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El niño García Pérez Etcétera, de Jesús Torbado

Juan Pablo Mañueco

Jesús Torbado, un leonés nacido en 1943, a quien tuve el placer de conocer con ocasión de la entrevista que le hice para el libro “Diez castellanos y Castilla”, y que el 3 de diciembre de 1980 publicó en el diario “El País” este artículo que resume mejor que nada lo que pasó con el ninguneo de Castilla y su cultura en la época de la Transición española.

El artículo no debería ignorarse si ahora se van a corregir algunas cosas que se hicieron mal en aquellos años de la Transición: la desigualdad entre los territorios de España y el olvido, partición y aventamiento de Castilla, por ejemplo.

El artículo, más bien, debería ser de gustosa lectura en todas las escuelas de Castilla y de obligado conocimiento por todo aquel candidato o candidata que quisiera dedicarse a la política en cualquier provincia de Castilla.

EL NIÑO GARCÍA PÉREZ ETCÉTERA,
de Jesús Torbado

Nota aclaratoria.- Poco antes de la publicación de este artículo la oposición de izquierdas y progresista en Euskadi había cuestionado una campaña del gobierno peneuvista entre los escolares en la cual se aplicaban criterios antropométricos para determinar las características faciales y corporales de los escolares, así como se analizaba la genealogía de los alumnos, valorando el número de apellidos vascos.

EL AIRADO VIENTO DE LOS PÁRAMOS mesetarios le enrojecía las orejas y fijaba bajo su naricilla dos sucios velones que le alumbraban al santo de los fríos y de la desolación. Un agujereado tapabocas granate se anudaba alrededor de su cuello, por encima de la pelliza de plástico ajado que la había mandado un primo suyo establecido en la capital. El niño García Pérez Etcétera vigilaba el confuso rebaño que su padre le había dado en mando: dos docenas de ovejas, siete cabras, una vaca, dos mulos y un asno. Una pareja de lebreles le hacía compañía aquella mañana helada de la estepa. El niño García Pérez Etcétera no tenía nada mejor que hacer.

Del pueblo se habían ido el cura, el médico y el maestro. El maestro había sido el último. Los señores de Madrid habían dicho que no quedaba dinero para costear su salario en la escuela rural y lo habían mandado a poner escuela veinte kilómetros más lejos. Los señores de Madrid habían entregado 2.000 millones de pesetas para las ikastolas del Norte y otros muchos para las escolas del Este, así que no disponían ya de las 800.000 pesetas anuales que el maestro cobraba.

Pero el camino hasta la nueva escuela era arenoso y áspero y se tardaba mucho en llegar. Los señores de Madrid habían unido con autopistas todas las capitales de provincia del Norte y del Este y no tenían ya dinero para echar grava sobre aquel polvoriento-lodoso camino.

Como la camioneta tardaba tanto en llevar a los trece niños del pueblo hasta la nueva escuela, el padre del niño García Pérez prefirió que cuidase el ganado en lugar de tener todo el día al chiquillo por esos malos caminos de Dios. Ahora, la vieja escuela iba tomando forma de todos los pajares semiderruídos del pueblo: llenos de gatos en celo, palomas en los desvanes, lagartijas aletargadas y arañas dormidas dentro de sus capullos.

Del médico sólo los más antiguos se acordaban. Cuando el niño García Pérez Etcétera se ponía malo, le daban leche caliente con vino y mielo, y eso lo curaba todo, salvo los sabañones invernales, que no tenían cura, y las diarreas del verano a las que ya estaba acostumbrado. Médicos quedaban por ahí, desde luego, pero se dedicaban a contar los pelos que los niños del Norte tenían en las falanges de los dedos de los pies, a fiscalizar sus pecas, a medir sus cráneos y narices: estaban demasiado ocupados como para cuidar las pulmonías del niño García Pérez y de sus compañeros.

Y como el muchacho no iba a tener jamás una escuela a donde ir, toda su vida ignoraría algunos esencialísimos detalles de sí mismo, especialmente las claves de su código genético. A él y a su padre y a su abuelo no le importaban demasiado, pero la sociedad en que vivían padecería una terrible e inevitable carencia; la patria en que había nacido se tambalearía ante la flojedad de aquellos cimientos humanos del zagal que pisoteaba los terrones de la meseta.

