Archivos diarios: 9 septiembre, 2017

Castilla, entre la compasión y el odio

Francisco Javier Sánchez

Castilla, desde el punto de vista de la derecha ideológica, es objeto de compasión. El papel de Castilla es sacrificarse por España, darlo todo por la idea y el concepto de España. La historia, la cultura, el derecho y las instituciones de Castilla han servido para crear, sin más, las de España. Y de Castilla, desde esta perspectiva, nada queda. Por eso se compadecen de ella, y ya no da casi ni pena. En infinidad de artículos, textos e interlocuciones, que deberían de utilizar el calificativo castellano, se pone español y punto. No pasa nada. Porque Castilla ya no existe, como mucho sólo existe en los libros de historia…, y hasta la llegada del admirado Carlos V…, que hizo bien en aplastar a esos retrógrados comuneros.

De Castilla ya no merece la pena ni hablar de ella. Para qué. Ya está España. Y para qué lamentarse de que Castilla se haya desmoronado, si ese era su papel asignado: ser el soporte de España, la que la soporta, la que aguanta la identidad de España una vez deformada la de Castilla. Da lo mismo que Castilla esté disuelta en varias comunidades autónomas, lo importante es España, que somos españoles.

Eso hay que asumirlo, como lo asume Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.”

Y no existiendo Castilla, para qué preocuparse de su despoblación, de su maltrecha economía, o del trasvase del río Tajo y de las centrales nucleares.

Castilla, desde el punto de vista de la izquierda ideológica, es objeto de odio. En Castilla no hay más que cuarteles y conventos. Castilla ha sido tierra de militares y clérigos que han traído el atraso a toda España, y han perturbado la idílica vida de los pacíficos pueblos de la periferia peninsular. Castilla es la guerrera, la militar, la autoritaria, la conquistadora de pueblos que ha aniquilado, la culpable del fin de la España mahometana, la responsable del genocidio de los pueblos indígenas americanos. Por eso no es posible celebrar las efemérides del año 1492, las mal llamadas reconquista de Granada y descubrimiento de América. Castilla masacró y destruyó. Y por ello, ante el altar de la nueva historia, Castilla debe ser odiada, insultada sin reparos, porque además, y para más coña, el nacionalismo castellano es el nacionalismo franquista, como escribió José Ignacio Torreblanca en el diario “El País” el día 4 de septiembre de 2017 (curiosamente el artículo se titula “El fracaso del nacionalismo catalán”), y no es un texto de 1977, prácticamente recién fallecido el general gallego Francisco Franco, que menos mal que era gallego y no castellano. Por tanto, Castilla, también, es el franquismo.

“El primero ( el nacionalismo castellano como dice el articulista) es un viejo conocido. El nacional-catolicismo, convertido en ideología oficial del franquismo, intentó la asimilación cultural, lingüística e ideológica de los españoles. Para ello se valió de un relato histórico-imperial sobre la grandeza de la nación; de una identidad primordial, la castellana, que asimiló a la española, expulsando a otras posibles identificaciones; unas instituciones políticas y culturales autoritarias y represivas; y de una lengua, el castellano, que intentó imponer como única. En su apogeo, suprimió las instituciones históricas de vascos y catalanes, prohibió y persiguió sus lenguas, y consideró como inferiores los que ostentaban otras identidades”, escribe el jefe de Opinión de dicho periódico en el año 2017 al hablar de los nacionalismos castellano, vasco y catalán.

¡ Cómo no !, Castilla la culpable del régimen de Franco, aunque la burguesía catalana mucho tuviera que ver con el alzamiento del 18 de julio y Cataluña fuera la región más privilegiada por el franquismo económico. Castilla, la inspiradora del nacional-catolicismo, aunque esa peculiar ideología fuera patrocinada por los monseñores catalanes Gomá, y Plá y Deniel. Y Castilla, no el carlismo partícipe del franquismo, suprimió la institución de larga historia llamada “Gobierno de Euzkadi”, que data del año 1936, y también suprimió Castilla ( no la entusiasta burguesía catalana admiradora de Franco) la Generalitat republicana, aunque nada tiene que ver con la antigua Generalitat de Catalunya, trufada de nobles y obispos catalanes. El caso es insultar a placer a Castilla desde un periódico editado en un ciudad castellana, no hay problema, nadie se va a quejar, y queda muy “progre”.

En esto del odio profundo a Castilla y a los castellanos, comparten afición enfermiza la izquierda ideológica y los llamados nacionalismos ( que son en realidad parte de la derecha ideológica); habiendo sido encumbrados gratuitamente los nacionalismos por la izquierda ideológica como libertadores y profundamente democráticos, aunque hayan ignorado durante 40 años los derechos de la mitad de la población de Cataluña, de Vascongadas y de Galicia. Por eso, a su vez, la izquierda y los nacionalismos ideológicos comparten esa visión miope a conciencia de la derecha ideológica de que Castilla no tiene identidad, de que Castilla no es nada, no es siquiera una región -no ya nación-, y debe estar en la categoría de pueblo extinguido, porque ya es directamente España, y, eso sí, viene bien de vez en cuando sacar a Castilla para darla y darla hasta reventarla, aunque hoy no se sostenga ni a sí misma.

Como no se sabe si existe el centro ideológico, para qué hablar de su perspectiva. Si el centro fue la UCD, para qué recordar su mezquindad en disolver a Castilla en varios entes insulsos fruto de los procesos autonómicos de Adolfo Suárez, de Martín Villa y de Clavero Arévalo. Lo primordial de la transición era reconocer la represión sufrida por Cataluña y Vascongadas durante el franquismo, aunque de allí no tuvo que emigrar nadie a otras regiones, y se editaran libros en catalán y en vascuence.

Castilla, no debe ser objeto ni de compasión ni de odio. Miopes y enfermizas perspectivas las expuestas. Debe ser objeto de amor, de estudio, de investigación, de conocimiento, de admiración…, porque cuanto más se la conoce más se la ama y se la admira. Y más derecho tiene para ser una tierra y un pueblo que merecen prosperidad, progreso, futuro…, derecho que se sustrae a Castilla si los demás y los propios se compadecen de Castilla y odian a Castilla. No se trata de sacar títulos históricos. Castilla lo ha sido todo en la Historia y al más alto nivel. Se trata primordialmente de tener dignidad, que es la base de un futuro próspero.

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