Madrid Comunero

Francisco Javier Sánchez

Hoy en día hablar de Madrid supone tratar de una gran urbe, la capital de España. Madrid se convirtió en sede más o menos fija de la Corte en tiempos de Felipe II; anteriormente, la Corona de Castilla nunca tuvo una capital permanente, pues los reyes castellanos eran itinerantes, y tan pronto se encontraban en Segovia, como en Toledo o en Sevilla. Algunos reyes de Castilla tenían sus preferencias, como Alfonso X con Toledo, Pedro I con Sevilla, o Juan II y Enrique IV con Segovia. Pero a partir de Felipe III, tras instalarse durante cinco años la Corte en Valladolid desde 1601 a 1606, la Corte de la Monarquía Hispánica queda instalada definitivamente en Madrid.

Pero antes Madrid era una villa modesta que, no obstante, contaba con Procuradores en las Cortes de Castilla; esto era un privilegio pues no todas las villas y ciudades de Castilla podían enviar representantes a las Cortes castellanas. Durante el reinado de Isabel de Castilla, a finales del siglo XV sólo diecinueve ciudades, con sus respectivas áreas de influencia que abarcaban todo el territorio castellano, mandaban Procuradores a las Cortes: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, León, Zamora, Toro, Salamanca, Palencia, Valladolid, Toledo, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada y Murcia.

Parece que no, pero en este contexto – el del Madrid ciudadano- hay que enmarcar la importantísima participación de la Villa de Madrid y de su Tierra en la Revolución de las Comunidades de Castilla. Toledo fue la cuna y epígono del movimiento comunero, en la Castilla que alumbró el primer texto legislativo de caracteres constitucionales, la Ley Perpetua redactada en Ávila durante el verano del año 1520 y que no quiso acatar el rey Carlos. Pero la Villa de Madrid siempre estuvo al lado de Toledo, por excelencia Ciudad Comunera, también para el turismo, dentro de las relaciones de fuerte solidaridad entre las ciudades castellanas. Madrid se organizó como Comunidad revolucionaria, destituyó a los regidores sumisos a Carlos de Gante, impuso una Hacienda para sufragar los cuantiosos gastos derivados, y puso en pie unas milicias que engrosaran las filas del Ejército Comunero. Prácticamente todos los vecinos de Madrid estaban implicados en el levantamiento de la villa. Sobre todo esto se ocupa un libro de reciente publicación.

En septiembre de 2015 la Asociación Cultural La Gatera de la Villa ha editado un libro escrito por el investigador D. José Manuel Castellanos Oñate, titulado “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”. La solapa del libro referencia que “es una crónica documentada de la participación madrileña en el movimiento comunero, episodio que los cronistas clásicos, y otros modernos tras ellos, han preferido silenciar o minimizar, desvirtuándolo con tópicos carentes de rigor que hoy día siguen teniéndose por ciertos”. Precisamente este libro trata de llenar, como dice su introducción, “no pocas lagunas necesitadas de nuevos y pacientes estudios; una de ellas es la participación de la villa en el movimiento general de las Comunidades de Castilla, por más que escribir sobre tal asunto pueda parecer ocioso”.

En el libro “Madrid Comunero” se ha desarrollado un excelente trabajo, en una labor prolija y exhaustiva, pues incluso transcribe al final, en su totalidad o en parte, doscientos sesenta y siete documentos relativos al alzamiento comunero en Madrid, y referencia en un índice más de ochenta personajes conocidos relacionados con el Madrid comunero y una breve sinopsis de ellos. Es una documentación de sumo valor y muy curioso el poder leerla, además de ser el innegable soporte a la meticulosa investigación realizada por su autor.

Además de al mítico jefe de las milicias madrileñas, Juan Zapata, quisiera recordar a los dos Procuradores de Madrid que defendieron los intereses de sus ciudadanos en las Cortes de Castilla de 1518 ante Carlos, autoproclamado rey en Bruselas en 1516: Antonio de Luzón, que fue regidor comunero de la villa, y a Luis Núñez. Y sobretodo, a Pedro de Sotomayor, que fue procurador madrileño en las Juntas de Ávila y de Tordesillas, siendo apresado en esta última villa en diciembre de 1520 y sentenciado a muerte en agosto de 1522, muriendo decapitado en la plaza de Medina del Campo el 13 de octubre de 1522. Y quince días después aparece como exceptuado en el llamado Perdón General. La represalia contra su familia continuó hasta 1550 en que se dicta sentencia definitiva contra las hijas de Sotomayor que pleitearon para recuperar los bienes de su padre confiscados.

Por tanto, estamos ante una obra de imprescindible lectura para conocer cómo fueron las gentes de Madrid en los años del movimiento comunero y para afirmar lo obvio: que Madrid siempre será Castilla, pese a los artificios autonómicos, sin perjuicio de su actual mestizaje de culturas que se pone como justificación del artificio, cuando en Barcelona, por ejemplo, se produce con mayor intensidad ese mestizaje y nadie duda de que es la ciudad más importante de la comunidad en que se asienta.

Por último, recordar la fecha del 26 de junio de 1520, día en que se constituye el Concejo comunero de Madrid, y la del 15 de mayo de 1521 en que capitula la villa ante el poder real. Durante esos años, como decía la crónica de Sandoval, los castellanos “esperaban que sería esta república una de las más dichosas y bien gobernadas del mundo. Concibieron las gentes unas esperanzas gloriosas de que habían de gozar los siglos floridos de más estima que el oro”.

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