Todas las entradas por 0808javiersanchez1521castilla

¿ Y el artículo 143 de la Constitución?

Francisco Javier Sánchez

Es noticia de actualidad en este mes de octubre que el Gobierno de España, ante la grave situación provocada por los gobernantes autonómicos de Cataluña, ha acordado iniciar los trámites previstos en el artículo 155 de la Constitución Española de 1978.  Este precepto constitucional  establece en su punto 1 lo siguiente, por si alguien no lo ha leído: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.” La aplicación del famoso artículo 155 invita a recordar otros artículos de la Constitución, sobretodo los relacionados con el modo en que se llevaron a cabo los procesos autonómicos en Castilla.

La sociedad española creo que se está llevando la impresión de que el gobierno de una comunidad autónoma puede incurrir durante décadas en muchas barbaridades…, como la proscripción de la lengua común de todos los españoles del ámbito de la enseñanza, como el adoctrinamiento político de los niños y jóvenes en los colegios, o como la grosera manipulación de la información en la radio y televisión autonómicas…, que no pasa nada…, que el Estado seguirá ausente de sus obligaciones de control, de coordinación y de armonización de las competencias de las comunidades autónomas, a pesar de lo que dice incluso el artículo 154 ( “Un delegado nombrado por el Gobierno dirigirá la administración del Estado en el territorio de la comunidad autónoma y la coordinará, cuando proceda, con la administración propia de la comunidad”). ¡ Allá se las ventilen los pobres ciudadanos españoles que viven en Cataluña, Valencia, Baleares, Navarra, Vascongadas y Galicia con sus derechos lingüísticos, culturales, sociales, laborales y políticos!.

No pasa nada…, mientras no se llegue al extremo de proclamar la independencia. Mientras tanto, sigan proscribiendo la lengua castellana, sigan adoctrinando a niños y jóvenes a su conveniencia, y continúen manipulando la información de la radio y televisión autonómica. Y sigan  ocultando todo lo que hay en común entre todos los españoles y sembrando el odio a España, que no pasa nada…

El caso es que parece que nadie se ha leído el punto 2 del artículo 155 de la Constitución Española de 1978: “Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.” Es decir, que el Gobierno también tiene la potestad de remitir instrucciones a las demás comunidades autónomas, y no sólo a Cataluña, cuidado.

Visto lo visto, otras comunidades autónomas, como han hecho los gobiernos autonómicos de Cataluña, no van a tener obstáculos en seguir difundiendo sus falsas historias y culturas autonómicas, en arrinconar al castellano como lengua vehicular de la enseñanza, o en informar torticeramente sobre la realidad de su región y de España. Que no pasa nada…, y que se las arreglen los ciudadanos. Mientras no proclamen la independencia, eso sí.

En lo que concierne a Castilla, los políticos y periodistas, además de reflexionar sobre lo apuntado, deberían de caer en la cuenta de si no se hizo muy mal durante los procesos autonómicos ( se trató aquí) la aplicación del Capítulo III ( “De las comunidades autónomas” ) incluido en el Titulo VIII de la Constitución (“De la Organización Territorial del Estado”). Léase este redactado clave, el punto 1 del artículo 143 de la Constitución, y que fue la vía ordinaria de acceso a la autonomía ( o mejor, a las autonomías) en el territorio de Castilla: “En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución, las provincias limítrofes con características históricas, culturales y económicas comunes, los territorios insulares y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidades Autónomas con arreglo a lo previsto en este Título y en los respectivos Estatutos.”

Porque habría que preguntarse…, ¿cuál es la entidad regional histórica de las antaño provincias de Santander, de Logroño y de Madrid?. ¿No es, se diga lo que se diga, la castellana, por mucho que se hayan inventado otras identidades que nunca fueron históricas, o que se haya recurrido a razones de “interés nacional” como en el caso de la provincia de Madrid?. ¿ No sería inconstitucional la creación de las comunidades autónomas uniprovinciales de Cantabria, de La Rioja y de Madrid?. ¿No dice lo que dice el artículo 143 de la Constitución?. Cantabria sigue siendo la cuna de Castilla, La Rioja depositaria de parte de los orígenes del idioma castellano, y Madrid creada sin más porque hubo políticos que la expulsaron de Castilla la Nueva ( sin contar con los intereses de los castellanos).

Resulta chocante que haya tertulianos que apoyen la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española respecto de la comunidad autónoma de Cataluña, pero que nadie se acuerde de la necesaria reforma del esperpéntico mapa autonómico castellano, ni de la fragmentación de Castilla en cinco comunidades autónomas ( perjudicial para los intereses generales de Castilla) , ni de recuperar al menos los nombres históricos  de las provincias y regiones castellanas ( La Montaña, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva…) con la burda excusa de no fomentar un castellanismo. La lógica indica que las antaño provincias de Santander y de Logroño deberían integrarse en Castilla la Vieja y León, y la provincia de Madrid debería integrarse en Castilla la Nueva. Recomponiendo con racionalidad, con respeto a la historia y a la geografía castellana, y fundamentalmente con visión de futuro, el mapa autonómico de Castilla.

Eso sí, repito, parece que nadie pone reparos a la enseñanza de falsas historias y culturas autonómicas castellanas, ni a las propagandas autonómicas que encauzan a la ciudadanía a asumir sin rechistar el descuartizamiento de Castilla. Tampoco se ponen reparos a que una abundante casta política viva del pesebre de las autonomías castellanas. Cuando nadie debería de poner ninguna pega en imprimir un poco de sentido a Castilla dentro de España, que le daría plenitud.  ( de esto se trató aquí) Precisamente para evitar el fracaso estrepitoso del Estado de las autonomías, Castilla ha de aparecer de una vez.  Al tiempo que el Gobierno de España ha de atajar la selva autonómica en que  se ha convertido la sanidad, la educación, la administración de justicia, el urbanismo…, con infinidad de leyes que acentúan la disparidad en la prestación de estos servicios tan esenciales para los ciudadanos.

Por no hablar del reconocimiento histórico, cultural, político e institucional que se merece también la antigua Corona de Castilla.

En definitiva, existe el artículo 143 de la Constitución, y hay que recordarlo.

MAPA COMUNIDADES AUTONOMAS

Anuncios

Castilla, entre la compasión y el odio

Francisco Javier Sánchez

Castilla, desde el punto de vista de la derecha ideológica, es objeto de compasión. El papel de Castilla es sacrificarse por España, darlo todo por la idea y el concepto de España. La historia, la cultura, el derecho y las instituciones de Castilla han servido para crear, sin más, las de España. Y de Castilla, desde esta perspectiva, nada queda. Por eso se compadecen de ella, y ya no da casi ni pena. En infinidad de artículos, textos e interlocuciones, que deberían de utilizar el calificativo castellano, se pone español y punto. No pasa nada. Porque Castilla ya no existe, como mucho sólo existe en los libros de historia…, y hasta la llegada del admirado Carlos V…, que hizo bien en aplastar a esos retrógrados comuneros.