Porque era una delicada e importante cuestión. Den entre los cientos de García, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Martínez y Suárez de su nombre, un estudio científico de aquel niño hubiera podido deducir notabilísimas conclusiones.

Hubiera adivinado, por ejemplo, que uno de sus antepasados fue el emperador Teodosio el Grande, que dejó preñada a una sus esposas cuando salió de Coca (Segovia) para gobernar el Imperio romano; que otro de ellos había luchado con Hernán Cortés en la conquista de México; que otro había sido conde de Castilla; que una de sus abuelas tuvo trato carnal con Abd al-Rahman III; y otra con el filósofo y médico judío Moses ben Maimón; que otro ancestro suyo había sido tío de un tal Miguel de Cervantes, aquel a quien sapientísimos hombres habían borrado de una calle de Lejona para sustituir su opaco nombre por el del eximio poeta Ormaechea Orive; que otro había sido capitán de los tercios de Flandes y otro obispo de Esmirna, y uno más palafranero de Isabel II la Casta.

Por lo demás, si el niño García Pérez Etcétera se hubiera sentado ante un culo de botella y lo hubiese utilizado como espejo, habría descubierto que poseía en su rostro 9618 pecas, lo cual hubiera podido cambiar el mundo si el maestro no se hubiese largado de su vera por orden superior, pues era el mismo que poseyeron Gobineau y Rosenberg; que brotaban 95 pelos sobre cada uno de sus falanges (muchos de ellos chamuscados en la hoguera que tenía prendida), el mismo número que Hitler lucía; que las medidas de su nariz coincidían milimétricamente con las del más conocido jefe del Ku-Kux-Klan, un tal coronel W.J Simmons; que la implantación de su (nonato) vello público formaba el mismo dibujo que en vida tuvieron Jim Crow y el general Forrest, y, en fin, que la posición de las circunvoluciones cerebrales era idéntica a la que los arqueólogos hallaron en el cráneo de Nerón, y, feliz coincidencia, a las que aún hoy en día eran frecuentes en Africa del Sur y otras famosas regiones de la Tierra.

¿Y qué decir del color de sus ojos y de su sensibilidad gustativa? Los ojos eran de color pardo cuando contemplaba el ocaso y grises al mirar las primeras luces de la mañana. Ni el niño García Pérez se hubiera repuesto de esta sorpresa étnico-antropológica, si la hubiese alcanzado. Por otro lado, le gustaban las sopas de ajo, los garbanzos, las patatas viudas, las sardinas fritas, el tocino y las manzanas verdes. Era tan bueno es esto que incluso fabricaba chicle con un puñado de trigo recogido en las eras o en los campos.

Cualquiera de estos detalles hubiera permitido a un concejal medianamente cultivado o a un alcalde con el segundo curso de EGB aprobado escribir una enciclopedia acerca de la superioridad de aquel pastorcillo perdido bajo el invernal frío de la meseta.

Y si un buen genealogista hubiera echado leña al fuego del informe genético, teniendo en cuenta todos aquellos apellidos ilustres en el macuto vital del niño, a nadie le hubiese sorprendido que vinieran a llevárselo para nombrarlo director de la universidad de Harvard, u obispo de Roma, o rey de España mismamente.

Pero como hacía frío, estaba empezando a nevar, loas cabras se desmandaban, uno de los mulos se había perdido y el cura, el médico, el maestro y su madre estaban lejos, el niño García Pérez Etcétera se puso a llorar en medio del campo, a la sombra de una zarza agostada, y lloraba como un perro, como un perro castellano.”

El País, miércoles, 3 de diciembre de 1980

Herrero y Rodríguez de Miñón, el castellano sin identidad

Francisco Javier Sánchez

Érase una vez un jurista y ex-político castellano, uno de los “siete padres” de la Constitución Española de 1978, que lo fue todo políticamente en las décadas de 1980 y 1990, y que desde hace bastante tiempo se proclama muy amigo y entendedor de las tesis de los nacionalismos vasco y catalán, aunque nunca se le haya oído o leído algo en favor de Castilla.

