El nacimiento de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Resulta un poco complicado resumir cómo nació Castilla, una entidad totalmente novedosa en la Historia pero que surgió con fuerza. Tras la invasión musulmana de la España visigoda a principios del siglo VIII, la mayoría de los godos que vivían en las dos mesetas, campesinos y ganaderos, junto con la clase dirigente de Toledo, se refugiaron al norte de la Cordillera Cantábrica; los primeros -la masa popular- preferentemente en la antigua Cantabria y los segundos -la corte toledana y los restos de su ejército- en tierras de Oviedo. De esa mezcla con la población nativa y con los hispano-romanos surgió el reino de Asturias, que llegó a abarcar prácticamente todo el norte peninsular, desde Galicia hasta Álava. Desde un principio el reino de Asturias, al igual que los demás reinos y condados cristianos que fueron apareciendo en los Pirineos, se sentía heredero de la tradición visigótica, aunque sobretodo fue la corte asturiana la que basaba su legitimidad en Toledo, la capital de la España visigoda.

Dentro del llamado reino de Asturias destacó pronto la vitalidad humana de la antigua Cantabria, que empezó a llamarse la tierra de los castillos desde el mismo siglo VIII, por las numerosas atalayas y fortalezas que tuvieron que levantar para defenderse de las acometidas musulmanas que llegaban a través del valle del Ebro. Menéndez Pidal afirma que “entonces empieza a sonar en la historia el nombre de Castilla, los castillos, aplicado a esta pequeña y combatida frontera oriental del reino asturiano”. El Poema de Fernán González, escrito en el siglo XIII por un poeta anónimo pero muy orgulloso de la génesis de Castilla, hace referencia a esta Castilla limitada a un reducto montañoso:

“Era Castiella Vieja un puerto bien cerrado,

non había mas entrada de un solo forado;

tovieron castellanos el puerto bien guardado,

por que de toda España ese hobo fincado”

Los árabes ya la llamaban Al-Quilé ( los castillos) en crónica del año 792 al tratar la expedición de Hissem I. En documentos cristianos aparece “Castilla” en el año 800 con ocasión de la fundación del monasterio de San Emeterio y San Celedonio en Taranco de Mena (en las Merindades de Burgos), donde se levanta un sencillo monumento al nombre de Castilla en mitad de un precioso paisaje de ensueño. El autor del Poema de Fernán González viene a recordar expresamente a La Montaña, hoy provincia de Cantabria, en unas estrofas que son todo un canto a los orígenes de Castilla:

“Sobre todas las tierras mejor es la Montanna,

de vacas e ovejas non ha tierra tamanna,

tantos ha y de puercos que es fiera fazanna,

sirvense muchas tierras de las cosas de Espanna”

Enseguida los primitivos castellanos, es decir, los montañeses, se desplazaron al sur de la Cordillera Cantábrica, fundando Brañosera, cuya imagen boscosa encabeza este texto, siendo su carta de población otorgada por el conde Múnio Núñez en el año 824 el fuero más antiguo de España. En el año 860 reconquistaron al mando del conde Rodrigo la mítica Peña de Amaya, que era uno de los principales asentamientos de los antiguos cántabros, volviendo pues a retomar este bastión que fuera de sus abuelos. Desde la alta meseta de Amaya se seguía avanzando hacia el sur y en el año 884 repoblaron Burgos con el conde Diego Rodríguez Porcelos, que será conocida más tarde como cabeza de Castilla.

Ya en aquellos tiempos Castilla comprendía un territorio un poco más amplio que el reducto montañoso, pero no dejaba de ser un pequeño rincón en estrofas del poeta que cantó a Fernán González, el primer conde que unificó los condados de Castilla en un gran condado más adelante, en el año 932:

“Era Castiella entonces un pequeño rincón,

era de castellanos montes de Oca mojón,

y de otra parte Fitero el hondón;

Carazo era de moros en aquella sazón.”

Conviene destacar que Castilla estaba dividida hasta entonces en varios condados, Castilla Vieja, Cerezo-Lantarón, Lara, Burgos, Campoo y Álava, siendo sus condes dependientes del reino de Asturias, más tarde llamado de León cuando el rey Ordoño II ( años 914-924) fija la capital del reino en León. Los diversos condados que surgieron en la primera Castilla vienen reflejados muy bien en la obra “Historia de Castilla, de Atapuerca a Fuensaldaña”, dirigida por Juan José García González y editada por “La esfera de los libros”.

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