De Castilla ya no merece la pena ni hablar de ella. Para qué. Ya está España. Y para qué lamentarse de que Castilla se haya desmoronado, si ese era su papel asignado: ser el soporte de España, la que la soporta, la que aguanta la identidad de España una vez deformada la de Castilla. Da lo mismo que Castilla esté disuelta en varias comunidades autónomas, lo importante es España, que somos españoles.

Eso hay que asumirlo, como lo asume Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.”

Y no existiendo Castilla, para qué preocuparse de su despoblación, de su maltrecha economía, o del trasvase del río Tajo y de las centrales nucleares.

Castilla, desde el punto de vista de la izquierda ideológica, es objeto de odio. En Castilla no hay más que cuarteles y conventos. Castilla ha sido tierra de militares y clérigos que han traído el atraso a toda España, y han perturbado la idílica vida de los pacíficos pueblos de la periferia peninsular. Castilla es la guerrera, la militar, la autoritaria, la conquistadora de pueblos que ha aniquilado, la culpable del fin de la España mahometana, la responsable del genocidio de los pueblos indígenas americanos. Por eso no es posible celebrar las efemérides del año 1492, las mal llamadas reconquista de Granada y descubrimiento de América. Castilla masacró y destruyó. Y por ello, ante el altar de la nueva historia, Castilla debe ser odiada, insultada sin reparos, porque además, y para más coña, el nacionalismo castellano es el nacionalismo franquista, como escribió José Ignacio Torreblanca en el diario “El País” el día 4 de septiembre de 2017 (curiosamente el artículo se titula “El fracaso del nacionalismo catalán”), y no es un texto de 1977, prácticamente recién fallecido el general gallego Francisco Franco, que menos mal que era gallego y no castellano. Por tanto, Castilla, también, es el franquismo.

“El primero ( el nacionalismo castellano como dice el articulista) es un viejo conocido. El nacional-catolicismo, convertido en ideología oficial del franquismo, intentó la asimilación cultural, lingüística e ideológica de los españoles. Para ello se valió de un relato histórico-imperial sobre la grandeza de la nación; de una identidad primordial, la castellana, que asimiló a la española, expulsando a otras posibles identificaciones; unas instituciones políticas y culturales autoritarias y represivas; y de una lengua, el castellano, que intentó imponer como única. En su apogeo, suprimió las instituciones históricas de vascos y catalanes, prohibió y persiguió sus lenguas, y consideró como inferiores los que ostentaban otras identidades”, escribe el jefe de Opinión de dicho periódico en el año 2017 al hablar de los nacionalismos castellano, vasco y catalán.

¡ Cómo no !, Castilla la culpable del régimen de Franco, aunque la burguesía catalana mucho tuviera que ver con el alzamiento del 18 de julio y Cataluña fuera la región más privilegiada por el franquismo económico. Castilla, la inspiradora del nacional-catolicismo, aunque esa peculiar ideología fuera patrocinada por los monseñores catalanes Gomá, y Plá y Deniel. Y Castilla, no el carlismo partícipe del franquismo, suprimió la institución de larga historia llamada “Gobierno de Euzkadi”, que data del año 1936, y también suprimió Castilla ( no la entusiasta burguesía catalana admiradora de Franco) la Generalitat republicana, aunque nada tiene que ver con la antigua Generalitat de Catalunya, trufada de nobles y obispos catalanes. El caso es insultar a placer a Castilla desde un periódico editado en un ciudad castellana, no hay problema, nadie se va a quejar, y queda muy “progre”.

En esto del odio profundo a Castilla y a los castellanos, comparten afición enfermiza la izquierda ideológica y los llamados nacionalismos ( que son en realidad parte de la derecha ideológica); habiendo sido encumbrados gratuitamente los nacionalismos por la izquierda ideológica como libertadores y profundamente democráticos, aunque hayan ignorado durante 40 años los derechos de la mitad de la población de Cataluña, de Vascongadas y de Galicia. Por eso, a su vez, la izquierda y los nacionalismos ideológicos comparten esa visión miope a conciencia de la derecha ideológica de que Castilla no tiene identidad, de que Castilla no es nada, no es siquiera una región -no ya nación-, y debe estar en la categoría de pueblo extinguido, porque ya es directamente España, y, eso sí, viene bien de vez en cuando sacar a Castilla para darla y darla hasta reventarla, aunque hoy no se sostenga ni a sí misma.

Como no se sabe si existe el centro ideológico, para qué hablar de su perspectiva. Si el centro fue la UCD, para qué recordar su mezquindad en disolver a Castilla en varios entes insulsos fruto de los procesos autonómicos de Adolfo Suárez, de Martín Villa y de Clavero Arévalo. Lo primordial de la transición era reconocer la represión sufrida por Cataluña y Vascongadas durante el franquismo, aunque de allí no tuvo que emigrar nadie a otras regiones, y se editaran libros en catalán y en vascuence.

Castilla, no debe ser objeto ni de compasión ni de odio. Miopes y enfermizas perspectivas las expuestas. Debe ser objeto de amor, de estudio, de investigación, de conocimiento, de admiración…, porque cuanto más se la conoce más se la ama y se la admira. Y más derecho tiene para ser una tierra y un pueblo que merecen prosperidad, progreso, futuro…, derecho que se sustrae a Castilla si los demás y los propios se compadecen de Castilla y odian a Castilla. No se trata de sacar títulos históricos. Castilla lo ha sido todo en la Historia y al más alto nivel. Se trata primordialmente de tener dignidad, que es la base de un futuro próspero.

El niño García Pérez Etcétera, de Jesús Torbado

Juan Pablo Mañueco

Jesús Torbado, un leonés nacido en 1943, a quien tuve el placer de conocer con ocasión de la entrevista que le hice para el libro “Diez castellanos y Castilla”, y que el 3 de diciembre de 1980 publicó en el diario “El País” este artículo que resume mejor que nada lo que pasó con el ninguneo de Castilla y su cultura en la época de la Transición española.

El artículo no debería ignorarse si ahora se van a corregir algunas cosas que se hicieron mal en aquellos años de la Transición: la desigualdad entre los territorios de España y el olvido, partición y aventamiento de Castilla, por ejemplo.

El artículo, más bien, debería ser de gustosa lectura en todas las escuelas de Castilla y de obligado conocimiento por todo aquel candidato o candidata que quisiera dedicarse a la política en cualquier provincia de Castilla.

EL NIÑO GARCÍA PÉREZ ETCÉTERA,
de Jesús Torbado

Nota aclaratoria.- Poco antes de la publicación de este artículo la oposición de izquierdas y progresista en Euskadi había cuestionado una campaña del gobierno peneuvista entre los escolares en la cual se aplicaban criterios antropométricos para determinar las características faciales y corporales de los escolares, así como se analizaba la genealogía de los alumnos, valorando el número de apellidos vascos.