Se llama nuestro paisano Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, nacido en Madrid en el año 1940, y fue ex-político de la Unión de Centro Democrático y de Alianza Popular. También fue presidente del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra desde los años 2001 a 2003. Actualmente es miembro permanente del Consejo de Estado en España.

Este jurista madrileño ha recibido el Premio Blanquerna de la Generalidad de Cataluña y el Premio Sabino Arana que otorga la Fundación del Partido Nacionalista Vasco. En sus declaraciones defiende la asimetría política del Estado español y el reconocimiento de la singularidad superior de Cataluña y del País Vasco, pero nunca se le ha visto preocupado por los problemas de Castilla.

Herrero ha reivindicado un acuerdo político para resolver “el problema de Cataluña” y evitar un referéndum secesionista sobre la base de reconocer que “Cataluña es una nación y tiene una identidad nacional clarísima” ( “La Vanguardia” de 16 de diciembre de 2013), pero nunca ha dicho nada sobre la esperpéntica fragmentación autonómica de Castilla.

También ha expresado su admiración por el lehendakari Íñigo Urkullu y ha considerado que el Gobierno Vasco no debe “cejar” en su empeño de conseguir una relación de bilateralidad Euskadi-España. Del montón de presidentes autonómicos que tenemos en Castilla no ha dicho tampoco nada.

Propone un pacto de Estado que “blinde las competencias esenciales de Cataluña”, como la lengua, la economía, o las infraestructuras…, pero no se le ha oído decir que en Cataluña se habla castellano y catalán desde hace siglos, ni que la lengua de muchos ciudadanos de allí es la castellana, ni que fue el franquismo el régimen que privilegió a Cataluña y Vascongadas con la ubicación de grandes empresas e infraestructuras que se negaban a Castilla.

Ese blindaje de las competencias de la comunidad autónoma de Cataluña lo propone añadiendo una disposición adicional en la Constitución que exprese el reconocimiento de la “nación catalana”, de su exclusiva política cultural y educativa, -que de hecho y en el fondo ya realiza el nacionalismo gobernante sin contar con los castellanohablantes-, y, por supuesto, que recoja un convenio financiero sufragado con los ingresos tributarios de los ciudadanos españoles de segunda, de tercera, de cuarta y de quinta categoría, categoría última en la que estaríamos los castellanos. Sin embargo, Herrero no ha propuesto una disposición adicional que reconozca a Castilla en su unidad y que favorezca su crecimiento económico, demográfico, social y cultural.

Herrero ha llegado a decir que “es preciso legislar atendiendo a la realidad y la realidad es que Cataluña tiene una identidad que no tenemos en Madrid”( “Tiempo” de 7 de junio de 2013). ¿Qué hubiera pasado si Barcelona se hubiera constituido en comunidad autónoma separada de Cataluña, y que Madrid hubiera quedado dentro de una única comunidad autónoma de Castilla?. ¿ Quién tendría más “identidad”?. ¿Es que los ciudadanos de todas partes no tienen los mismos problemas básicos de trabajo, pagar una hipoteca y sacar adelante una familia, o es que estos problemas en los nacionalistas supremacistas tienen un plus de superioridad?. Herrero no aprecia la falta de reconocimiento de la pluralidad interior de Cataluña y de Vascongadas, y la falta de reconocimiento de la pluralidad la achaca a España, de la que dice que “legislar unilateralmente crea una España hemipléjica”. ¿No es hemiplejia severa la que sufren las comunidades autónomas de Cataluña y Euskadi, señor Herrero?.

En una especie de confesión personal, ha declarado lo siguiente en una entrevista a “La Vanguardia” de 22 de enero de 2017: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.” No tengo, no tengo…, es venir a decir que no soy nada, no soy nada…, o que soy menos que otros porque no tengo identidad. Con sus declaraciones, da la impresión de que el señor Herrero no habla ninguna lengua conocida del planeta Tierra, y que considera que los otros superiores tienen una tradición política y ostentan un derecho civil desde la época de Túbal, mientras que la tradición política y el derecho civil de los suyos, los castellanos, los inferiores según la asimetría postulada, deben de proceder como mucho de los tiempos del régimen de Franco. Y “eso hay que tenerlo en cuenta”…, para consagrar el Estado asimétrico y la desigualdad entre los ciudadanos españoles, que tanto persigue el señor Herrero.

