La Puerta del Sol de Madrid

José Manuel Castellanos Oñate

¿Tomó la famosa Puerta del Sol su nombre de un castillo construido en ese lugar por los madrileños, fieles en su mayoría al emperador don Carlos, para impedir que los comuneros entraran en la villa durante el alzamiento de 1520? Según parece, muchos todavía lo creen así. Y hoy día se sigue afirmando, por ejemplo, en referencia a ese momento histórico, que “las autoridades de la Villa, a fin de solucionar los problemas del bandolerismo generados por el descontento y malestar, además del hambre, ante la impotencia de solucionar el asunto deciden construir una especie de fuerte que los proteja. De este modo mandan cavar un foso y construir un castillo. La puerta principal de éste daba acceso a la ciudad. Así, pretendían frenar la ola de violencia e indignación de los comuneros cerrándoles el paso. En la puerta del fuerte pintan la figura de un sol”. Pero nada de esto ocurrió de la manera descrita: ni en su fondo, ni en sus detalles.

El primero que habló sobre el supuesto castillete con el sol pintado fue el maestro y preceptor del Estudio de Gramática de la villa Juan López de Hoyos, en 1572, en su Real aparato y suntuoso recibimiento a doña Ana de Austria (y al leer sus palabras no hay que olvidar que los cronistas de los siglos XVI y XVII que historiaron el pasado madrileño tuvieron buen cuidado de dulcificar, tergiversar o directamente ocultar todos aquellos episodios que pudieran haber supuesto deslealtad a la dinastía entonces reinante): «Tuuo este nombre por dos razones. La primera por estar ella a Oriente (…). La segunda porque en el tiempo que en España vuo aquellos alborotos que comúnmente llaman las Communidades, este pueblo, por tener guardado su término de los vandoleros y communeros, hizo vn fosso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabricó vn castillo, en el qual pintaron un sol encima de la puerta, que era el común tránsito y entrada a Madrid. Y después de la pacificación y quietud destos reynos (…), este castillo y puerta se derribó para ensanchar y desenfadar vna tan principal salida como es ésta desta puerta; por el sol que allí estaua llamaron todos a este término la puerta del Sol».

Muy pocos años después, entre 1574 y 1578, se realizaron las Relaciones topográficas de los pueblos de España, elaboradas a partir de cuestionarios a los que dieron respuesta en cada concejo dos o más personas «de las que más noticia tuvieren de las cosas del pueblo y su tierra». En lo relativo a la villa de Madrid, las Relaciones volvieron a recoger sin variación alguna la tradición del castillete referida por López de Hoyos, cosa comprensible si se tiene en cuenta el prestigio del erudito madrileño y lo reciente de la publicación de su obra: «Por la parte del Oriente, que es la Puerta del Sol, llamada así porque en tiempo de las Comunidades se hizo allí un castillo con un sol encima, castillo que mandó derribar el Emperador, si bien la puerta conservó dicho nombre». A partir de ese momento, la fábula hizo fortuna y llegó intacta hasta nuestros días, aunque la realidad histórica fue sin duda bien distinta…

La llamada cerca (que no muralla) del arrabal, con fábrica de mampostería, escasa de altura y sin torres, se construyó muy probablemente en las décadas de 1430 ó 1440 para delimitar los arrabales de San Martín, San Ginés y Santa Cruz, a consecuencia, quizá, de la epidemia de peste que asoló la villa en 1438; su carácter nunca fue militar, sino meramente sanitario y administrativo. Fuera o no aquélla la fecha de su erección, sus portillos están ya documentados entre 1478 y 1502: puerta de San Millán/Toledo, puerta de Atocha, puerta del Sol, postigo de San Martín y puerta de Santo Domingo.

Con respecto a la etimología de la puerta que nos ocupa, la del Sol, ésta entrada a la villa aparece ya referida con tal denominación en el acta concejil de 18 de julio de 1478; tras ésta, en las de 14 de abril de 1488 y 2 de marzo de 1496. Ya se llamaba así, por lo tanto, mucho antes de la guerra de las Comunidades; su nombre lo habría tomado, sin duda, por abrirse a oriente, mirando hacia Alcalá de Henares y Guadalajara. Su carácter de simple portón se adecentó un poco en 1502, con motivo del recibimiento a los príncipes doña Juana y don Felipe en su camino hacia Toledo: el 24 de enero de dicho año se acordó «quel mayordomo haga la puerta del Sol tapiada e almenada, y la puerta grande que quepan dos carretas juntas». Los agasajados llegaron a la villa entre el 16 y el 28 de marzo, por la actual calle del Carmen -entonces ronda exterior de la cerca del arrabal-, entraron por esta puerta del Sol, y después de traspasar la de Guadalajara continuaron por la calle Mayor o por la de Santiago hasta llegar al alcázar; Juana y Felipe permanecieron en Madrid hasta después del 8 de abril y su partida discurrió por la puerta de Guadalajara, plaza del Arrabal (hoy, Mayor) y calle de Toledo. Los príncipes llegaron a esta última ciudad el 7 de mayo, reuniéndose allí con los Reyes Católicos, y días después fueron jurados en ella como herederos de la corona.

Dos décadas más tarde tuvo lugar el alzamiento comunero: aunque no hay constancia documental de ello, no puede descartarse que llegara a construirse algún tipo de fortificación en esa puerta del Sol en dos momentos concretos de la contienda. El primero de ellos, a mediados de agosto de 1520, cuando los comuneros madrileños todavía no se habían hecho con el control del alcázar y sospechaban que el alcaide Francisco de Vargas, que se encontraba en Alcalá de Henares, podría estar intentando reunir tropas para reducir a los sublevados madrileños. Y el segundo momento, unas semanas después, ya que el 6 de septiembre aparece la única referencia documental relativa a trabajos adicionales de fortificación realizados en esa puerta durante todo el conflicto: con el alcázar ya rendido a los comuneros y toda la villa bajo el mando del concejo revolucionario, éste acordó reforzar la escasa protección que la cerca del arrabal brindaba al flanco oriental de la villa, y entre otras medidas dispuso «que a la Puerta del Sol se hagan puertas e se tapien».

En cualquiera de los dos casos, esta mínima fortificación adicional (el legendario castillete de la tradición creada por López de Hoyos) habría sido obra de los comuneros madrileños para defenderse de los realistas y no al contrario.

La puerta del Sol se reformó nuevamente en 1538, reconstruyéndola con ladrillo y cal, con «un cimiento en todo lo ancho de la calle, de tres pies de grueso y de media vara de alto», y con seis almenas en lo alto. Fue definitivamente derribada en los últimos años del siglo XVI o primeros del siguiente; en el plano de Frederic de Wit, de 1635, ya no aparece.

(José Manuel Castellanos Oñate es autor entre otras obras del libro “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”, editado por la Asociación Cultural “La Gatera de la Villa”. La imagen que ilustra la entrada corresponde al Plano del cartógrafo portugués Pedro Teixeira del año 1656).

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