EL AIRADO VIENTO DE LOS PÁRAMOS mesetarios le enrojecía las orejas y fijaba bajo su naricilla dos sucios velones que le alumbraban al santo de los fríos y de la desolación. Un agujereado tapabocas granate se anudaba alrededor de su cuello, por encima de la pelliza de plástico ajado que la había mandado un primo suyo establecido en la capital. El niño García Pérez Etcétera vigilaba el confuso rebaño que su padre le había dado en mando: dos docenas de ovejas, siete cabras, una vaca, dos mulos y un asno. Una pareja de lebreles le hacía compañía aquella mañana helada de la estepa. El niño García Pérez Etcétera no tenía nada mejor que hacer.

Del pueblo se habían ido el cura, el médico y el maestro. El maestro había sido el último. Los señores de Madrid habían dicho que no quedaba dinero para costear su salario en la escuela rural y lo habían mandado a poner escuela veinte kilómetros más lejos. Los señores de Madrid habían entregado 2.000 millones de pesetas para las ikastolas del Norte y otros muchos para las escolas del Este, así que no disponían ya de las 800.000 pesetas anuales que el maestro cobraba.

Pero el camino hasta la nueva escuela era arenoso y áspero y se tardaba mucho en llegar. Los señores de Madrid habían unido con autopistas todas las capitales de provincia del Norte y del Este y no tenían ya dinero para echar grava sobre aquel polvoriento-lodoso camino.

Como la camioneta tardaba tanto en llevar a los trece niños del pueblo hasta la nueva escuela, el padre del niño García Pérez prefirió que cuidase el ganado en lugar de tener todo el día al chiquillo por esos malos caminos de Dios. Ahora, la vieja escuela iba tomando forma de todos los pajares semiderruídos del pueblo: llenos de gatos en celo, palomas en los desvanes, lagartijas aletargadas y arañas dormidas dentro de sus capullos.

Del médico sólo los más antiguos se acordaban. Cuando el niño García Pérez Etcétera se ponía malo, le daban leche caliente con vino y mielo, y eso lo curaba todo, salvo los sabañones invernales, que no tenían cura, y las diarreas del verano a las que ya estaba acostumbrado. Médicos quedaban por ahí, desde luego, pero se dedicaban a contar los pelos que los niños del Norte tenían en las falanges de los dedos de los pies, a fiscalizar sus pecas, a medir sus cráneos y narices: estaban demasiado ocupados como para cuidar las pulmonías del niño García Pérez y de sus compañeros.

QUINTANILLA CASA ADOBE

Y como el muchacho no iba a tener jamás una escuela a donde ir, toda su vida ignoraría algunos esencialísimos detalles de sí mismo, especialmente las claves de su código genético. A él y a su padre y a su abuelo no le importaban demasiado, pero la sociedad en que vivían padecería una terrible e inevitable carencia; la patria en que había nacido se tambalearía ante la flojedad de aquellos cimientos humanos del zagal que pisoteaba los terrones de la meseta.

Porque era una delicada e importante cuestión. Den entre los cientos de García, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Martínez y Suárez de su nombre, un estudio científico de aquel niño hubiera podido deducir notabilísimas conclusiones.

Hubiera adivinado, por ejemplo, que uno de sus antepasados fue el emperador Teodosio el Grande, que dejó preñada a una sus esposas cuando salió de Coca (Segovia) para gobernar el Imperio romano; que otro de ellos había luchado con Hernán Cortés en la conquista de México; que otro había sido conde de Castilla; que una de sus abuelas tuvo trato carnal con Abd al-Rahman III; y otra con el filósofo y médico judío Moses ben Maimón; que otro ancestro suyo había sido tío de un tal Miguel de Cervantes, aquel a quien sapientísimos hombres habían borrado de una calle de Lejona para sustituir su opaco nombre por el del eximio poeta Ormaechea Orive; que otro había sido capitán de los tercios de Flandes y otro obispo de Esmirna, y uno más palafranero de Isabel II la Casta.

Por lo demás, si el niño García Pérez Etcétera se hubiera sentado ante un culo de botella y lo hubiese utilizado como espejo, habría descubierto que poseía en su rostro 9618 pecas, lo cual hubiera podido cambiar el mundo si el maestro no se hubiese largado de su vera por orden superior, pues era el mismo que poseyeron Gobineau y Rosenberg; que brotaban 95 pelos sobre cada uno de sus falanges (muchos de ellos chamuscados en la hoguera que tenía prendida), el mismo número que Hitler lucía; que las medidas de su nariz coincidían milimétricamente con las del más conocido jefe del Ku-Kux-Klan, un tal coronel W.J Simmons; que la implantación de su (nonato) vello público formaba el mismo dibujo que en vida tuvieron Jim Crow y el general Forrest, y, en fin, que la posición de las circunvoluciones cerebrales era idéntica a la que los arqueólogos hallaron en el cráneo de Nerón, y, feliz coincidencia, a las que aún hoy en día eran frecuentes en Africa del Sur y otras famosas regiones de la Tierra.

¿Y qué decir del color de sus ojos y de su sensibilidad gustativa? Los ojos eran de color pardo cuando contemplaba el ocaso y grises al mirar las primeras luces de la mañana. Ni el niño García Pérez se hubiera repuesto de esta sorpresa étnico-antropológica, si la hubiese alcanzado. Por otro lado, le gustaban las sopas de ajo, los garbanzos, las patatas viudas, las sardinas fritas, el tocino y las manzanas verdes. Era tan bueno es esto que incluso fabricaba chicle con un puñado de trigo recogido en las eras o en los campos.

Cualquiera de estos detalles hubiera permitido a un concejal medianamente cultivado o a un alcalde con el segundo curso de EGB aprobado escribir una enciclopedia acerca de la superioridad de aquel pastorcillo perdido bajo el invernal frío de la meseta.

Y si un buen genealogista hubiera echado leña al fuego del informe genético, teniendo en cuenta todos aquellos apellidos ilustres en el macuto vital del niño, a nadie le hubiese sorprendido que vinieran a llevárselo para nombrarlo director de la universidad de Harvard, u obispo de Roma, o rey de España mismamente.

Pero como hacía frío, estaba empezando a nevar, loas cabras se desmandaban, uno de los mulos se había perdido y el cura, el médico, el maestro y su madre estaban lejos, el niño García Pérez Etcétera se puso a llorar en medio del campo, a la sombra de una zarza agostada, y lloraba como un perro, como un perro castellano.”

El País, miércoles, 3 de diciembre de 1980

El franquismo económico en Castilla

Francisco Javier Sánchez

Tal vez no haya suficientes estudios e investigaciones publicadas referidas a la historia económica de Castilla desde la década de 1940 hasta finales de la década de 1970, cuando ya Castilla muestra signos evidentes de la despoblación de la mayoría de sus provincias, después de varias décadas de emigración masiva que fue la consecuencia principal de la política económica que llevaron a cabo los gobiernos de Francisco Franco de los que formaron parte muchos ministros catalanes y vizcaínos que controlaron las áreas de economía, industria y hacienda.