Desde la incomprensible perspectiva de Herrero, los madrileños deben de tener una lengua impropia e inusual, que no debe coincidir con la de Cervantes siquiera, aunque el año 2016 haya sido el Año de Miguel de Cervantes, su tocayo en la cumbre de la literatura castellana. Y la Corona de Castilla nunca ha contado con ninguna tradición política e histórica de importancia, pues no debe de serlo siquiera su proyección en América o en Filipinas, como la que han podido tener Aragón o Navarra, con una tradición política sin parangón con la escuálida tradición castellana. No le sonará de nada que la Ley Perpetua de Castilla del año 1520 fue el primer precedente constitucional hispánico y europeo, que es como decir del mundo conocido entonces. Y para qué hablar del derecho castellano como fundamento del derecho de Indias y de los posteriores derechos de los países hispanoamericanos, y como soporte principal del derecho civil español.

En fin, el ilustre señor Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón debe de ser un castellano sin ninguna identidad. Qué cuento más triste que es esta triste realidad. Si esta realidad la hubiera conocido el alcalaíno Miguel de Cervantes…

Manifiesto de la Sociedad Intercastellana de 2004

“Sociedad intercastellana” fue una asociación cultural creada en Guadalajara por varias personas como Juan Pablo Mañueco, César Javier Gonzalo Gayo, Julio Lopezosa Espliego, Clemente de los Santos. Prácticamente su única actividad fue la redacción y divulgación de un Manifiesto por la unidad de Castilla, ampliamente difundido, pero poco aceptado por otras entidades y asociaciones culturales. El Manifiesto de Intercastellana, sin embargo, por su sencillez, claridad y sentido común, sigue circulando por diferentes vías en la actualidad. En esencia, decía:

1. Castilla posee una personalidad cultural propia entre los pueblos de España, una historia singular y unas manifestaciones artísticas, literarias, folklóricas, etnológicas, lingüísticas y humanas específicas, expresadas a través de su trayectoria secular, primero como Estado histórico independiente y después como nacionalidad histórica o pueblo peculiar entre los restantes de la Península, cuyo reconocimiento y expresión deben normalizarse en todos los ámbitos oficiales de España.
2. Las señas de la cultura castellana son comunes a varias de las Comunidades autónomas existentes en estos momentos en España, como lo demuestra el hecho de que algunas de ellas compartan el mismo nombre de Castilla. También sus estatutos de autonomía dejan abierta la puerta a una posible integración en una Castilla mayor. Hecho que también se recoge en los símbolos actuales de esas Comunidades, y mucho más, naturalmente en sus símbolos históricos.
3. Este hecho debe ser reconocido por el Estado y debe fomentarse colaboración cultural, cuando menos, entre los organismos y las personas de esas Comunidades que participan en mayor o menor grado en las señas propias de lo castellano, para lograr en el mayor grado que las leyes permitan una mayor afinidad intercastellana.
4. Nada impide y sí es mucho lo aconseja que se fomente desde este mismo momento la colaboración cultural, deportiva, musical y etnográfica entre las varias comunidades españolas con raíces indudables en Castilla. El interés de los castellanos y hasta el mismo interés general de España así lo aconseja, porque a todos los castellanos y a todos los españoles conviene que las tierras centrales de la Península se hallen cohesionadas y fuertes para solidarizarse, de igual a igual, con las restantes Comunidades de España.
5. Todo ello, pero en especial el punto 4, perfectamente constitucional y deseable, lo demandamos a las autoridades españolas y nos comprometemos a orientar nuestras acciones en este sentido desde este mismo momento.

Sociedad Intercastellana. Asociación Cultural

Castellana de la eñe

 
Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe.
 
La doble ene que a Hispania
la mudó antes en Espanna,
y dio con ella en España
a esta tierra de Occitania.
 
