El falso color morado como de Castilla o de los comuneros

Francisco Javier Sánchez

No me gusta hablar de política, aunque a veces es inevitable. Este blog tiene por objeto divulgar cosas básicas que sobre Castilla cualquiera debiera conocer, sea castellano o no, en el ámbito de la cultura en general y de la historia, al mismo tiempo que fomentar y poner en alza los grandes valores de Castilla, su universalidad y su tolerancia.

Mucho se ha escrito y se ha explicado sobre el error de considerar al color morado como identificativo de Castilla o de los comuneros. Y parece que no fuera suficiente.

Lo digo porque todavía ciertas formaciones políticas minoritarias que se definen como castellanistas, siguen usando entre sus símbolos falsos pendones morados. Lo justifican porque ellos consideran que el color morado es el del castellanismo político, sin aportar ninguna explicación razonable ni seria, porque no la hay. Tal vez por eso son organizaciones minoritarias, porque si ya de base nacen con concepciones erróneas, mal se puede continuar reivindicando  la defensa de los intereses generales de Castilla.

Parece que poco les interesara conocer la propia heráldica y la vexilología de Castilla. En cuanto a la heráldica, jamás se ha visto en ninguna parte un escudo sobre fondo morado, porque el color morado no existe en la heráldica, entre otras cosas. Ya desde tiempos del rey Alfonso VIII el castillo de oro se pintaba sobre color heráldico gules (rojo) y así continuó con el emblema heráldico definitivo del cuartelado en cruz de castillos y leones creado con gran éxito por el rey Fernando III, San Fernando, tanto para simbolizar la unión total como para mostar la cruz del Cristianismo.

De la heráldica los colores pasaron a las banderas. Sobre la bandera de Castilla ya escribí en esta entrada. Ahí está la bandera cuartelada de castillos y leones que se conserva de la Toma de Sevilla en el año 1248, aunque en un remiendo posterior quitaron un león y pusieron otro castillo, pero los restauradores ya explicaron que originariamente constaba de dos castillos y dos leones, y no de tres castillos y un león como la vemos ahora. Bandera cuartelada también de colores rojo y blanco con dos castillos y dos leones que figura trece veces pintada en el primer Mapamundi de la Historia ( año 1500), realizado por el marino y cartógrafo montañés Juan de la Cosa, y en otros mapas portulanos, como el de Pietro Vesconte del año 1325, el de Angelino Dulcert de 1339, el de Gabriel Vallseca de 1439, el de Mateo Prunes de 1563, el de Diogo Homem de 1564, o el de Joan Martines de 1570.

Pero todo esto les da igual a los minoritarios castellanismos políticos. Lo consideran “historicista” y ellos están a otra cosa, aunque no se preocupen ni de divulgar los símbolos de Castilla.

Pero lo mismo ocurre con la que Amando Represa, que fue director del Archivo de Simancas, consideraba de manera acertada la bandera definitiva en la evolución final: plasmar el escudo cuartelado en cruz de castillos y leones sobre los cuarteles de gules y de plata en un paño o en una tela de color carmesí o encarnado, que es el color de la inmensa mayoría de las banderas de las villas, ciudades y provincias de la antigua Corona de Castilla. Y también da igual que se conserven los pendones de color rojo carmesí que utilizaban en Medina del Campo ( siglo XVI), cuya imagen encabeza esta entrada, y en Sepúlveda ( siglo XVIII), y que se pueden contemplar respectivamente en el Museo de las Ferias y en el Museo de los Fueros.

El poeta Lope de Vega bien lo expresó en unos versos de su obra “La Jerusalén conquistada”: “Aquel Fernando venturoso espera/ que corone el alcázar de Sevilla/ de las rojas banderas de Castilla.”

Los castellanistas políticos a lo mucho argumentan pobremente que el morado viene de la confusión de que el color carmesí con los siglos se volvió morado. No sé qué banderas de antaño habrán visto por ahí. Pero desde luego, repito, uno observa los pendones auténticos de Medina del Campo y de Sepúlveda, bien viejos, y no están morados.

También consideran bueno lo del color morado, porque como la Sociedad llamada “los Comuneros” en el siglo XIX adoptó como enseña distintiva, precisamente incurriendo en un error y en un capricho, un estandarte morado con un castillo blanco, porque éstos a su vez decían que los comuneros del siglo XVI portaban pendones morados…, cuando todo el mundo ya sabe que los comuneros del siglo XVI combatían bajo los pendones de sus villas y ciudades…

El historiador Vicente de la Fuente (1817-1889), que llegó a conocer personalmente a un miembro de la Sociedad “los Comuneros”, en su “Historia de las sociedades secretas” considera, en palabras de Fernández Duro y LLopis, que es una “patraña y falsedad lo del pendón morado de Castilla y dice que lo mismo que se les antojó a los liberales utilizar el color verde, a los comuneros se les ocurrió el morado”.

Por no contar también lo del Tercio creado por Felipe IV en 1634 como Guardia Real, en cuyo uniforme predominaba el morado, y que fue conocido con el nombre de “Tercio de los morados de Castilla”…, aunque su estandarte hoy depositado en la Real Armería figura descrito como de “damasco carmesí”, sin castillos ni leones, y con las enseñas personales del Conde-Duque de Olivares, por lo que nada tiene que ver con el emblema de Castilla.

Y qué contar de la bandera de la Segunda República Española, porque la Primera mantuvo la bandera rojigualda con el escudo ovalado y partido en castillo y león, pero sin corona. En la Segunda República, consagrando el error se añadió una tercera franja morada, porque entendían que en los colores rojo y gualda sólo estaba representada la antigua Corona de Aragón.

Se razonaba de esta manera la inclusión de la nueva franja de color morado como de los Comuneros de Castilla, aunque nadie hubiera visto ningún pendón morado en ninguna parte:

Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España.”

Actualmente, siguiendo con estos  errores y confusionismos, el color morado parece el color de moda de algunas corrientes políticas de la izquierda española, ya que es el color adoptado hasta en la bandera de una nueva formación política que el periodismo ha dado en llamar “formación morada”. Estas corrientes, por supuesto, ni se acuerdan de Castilla para nada ni de sus acuciantes problemas; tampoco de quiénes fueron los comuneros ni qué pretendían: nada menos que el establecimiento del primer sistema constitucional del mundo mediante la Ley Perpetua de 1520 que trataba aquí.

¿Hace falta decir algo más para salir de una vez del error y de la confusión del “morado”como un color que jamás ha identificado a Castilla ni a los comuneros?.

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