De tal manera que siete provincias castellanas ( Guadalajara, Soria, Segovia, Ávila, Burgos, Palencia y Zamora) tenían más población en el año 1900 que en el año 1981, dato que pone de manifiesto por sí solo el hundimiento económico de Castilla en un siglo que se caracteriza precisamente por los avances imparables en la demografía, en la economía y en la tecnología.

No obstante, en el libro de entrevistas titulado “Diez Castellanos y Castilla” y publicado en el año 1982 por la Editorial Riodelaire dirigida por Juan Pablo Mañueco, en el que aparecen entrevistados ocho castellanos ilustres del momento y no diez, porque hubo dos que no quisieron ser entrevistados sobre las cuestiones esenciales de Castilla, se hace referencia a las escasas inversiones industriales en Castilla y al papel de colonia interior asignado a Castilla, proveedora de mano de obra, suministradora de energía eléctrica por medio de pantanos y centrales nucleares y, también, de recursos hídricos a través del Trasvase Tajo-Segura.

Francisco Fernández Ordóñez, que fue presidente del Instituto Nacional de Industria, en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” contestaba lo siguiente, que es una muestra evidente del papel económico que asignó el franquismo a Castilla.

“¿Juzga suficiente, quien fue presidente del INI, la participación de las inversiones de las empresas públicas en el nivel de desarrollo de Castilla?

-Bueno, en Castilla nada; en Castilla el INI apenas ha aportado nada; ha habido una desatención grande respecto a las inversiones públicas en Castilla.

Históricamente, las inversiones del INI no han sido resultado de verdaderos programas, desgraciadamente. El INI se programó en su primera época, pero ha tenido una segunda fase en que ha jugado el papel de mera respuesta a las grandes quiebras. Se ha seguido el proceso de recibir empresas en crisis, más que el de crearlas.

Pero, por otra parte, el que no haya inversión en Castilla es parte de un problema mucho más grave, es consecuencia de un problema de despoblación. El crear incluso una empresa en Castilla, pública o privada, plantea unos problemas adicionales por falta de infraestructura pública, de apoyos suficientes, pero, además, ahora ya, por falta de lo más básico: de población.

Este es un fenómenos complejo y gravísimo que podríamos denominar el crecimiento desequilibrado de España. Este es un país que está creciendo desequilibradamente. Junto a tierras enormemente desarrolladas, que cada vez van a más, hay tierras rezagadas que cada vez se desequilibran más y se rezagan. Esta realidad a veces se quiere enmascarar aduciendo que en el plano de la renta per cápita las cifras de las regiones pobres se están igualando a las ricas; pero en realidad hay unas regiones que no pierden renta, porque pierden población; y al perder población, se divide entre menos.”

En la conferencia “UNA DEFENSA DE CASTILLA”, pronunciada en el Ateneo barcelonés por el escritor leonés Jesús Torbado el 12 de mayo de 1982, y publicada en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” editado en septiembre de 1982, también se refirió este intelectual a la política económica del franquismo respecto de Castilla.

“Cierto: Pujol y Arzallus han dicho una parte mínima de la verdad. Franco se mantuvo gracias a la Iglesia, al Ejército y a la oligarquía financiera. Pero el nacionalcatolicismo fue una invención de los monseñores Gomá y Plá y Deniel, apellidos que no son frecuentes en mi tierra. Y en cuanto a las oligarquías financieras malamente podrían surgir de una páramo calcinado y semivacío. Por otro lado, y para no hacerme pesado en este punto, el dictador compensó su robo de ciertas libertades con dádivas muy notables a parte de la periferia española y a la ciudad de Madrid, convertida por su culpa en un monstruo industrial innecesario. Los Altos Hornos no se instalaron en Castilla, ni ninguna gran industria. Las materias primas eran manufacturadas -eran y son- en la periferia para luego ser vendidas en el centro: ¿no es eso una cualidad de colonia?. ¿Me equivoco al decir que la meseta central es una colonia de las zonas industriales?. De los 230.000 puestos de trabajo creados por el INI ( es decir, por el dinero de todos) sólo cinco mil han correspondido a las once provincias castellano-leonesas, y casi todos ellos de naturaleza extractiva y energética. Y buena parte de esa inversión se dedicó a inundar los mejores valles de la región para dotar de energía eléctrica a Madrid, al País Vasco y a otras ciudades industriales periféricas.” ( Parte del texto de la conferencia).

También recientemente, Manuel Ángel Castañeda, ex-director de “El Diario Montañés” escribió lo siguiente en “El Diario Montañés” de 15 de enero de 2017 en su artículo “Cantabria, ante la España autonómica”: “Es preciso recordar que la riqueza de Cataluña y el País Vasco provienen, en buena medida, del trato excepcional que el régimen de Franco les otorgó en la ubicación de grandes fábricas y en el trabajo de cientos de miles de emigrantes llegados desde las regiones menos favorecidas”.

A veces es preciso recordar lo que nadie dice ahora, pero que es la constatación evidente de las consecuencias de la nefasta política económica llevada a cabo por el régimen del general Francisco Franco en España: los profundos desequilibrios regionales que fueron ya la base en la que se instaló el llamado Estado de las autonomías y sobre los que descansa.

Herrero y Rodríguez de Miñón, el castellano sin identidad

Francisco Javier Sánchez

Érase una vez un jurista y ex-político castellano, uno de los “siete padres” de la Constitución Española de 1978, que lo fue todo políticamente en las décadas de 1980 y 1990, y que desde hace bastante tiempo se proclama muy amigo y entendedor de las tesis de los nacionalismos vasco y catalán, aunque nunca se le haya oído o leído algo en favor de Castilla.

Se llama nuestro paisano Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, nacido en Madrid en el año 1940, y fue ex-político de la Unión de Centro Democrático y de Alianza Popular. También fue presidente del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra desde los años 2001 a 2003. Actualmente es miembro permanente del Consejo de Estado en España.

Este jurista madrileño ha recibido el Premio Blanquerna de la Generalidad de Cataluña y el Premio Sabino Arana que otorga la Fundación del Partido Nacionalista Vasco. En sus declaraciones defiende la asimetría política del Estado español y el reconocimiento de la singularidad superior de Cataluña y del País Vasco, pero nunca se le ha visto preocupado por los problemas de Castilla.

Herrero ha reivindicado un acuerdo político para resolver “el problema de Cataluña” y evitar un referéndum secesionista sobre la base de reconocer que “Cataluña es una nación y tiene una identidad nacional clarísima” ( “La Vanguardia” de 16 de diciembre de 2013), pero nunca ha dicho nada sobre la esperpéntica fragmentación autonómica de Castilla.

También ha expresado su admiración por el lehendakari Íñigo Urkullu y ha considerado que el Gobierno Vasco no debe “cejar” en su empeño de conseguir una relación de bilateralidad Euskadi-España. Del montón de presidentes autonómicos que tenemos en Castilla no ha dicho tampoco nada.

