Enrique IV de Castilla en el año 1474, se desató la llamada Guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de Juana de Trastámara y de Isabel de Trastámara, respectivamente hija y hermanastra del difunto rey, con el apoyo en el primer caso de Portugal y en el segundo de Aragón. Es decir que España podía haber resultado de la unión de Castilla y Portugal, posibilidad finalmente derrotada por la intervención militar de Fernando de Aragón, que vino previamente a Castilla a escondidas para casarse en el año 1469 con una fugitiva Isabel en contra de la opinión en vida de Enrique IV, rey que alentaba la unión luso-castellana.

Cabe recordar que España siempre había comprendido cultural y geográficamente toda la Península Ibérica, y que tanto Portugal como Castilla nacieron como condados al abrigo del reino de León.

En la unión dinástica de Aragón y Castilla estaba vitalmente interesada la primera corona, a punto de sucumbir ante una potente Francia que había sido hasta entonces la tradicional aliada de Castilla durante la Baja Edad Media. Castilla de repente tuvo que adoptar en política internacional los intereses de Aragón: conflictos bélicos con Francia durante dos siglos; mantenimiento y defensa con hombres, dinero y medios materiales de las posesiones de Aragón en el Mediterráneo; y la peculiar política matrimonial llevada a cabo para con sus hijos por los Reyes Católicos, obsesionados en rodear a Francia. Matrimonios y fallecimientos varios que abocaron a la extinción de la Casa Real de Castilla y al advenimiento de la nefasta Casa de Austria, durante un tiempo breve con Felipe el Hermoso ( rey de Castilla y no de Aragón, donde continuaba Fernando) y definitivamente instalada con Carlos de Gante, rey de Castilla usurpando el trono a su madre Juana, y rey de Aragón por la muerte de Fernando el Católico sin haber dejado descendencia tras el matrimonio con Germana de Foix ( si hubiera sobrevivido un heredero aragonés, niño que falleció a los pocos días, las coronas de Aragón y Castilla se hubieran separado). Se empezaba a deshacer Castilla y no se respetaba ni el testamento de Isabel la Católica.

Reproduzco, llegando a este momento histórico, este párrafo de la obra de Sánchez-Albornoz “España, un enigma histórico”: “…Malogróse ésta ( la inmejorable coyuntura económica y demográfica de Castilla en los albores del siglo XVI) por una serie de azares históricos. El que más desdichadamente incidió en el curso de la historia de España fue la casual herencia de Carlos de Austria de los reinos españoles y la incorporación de los mismos al gran conjunto de estados que hubo de regir el nieto de los Reyes Católicos. Esta calamidad nacional, históricamente imprevisible y que el juego de fuerzas de la vida española hacía insospechable, agostó en flor el despliegue del potencial económico hispano, avanzado ya en el siglo XV, y la creciente reactivación industrial, comercial y bancaria de Castilla.”

De calamidad nacional califica el historiador Claudio Sánchez-Albornoz la entronización de la Casa de los Habsburgo en Castilla, y no es para menos tras los dos siglos en los que esa dinastía tuvo a Castilla como el soporte que con su Hacienda y sus Ejércitos sustentaba los gastos desorbitados y los intereses patrimoniales y familiares de los Austrias por toda Europa. Tras la derrota de los comuneros y destrozado su proyecto constitucional encarnado en la Ley Perpetua redactada por la Junta reunida en Ávila durante el verano del año 1520 ( Véase la entrada “La Ley Perpetua del Reino de Castilla” ), Castilla se vió obligada a financiar el título de Emperador a Carlos, con lo que le proporcionó dos Imperios, el americano y el alemán; si en el siglo XVI las clases productivas de Castilla pagaban cinco veces y media más que las de Aragón, en el siglo XVII pagaba ya 8,38 veces más, conforme a los estudios de Carande en “Carlos V y sus banqueros” y de Antonio Domínguez Ortíz en “Política y Hacienda de Felipe IV”. Francisco de Quevedo lo expresaba en esos versos que dicen: “En Navarra y Aragón no hay quien tribute ya un real, Cataluña y Portugal son de la misma opinión.” Castilla languideció hasta extremos desconocidos en lo económico y sus antes prósperas y populosas villas y ciudades se vinieron abajo; Castilla se deshacía a marchas forzadas.

Finalizada la Guerra de Sucesión Española entre Austrias y Borbones, Castilla tuvo que ceder Gibraltar a Inglaterra. La presión fiscal en Castilla durante el reinado de Felipe V redujo la diferencia con Aragón, de modo que mientras un castellano pagaba 29 reales y medio al Tesoro, un aragonés pagaba 11 reales y medio. ¡De qué manera podía levantar la cabeza Castilla!. Castilla arrastra un grave empobrecimiento de la época de los Austrias y no está en condiciones de subirse al tren de la prosperidad económica iniciado en el siglo XVIII. Castilla sigue deshaciéndose.

A pesar de que la historia más reciente es conocida por todos, todavía se sorprenden algunos de que las provincias de Burgos, Palencia, Segovia, Ávila, Soria, Guadalajara y Zamora tuvieran más población en el año 1900 que en el año 1981, teniendo en cuenta que España en el año 1900 contaba con sólo 18 millones de habitantes, superando en aquel año en población Salamanca a Vizcaya, o Guadalajara a Guipúzcoa. Castilla se sigue deshaciendo en lo económico y en lo demográfico y, por tanto, en lo cultural.

Y tras la despoblación en términos absolutos de la mayoría de las provincias de Castilla acontecida durante el franquismo, fruto de su marginación económica, a Castilla se le impuso la marginación política con su disolución en varias comunidades autónomas ( Sobre los procesos autonómicos en Castilla, véase esta entrada). Castilla sigue deshaciéndose por ahora, también en lo político, no se sabe hasta cuándo, en aras de lo que se ha dado en llamar interés general de España. Sobre el interés general de España, escribió certeramente en su blog Pedro de Hoyos.

Por lo tanto, hay que concluir: “A Castilla la hicieron España, y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo”. Para acabar con el proceso destructivo que resume la segunda parte de la anterior frase, que ya pronunció el Maestro Don Claudio Sánchez -Albornoz en las Cortes en el año 1931, sólo cabe que Castilla sea reconocida como una unidad en lo institucional y en lo político para dar el verdadero sentido a una España unida y diversa, sin olvidar el reforzamiento de los lazos con Portugal. No es mucho trabajo para la reforma de la Constitución que se avecina cada vez más cerca.

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