Propone un pacto de Estado que “blinde las competencias esenciales de Cataluña”, como la lengua, la economía, o las infraestructuras…, pero no se le ha oído decir que en Cataluña se habla castellano y catalán desde hace siglos, ni que la lengua de muchos ciudadanos de allí es la castellana, ni que fue el franquismo el régimen que privilegió a Cataluña y Vascongadas con la ubicación de grandes empresas e infraestructuras que se negaban a Castilla.

Ese blindaje de las competencias de la comunidad autónoma de Cataluña lo propone añadiendo una disposición adicional en la Constitución que exprese el reconocimiento de la “nación catalana”, de su exclusiva política cultural y educativa, -que de hecho y en el fondo ya realiza el nacionalismo gobernante sin contar con los castellanohablantes-, y, por supuesto, que recoja un convenio financiero sufragado con los ingresos tributarios de los ciudadanos españoles de segunda, de tercera, de cuarta y de quinta categoría, categoría última en la que estaríamos los castellanos. Sin embargo, Herrero no ha propuesto una disposición adicional que reconozca a Castilla en su unidad y que favorezca su crecimiento económico, demográfico, social y cultural.

Herrero ha llegado a decir que “es preciso legislar atendiendo a la realidad y la realidad es que Cataluña tiene una identidad que no tenemos en Madrid”( “Tiempo” de 7 de junio de 2013). ¿Qué hubiera pasado si Barcelona se hubiera constituido en comunidad autónoma separada de Cataluña, y que Madrid hubiera quedado dentro de una única comunidad autónoma de Castilla?. ¿ Quién tendría más “identidad”?. ¿Es que los ciudadanos de todas partes no tienen los mismos problemas básicos de trabajo, pagar una hipoteca y sacar adelante una familia, o es que estos problemas en los nacionalistas supremacistas tienen un plus de superioridad?. Herrero no aprecia la falta de reconocimiento de la pluralidad interior de Cataluña y de Vascongadas, y la falta de reconocimiento de la pluralidad la achaca a España, de la que dice que “legislar unilateralmente crea una España hemipléjica”. ¿No es hemiplejia severa la que sufren las comunidades autónomas de Cataluña y Euskadi, señor Herrero?.

Cuartillo del rey Enrique IV de Castilla acuñado en Madrid ( marca de M coronada bajo el castillo)

CUARTILLO ENRIQUE IV MADRID

 

En una especie de confesión personal, ha declarado lo siguiente en una entrevista a “La Vanguardia” de 22 de enero de 2017: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.” No tengo, no tengo…, es venir a decir que no soy nada, no soy nada…, o que soy menos que otros porque no tengo identidad. Con sus declaraciones, da la impresión de que el señor Herrero no habla ninguna lengua conocida del planeta Tierra, y que considera que los otros superiores tienen una tradición política y ostentan un derecho civil desde la época de Túbal, mientras que la tradición política y el derecho civil de los suyos, los castellanos, los inferiores según la asimetría postulada, deben de proceder como mucho de los tiempos del régimen de Franco. Y “eso hay que tenerlo en cuenta”…, para consagrar el Estado asimétrico y la desigualdad entre los ciudadanos españoles, que tanto persigue el señor Herrero.

Desde la incomprensible perspectiva de Herrero, los madrileños deben de tener una lengua impropia e inusual, que no debe coincidir con la de Cervantes siquiera, aunque el año 2016 haya sido el Año de Miguel de Cervantes, su tocayo en la cumbre de la literatura castellana. El color rojo carmesí de la bandera de la Villa de Madrid debe de haber caído del cielo. Y la Corona de Castilla nunca ha contado con ninguna tradición política e histórica de importancia, pues no debe de serlo siquiera su proyección en América o en Filipinas, como la que han podido tener Aragón o Navarra, con una tradición política sin parangón con la escuálida tradición castellana. No le sonará de nada que la Ley Perpetua de Castilla del año 1520 fue el primer precedente constitucional hispánico y europeo, que es como decir del mundo conocido entonces. Y para qué hablar del derecho castellano como fundamento del derecho de Indias y de los posteriores derechos de los países hispanoamericanos, y como soporte principal del derecho civil español.

En fin, el ilustre señor Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón debe de ser un castellano sin ninguna identidad. Qué cuento más triste que es esta triste realidad. Si esta realidad la hubiera conocido el alcalaíno Miguel de Cervantes…

Reformar la Constitución para reconocer a Castilla y a la Corona de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Se está planteando últimamente la necesidad de llevar a cabo en España una reforma de la Constitución. Se tendría que valorar muy bien si realmente hay esa necesidad y calibrar el alcance de lo que se quiere reformar y si interesa a la ciudadanía castellana y al conjunto de la ciudadanía española, o si interesa sólo a los políticos. En principio, debería de servir para reforzar los poderes del Estado y reducir el coste del modelo territorial, de manera que el Estado volviera a asumir las competencias que nunca debió transferir a las comunidades autónomas, tales como la educación, la sanidad, y la administración de justicia.

La última noticia: se ha propagado el rumor de que el Gobierno de la Nación, el que preside hoy en día Mariano Rajoy, estudia la posibilidad de reconocer al menos culturalmente a Cataluña como “nación”. Culturalmente, y vaya usted a saber si después también políticamente…, y financiaremente…, y mundialmente. Financiaremente significa que hay que quitar recursos a las demás comunidades autónomas. Y en lo cultural, el llamado blindaje de la enseñanza única y exclusivamente en lengua catalana o, hablando claro, el muro lingüístico catalán infranqueable, es decir, la tapia cultural que convertiría a Cataluña en un compartimento “paradisíaco, puro y no contaminado”. Y lo más importante, mejor y más abundante financiación autonómica para sufragar, por ejemplo, la calamitosa y doctrinaria enseñanza en Cataluña.

Mientras tanto, en Castilla los ciudadanos seguimos en esa sensación de atonía, de impotencia, de inhibición, de despreocupación, y de conformismo. Los castellanos somos incapaces de salir de ese círculo vicioso cuya fuerza nos atenaza: la fuerza del nacionalismo español, por un lado, y la fuerza de los nacionalismos periféricos, por otro lado. El círculo vicioso de la presión mediática, informativa, social e ideológica de los llamados nacionalismos periféricos ( de profunda castellanofobia) y la del llamado nacionalismo español ( que necesita a lo castellano y a Castilla como algo caído del cielo para sustentar y soportar su concepción plana de España, que lleva implícita la desintegración material de Castilla). Presiones del círculo vicioso que se retroalimentan entre ellas, sin importarles que gran parte de Castilla se vaya convirtiendo en un desierto demográfico y humano.

Ni a los nacionalismos periféricos ni al nacionalismo español les interesa el resurgimiento de Castilla. No les interesa el resurgimiento material de Castilla: el resurgimiento económico, humano, demográfico, y social de Castilla. Y sin resurgimiento material no hay resurgimiento cultural, pues sin hombres y mujeres de Castilla no hay cultura castellana; como mucho quedaría el estudio de la universal cultura castellana y de la historia pasada. Y no abonan tampoco esos nacionalismos en modo alguno el loable y noble ideal de la fusión de las artificiales comunidades castellanas, objetivo que no impide expresamente la Constitución, dado que sólo inadmite la federación de comunidades autónomas. Pero su Título VIII sí propició notablemente por medio de los partidos políticos que dominaban los ayuntamientos y las diputaciones provinciales la fragmentación de las dos Castillas y León en arbitrarias comunidades autónomas. Consolidar el actual modelo asimétrico, el de que unas comunidades autónomas -que ya tenemos más o menos en mente cuáles serían- son más, mejores y más guays que otras comunidades autónomas, es una perspectiva muy poco inteligente, y de muy poco futuro, pero cuya senda parecen dispuestos a seguir hasta los del partido político de Mariano Rajoy. ¿Pero puede ser todavía más asimétrica y, por tanto, desigualitaria la actual organización territorial del Estado?. Algunos parecen que están dispuesto a ello, no nos engañemos. Sin embargo, una reforma constitucional debería dirigirse a hacer desaparecer privilegios como los conciertos fiscales, y a hacer efectiva la igualdad y la libertad de los ciudadanos españoles residan donde residan: pero esto no parece interesar a un Estado que debiera encaminarse a la modernidad.

Además, una reforma de la Constitución debería facilitar la cooperación y la unión entre las cinco comunidades autónomas castellanas ( las que llevan como nombres Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha). Y también debería expresar un reconocimiento de tipo institucional hacia la antigua Corona de Castilla, Estado histórico que junto con la antigua Corona de Aragón y el Reino de Navarra conforman la actual España. Aunque también se prevean en los estatutos de autonomía mecanismos de cooperación autonómica y los procedimientos de incorporación de provincias limítrofes.

Mapa de las ciudades con procuradores en las Cortes de Castilla en el siglo XVI

provincias-en-las-cortes-de-castilla

Lo ilógico y lo lógico en Castilla

Pedro López Ocaña
Acabo de ver un mapa en el periódico “La Vanguardia”, que colorea las comunidades autónomas, desde el rojo fuerte al blanco según el gasto sanitario por habitante, correspondiendo el rojo a las que más gastan. Por dar una somera idea, la “Comunidad de Madrid” está en el blanco, “Castilla-La Mancha” es la tercera contando desde el blanco, “Castilla y León” la cuarta, Extremadura junto con el País Vasco en el rojo, es decir, esas últimas las que más gastan por habitante y las tres primeras, incluyendo la nuestra, la que llaman los políticos “Castilla-La Mancha”, las que menos; el resto oscilan en posiciones intermedias.

¿Tiene lógica esta clasificación? Pero se me ocurren otras cuestiones ilógicas en nuestra región.

¿Es lógico que la distribución sanitaria sea la que es? Es decir, que en Madrid o en Valencia, por citar dos comunidades distintas, ¿no pueda tenerse acceso a nuestro historial médico, y viceversa?.

¿Es lógico que para recibir determinados tratamientos médicos que no pueden hacerse en Cuenca nos hagan ir desde Tarancón a Albacete, a Alcázar de San Juan o a Toledo, lejanas y sin comunicación por transporte público, teniendo la ciudad de Madrid a 80 kilómetros y con un buen servicio de transporte y varios hospitales altamente especializados?. Santa Cruz de la Zarza, la comarca toledana de La Sagra y parte de la provincia de Guadalajara sí pueden, ¿por qué ellos sí y nosotros no?. ¿Es lógico?.

¿Es lógico que en una comunidad tan grande como “Castilla-La Mancha”, con tan malas comunicaciones y sin hospitales de alta especialización, se la convierta en una enorme isla sanitariamente incomunicada?.

¿Es lógico que en provincias con pequeños núcleos muy envejecidos, con muchos problemas para desplazarse a consultas y hospitales, no se subvencione con complementos al transporte colectivo no rentable (como se hacía hace años) para que la población no termine emigrando?.

¿Es lógico que una sola comunidad autónoma y concretamente una de sus provincias ( Guadalajara) albergue dos centrales nucleares, dos almacenes de residuos radiactivos temporales individualizados en piscinas ATI, y otra provincia como Cuenca un ATC (almacén temporal centralizado de residuos radiactivos de alta actividad ) a escasos 50 kilómetros de la mayor industria cárnica de la región y con los camiones de residuos radiactivos que necesariamente pasarán a su lado?.

¿Es lógico que una de las comunidades más secas, más pobre y con menos regadío de España, tenga que abastecer de agua para riego y boca a Murcia, Almería, Alicante y Valencia, mientras los pueblos ribereños de los embalses abastecedores tienen que ser abastecidos con camiones cisterna?. (Por mucho que los receptores puedan pagarla).

¿Es lógico que el Gobierno Español, incapaz de articular un sistema nacional solidario de abastecimiento de aguas sobrantes, consienta que sólo esta región, por obligación, tenga que ser la única solidaria?.

¿Tiene lógica o sentido común que las diferentes comunidades autónomas castellanas no busquen alguna fórmula descentralizada de unión política y económica entre ellas, ante las dos posibilidades de la nueva España que se avecina, la federal o la plurinacional?. ¿Qué seremos los castellanos si no lo hacemos?.

¿Tenemos futuro?. ¿Piensan nuestros políticos en todas estas cosas?. ¿En cómo contener la despoblación y el envejecimiento?. Porque no me gustaría tener que pensar que lo importante son los sillones y los reinos de taifas. Porque esto sí que no sería lógico, ni admisible.

Perdonen la impertinencia desde Tarancón.

Manifiesto de la Sociedad Intercastellana de 2004

“Sociedad intercastellana” fue una asociación cultural creada en Guadalajara por varias personas como Juan Pablo Mañueco, César Javier Gonzalo Gayo, Julio Lopezosa Espliego, Clemente de los Santos. Prácticamente su única actividad fue la redacción y divulgación de un Manifiesto por la unidad de Castilla, ampliamente difundido, pero poco aceptado por otras entidades y asociaciones culturales. El Manifiesto de Intercastellana, sin embargo, por su sencillez, claridad y sentido común, sigue circulando por diferentes vías en la actualidad. En esencia, decía:

1. Castilla posee una personalidad cultural propia entre los pueblos de España, una historia singular y unas manifestaciones artísticas, literarias, folklóricas, etnológicas, lingüísticas y humanas específicas, expresadas a través de su trayectoria secular, primero como Estado histórico independiente y después como nacionalidad histórica o pueblo peculiar entre los restantes de la Península, cuyo reconocimiento y expresión deben normalizarse en todos los ámbitos oficiales de España.
2. Las señas de la cultura castellana son comunes a varias de las Comunidades autónomas existentes en estos momentos en España, como lo demuestra el hecho de que algunas de ellas compartan el mismo nombre de Castilla. También sus estatutos de autonomía dejan abierta la puerta a una posible integración en una Castilla mayor. Hecho que también se recoge en los símbolos actuales de esas Comunidades, y mucho más, naturalmente en sus símbolos históricos.
3. Este hecho debe ser reconocido por el Estado y debe fomentarse colaboración cultural, cuando menos, entre los organismos y las personas de esas Comunidades que participan en mayor o menor grado en las señas propias de lo castellano, para lograr en el mayor grado que las leyes permitan una mayor afinidad intercastellana.
4. Nada impide y sí es mucho lo aconseja que se fomente desde este mismo momento la colaboración cultural, deportiva, musical y etnográfica entre las varias comunidades españolas con raíces indudables en Castilla. El interés de los castellanos y hasta el mismo interés general de España así lo aconseja, porque a todos los castellanos y a todos los españoles conviene que las tierras centrales de la Península se hallen cohesionadas y fuertes para solidarizarse, de igual a igual, con las restantes Comunidades de España.
5. Todo ello, pero en especial el punto 4, perfectamente constitucional y deseable, lo demandamos a las autoridades españolas y nos comprometemos a orientar nuestras acciones en este sentido desde este mismo momento.

Sociedad Intercastellana. Asociación Cultural

La Puerta del Sol de Madrid

José Manuel Castellanos Oñate

¿Tomó la famosa Puerta del Sol su nombre de un castillo construido en ese lugar por los madrileños, fieles en su mayoría al emperador don Carlos, para impedir que los comuneros entraran en la villa durante el alzamiento de 1520? Según parece, muchos todavía lo creen así. Y hoy día se sigue afirmando, por ejemplo, en referencia a ese momento histórico, que “las autoridades de la Villa, a fin de solucionar los problemas del bandolerismo generados por el descontento y malestar, además del hambre, ante la impotencia de solucionar el asunto deciden construir una especie de fuerte que los proteja. De este modo mandan cavar un foso y construir un castillo. La puerta principal de éste daba acceso a la ciudad. Así, pretendían frenar la ola de violencia e indignación de los comuneros cerrándoles el paso. En la puerta del fuerte pintan la figura de un sol”. Pero nada de esto ocurrió de la manera descrita: ni en su fondo, ni en sus detalles.

El primero que habló sobre el supuesto castillete con el sol pintado fue el maestro y preceptor del Estudio de Gramática de la villa Juan López de Hoyos, en 1572, en su Real aparato y suntuoso recibimiento a doña Ana de Austria (y al leer sus palabras no hay que olvidar que los cronistas de los siglos XVI y XVII que historiaron el pasado madrileño tuvieron buen cuidado de dulcificar, tergiversar o directamente ocultar todos aquellos episodios que pudieran haber supuesto deslealtad a la dinastía entonces reinante): «Tuuo este nombre por dos razones. La primera por estar ella a Oriente (…). La segunda porque en el tiempo que en España vuo aquellos alborotos que comúnmente llaman las Communidades, este pueblo, por tener guardado su término de los vandoleros y communeros, hizo vn fosso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabricó vn castillo, en el qual pintaron un sol encima de la puerta, que era el común tránsito y entrada a Madrid. Y después de la pacificación y quietud destos reynos (…), este castillo y puerta se derribó para ensanchar y desenfadar vna tan principal salida como es ésta desta puerta; por el sol que allí estaua llamaron todos a este término la puerta del Sol».

Muy pocos años después, entre 1574 y 1578, se realizaron las Relaciones topográficas de los pueblos de España, elaboradas a partir de cuestionarios a los que dieron respuesta en cada concejo dos o más personas «de las que más noticia tuvieren de las cosas del pueblo y su tierra». En lo relativo a la villa de Madrid, las Relaciones volvieron a recoger sin variación alguna la tradición del castillete referida por López de Hoyos, cosa comprensible si se tiene en cuenta el prestigio del erudito madrileño y lo reciente de la publicación de su obra: «Por la parte del Oriente, que es la Puerta del Sol, llamada así porque en tiempo de las Comunidades se hizo allí un castillo con un sol encima, castillo que mandó derribar el Emperador, si bien la puerta conservó dicho nombre». A partir de ese momento, la fábula hizo fortuna y llegó intacta hasta nuestros días, aunque la realidad histórica fue sin duda bien distinta…

La llamada cerca (que no muralla) del arrabal, con fábrica de mampostería, escasa de altura y sin torres, se construyó muy probablemente en las décadas de 1430 ó 1440 para delimitar los arrabales de San Martín, San Ginés y Santa Cruz, a consecuencia, quizá, de la epidemia de peste que asoló la villa en 1438; su carácter nunca fue militar, sino meramente sanitario y administrativo. Fuera o no aquélla la fecha de su erección, sus portillos están ya documentados entre 1478 y 1502: puerta de San Millán/Toledo, puerta de Atocha, puerta del Sol, postigo de San Martín y puerta de Santo Domingo.

Con respecto a la etimología de la puerta que nos ocupa, la del Sol, ésta entrada a la villa aparece ya referida con tal denominación en el acta concejil de 18 de julio de 1478; tras ésta, en las de 14 de abril de 1488 y 2 de marzo de 1496. Ya se llamaba así, por lo tanto, mucho antes de la guerra de las Comunidades; su nombre lo habría tomado, sin duda, por abrirse a oriente, mirando hacia Alcalá de Henares y Guadalajara. Su carácter de simple portón se adecentó un poco en 1502, con motivo del recibimiento a los príncipes doña Juana y don Felipe en su camino hacia Toledo: el 24 de enero de dicho año se acordó «quel mayordomo haga la puerta del Sol tapiada e almenada, y la puerta grande que quepan dos carretas juntas». Los agasajados llegaron a la villa entre el 16 y el 28 de marzo, por la actual calle del Carmen -entonces ronda exterior de la cerca del arrabal-, entraron por esta puerta del Sol, y después de traspasar la de Guadalajara continuaron por la calle Mayor o por la de Santiago hasta llegar al alcázar; Juana y Felipe permanecieron en Madrid hasta después del 8 de abril y su partida discurrió por la puerta de Guadalajara, plaza del Arrabal (hoy, Mayor) y calle de Toledo. Los príncipes llegaron a esta última ciudad el 7 de mayo, reuniéndose allí con los Reyes Católicos, y días después fueron jurados en ella como herederos de la corona.

Dos décadas más tarde tuvo lugar el alzamiento comunero: aunque no hay constancia documental de ello, no puede descartarse que llegara a construirse algún tipo de fortificación en esa puerta del Sol en dos momentos concretos de la contienda. El primero de ellos, a mediados de agosto de 1520, cuando los comuneros madrileños todavía no se habían hecho con el control del alcázar y sospechaban que el alcaide Francisco de Vargas, que se encontraba en Alcalá de Henares, podría estar intentando reunir tropas para reducir a los sublevados madrileños. Y el segundo momento, unas semanas después, ya que el 6 de septiembre aparece la única referencia documental relativa a trabajos adicionales de fortificación realizados en esa puerta durante todo el conflicto: con el alcázar ya rendido a los comuneros y toda la villa bajo el mando del concejo revolucionario, éste acordó reforzar la escasa protección que la cerca del arrabal brindaba al flanco oriental de la villa, y entre otras medidas dispuso «que a la Puerta del Sol se hagan puertas e se tapien».

En cualquiera de los dos casos, esta mínima fortificación adicional (el legendario castillete de la tradición creada por López de Hoyos) habría sido obra de los comuneros madrileños para defenderse de los realistas y no al contrario.

La puerta del Sol se reformó nuevamente en 1538, reconstruyéndola con ladrillo y cal, con «un cimiento en todo lo ancho de la calle, de tres pies de grueso y de media vara de alto», y con seis almenas en lo alto. Fue definitivamente derribada en los últimos años del siglo XVI o primeros del siguiente; en el plano de Frederic de Wit, de 1635, ya no aparece.

(José Manuel Castellanos Oñate es autor entre otras obras del libro “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”, editado por la Asociación Cultural “La Gatera de la Villa”. La imagen que ilustra la entrada corresponde al Plano del cartógrafo portugués Pedro Teixeira del año 1656).

La consolidación de Castilla y León en la Edad Media

Francisco Javier Sánchez

Retomemos la historia de nuestra tierra con datos curiosos. Durante los siglos XI a XIII los reinos de León y Castilla se fortalecieron y fueron ocupando una posición hegemónica dentro de la Península Ibérica.

Alfonso VI de Castilla y León fue un rey fundamental en la expansión territorial y en la repoblación al sur del Duero, aprovechando la división del califato de Córdoba en múltiples taifas. En esa época se lleva a cabo la toma de Madrid y su alcázar ( año 1083), en cuya conquista fueron protagonistas unos soldados que escalaron la muralla por la noche y abrieron la ciudad al grueso del ejército. Su habilidad llamó la atención del rey, que estaba presente, al exclamar que parecían gatos. Esta anécdota, que no se sabe si es cierta o no, originó el sobrenombre de gatos con que se conoce a los nacidos en Madrid.

Pero Madrid era sólo la antesala para la toma de Toledo ( año 1085) mediante un pacto por el que se respetaban los derechos y propiedades de los musulmanes que decidieran continuar en la ciudad bajo el poder cristiano. Fue un hecho decisivo pues era la primera vez que una taifa musulmana con su capital intacta pasaba a dominio cristiano, con la carga ideológica que suponía detentar la antigua cabeza de la España visigoda. Tan limpia fue la entrega que se conserva íntegra una antigua mezquita construida en el año 999, la Ermita del Cristo de la Luz.

En tiempos de Alfonso VI destacó la figura del Cid Campeador, que fue capaz de tomar la ciudad de Valencia ( año 1094), ante la amenaza de los ejércitos almorávides que vinieron del norte de África en respuesta al duro golpe de la pérdida de Toledo. Pero tras la muerte del Cid, el mismo rey decide abandonar Valencia en 1099 ante la imposibilidad de defenderla.

A Alfonso VI, le sucede su hija Urraca, y seguidamente el hijo de ésta y de Raimundo de Borgoña, Alfonso VII, que inicia la nueva dinastía de la Casa de Borgoña.

Alfonso VII, ante la debilidad de Aragón tras la muerte de Alfonso I el Batallador, se proclama emperador de toda España e impone su influencia a los restantes reinos hispánicos. Pero no puede impedir que el condado de Portugal se convirtiera en reino separado. Consigue desplazar la frontera hasta Sierra Morena y mantener durante algún tiempo plazas andaluzas como Almería.

La crónica de la conquista de Almería ( año 1147), escrita en latín, describe a los castellanos con rendida admiración, que hoy puede resultar llamativa:

“Mirad como avanzan los mil escuadrones de Castilla, ciudadanos famosos, potentes a través de los siglos. Brillan sus campamentos como los astros del cielo; relucen como el oro. Llevan vajilla de plata y la pobreza no existe entre ellos. Son fuertes, seguros en el combate; ni uno solo torpe, ni débil, ni mendigo. En sus tiendas hay abundancia de carne y vino, y pan de trigo sin medida. Sus armas son tantas como las estrellas del cielo. Van en caballos protegidos por gualdrapas y armaduras de hierro. Su lengua resuena como trompeta con tambor. Siempre altivos, tienen la confianza en su poderío. Los hombres de Castilla fueron rebeldes durante siglos.”

También esta crónica recoge que el símbolo del león se hallaba bordado en las banderas de Alfonso VII de León y Castilla, emblema que identificaba a la totalidad de sus reinos al promediar el siglo XII. Símbolo del león que ya aparece por primera vez en un sello de cera de un documento de 1098 que se conserva en la catedral leonesa.

A la muerte de Alfonso VII ( año 1157), Castilla y León se separan durante un tiempo: Fernando II es rey de León y Sancho III es rey de Castilla. Pero éste muere prematuramente, convirtiéndose en rey de Castilla el niño Alfonso VIII nacido en Soria.

Por la tutoría del niño luchan las familias de los Lara y los Castro. Los Lara consiguen llevar a Alfonso VIII desde Soria a Atienza, una de las villas mejor fortificadas. Pero ante el asedio de los Castro apoyados por tropas del rey de León, los arrieros de Atienza consiguen sacar al rey niño disfrazado de arriero entre ellos y llevarlo hasta Segovia y Ávila en una huída que duró siete días. Desde entonces se celebra la llamada Caballada de Atienza, en recuerdo de esa gesta, al son de la dulzaina y el tamboril. A partir de 1170 Alfonso VIII consolida su política tanto en el norte, otorgando Fueros a las villas marineras de Castilla la Vieja (Castro, Laredo, Santander y San Vicente), como en el sur, conquistando Cuenca y su territorio.

Tras el desastre de Alarcos en 1195, Castilla lideró la campaña de las Navas de Tolosa en el año 1212, con una resonante victoria que dejó despejado el camino definitivo hacia Andalucía. Después de esta batalla, se considera que Alfonso VIII mandó poner en su pendón el castillo de oro sobre campo bermejo, aunque el castillo ya se plasmaba como símbolo heráldico en sellos reales y signos rodados desde 1178. Se piensa que el castillo de Uclés, en la actual provincia de Cuenca, inspiró la forma del símbolo heráldico de Castilla, como se aprecia en la miniatura del Tumbo Menor de Castilla, donde aparecen representados Alfonso VIII y su mujer Leonor en la entrega de dicho castillo a la Orden de Santiago.

A Fernando II de León le sucedió Alfonso IX, que convocó por primera vez a los representantes de las ciudades, junto a nobleza y clero, en el año 1188 en la ciudad de León. De esta manera surgieron las primeras Cortes de tipo parlamentario de Europa, que reconocieron algunos derechos como la inviolabilidad del domicilio y del correo, y la necesidad del rey de convocar Cortes para hacer la guerra o declarar la paz.

Resumiendo, creo que una vez más hay que estar orgullosos de la historia de nuestra tierra. Por último, recordar que los reinos de Castilla y León se unen definitivamente en el lejano año 1230 con Fernando III el Santo, no separándose nunca más.