La “vínea” de la que mana
la viña hoy castellana,
 
la mejor cepa que hermana
a esta tierra soberana
 
de la lengua castellana:
virgulilla, a mí paisana.
 
Y “Castella” si a “Castiella”
pasó primero a escribir,
hoy no puede prescindir,
lleva contigo su huella
 
que afirma  que es castellana
toda eñe con virgulilla
que proclamando a Castilla
de Castilla es escribana.
 
¡Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe!
Juan Pablo Mañueco
 

Madrid Comunero

Francisco Javier Sánchez

Hoy en día hablar de Madrid supone tratar de una gran urbe, la capital de España. Madrid se convirtió en sede más o menos fija de la Corte en tiempos de Felipe II; anteriormente, la Corona de Castilla nunca tuvo una capital permanente, pues los reyes castellanos eran itinerantes, y tan pronto se encontraban en Segovia, como en Toledo o en Sevilla. Algunos reyes de Castilla tenían sus preferencias, como Alfonso X con Toledo, Pedro I con Sevilla, o Juan II y Enrique IV con Segovia. Pero a partir de Felipe III, tras instalarse durante cinco años la Corte en Valladolid desde 1601 a 1606, la Corte de la Monarquía Hispánica queda instalada definitivamente en Madrid.

Pero antes Madrid era una villa modesta que, no obstante, contaba con Procuradores en las Cortes de Castilla; esto era un privilegio pues no todas las villas y ciudades de Castilla podían enviar representantes a las Cortes castellanas. Durante el reinado de Isabel de Castilla, a finales del siglo XV sólo diecinueve ciudades, con sus respectivas áreas de influencia que abarcaban todo el territorio castellano, mandaban Procuradores a las Cortes: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, León, Zamora, Toro, Salamanca, Palencia, Valladolid, Toledo, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada y Murcia.

Parece que no, pero en este contexto – el del Madrid ciudadano- hay que enmarcar la importantísima participación de la Villa de Madrid y de su Tierra en la Revolución de las Comunidades de Castilla. Toledo fue la cuna y epígono del movimiento comunero, en la Castilla que alumbró el primer texto legislativo de caracteres constitucionales, la Ley Perpetua redactada en Ávila durante el verano del año 1520 y que no quiso acatar el rey Carlos. Pero la Villa de Madrid siempre estuvo al lado de Toledo, por excelencia Ciudad Comunera, también para el turismo, dentro de las relaciones de fuerte solidaridad entre las ciudades castellanas. Madrid se organizó como Comunidad revolucionaria, destituyó a los regidores sumisos a Carlos de Gante, impuso una Hacienda para sufragar los cuantiosos gastos derivados, y puso en pie unas milicias que engrosaran las filas del Ejército Comunero. Prácticamente todos los vecinos de Madrid estaban implicados en el levantamiento de la villa. Sobre todo esto se ocupa un libro de reciente publicación.

En septiembre de 2015 la Asociación Cultural La Gatera de la Villa ha editado un libro escrito por el investigador D. José Manuel Castellanos Oñate, titulado “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”. La solapa del libro referencia que “es una crónica documentada de la participación madrileña en el movimiento comunero, episodio que los cronistas clásicos, y otros modernos tras ellos, han preferido silenciar o minimizar, desvirtuándolo con tópicos carentes de rigor que hoy día siguen teniéndose por ciertos”. Precisamente este libro trata de llenar, como dice su introducción, “no pocas lagunas necesitadas de nuevos y pacientes estudios; una de ellas es la participación de la villa en el movimiento general de las Comunidades de Castilla, por más que escribir sobre tal asunto pueda parecer ocioso”.

En el libro “Madrid Comunero” se ha desarrollado un excelente trabajo, en una labor prolija y exhaustiva, pues incluso transcribe al final, en su totalidad o en parte, doscientos sesenta y siete documentos relativos al alzamiento comunero en Madrid, y referencia en un índice más de ochenta personajes conocidos relacionados con el Madrid comunero y una breve sinopsis de ellos. Es una documentación de sumo valor y muy curioso el poder leerla, además de ser el innegable soporte a la meticulosa investigación realizada por su autor.

Además de al mítico jefe de las milicias madrileñas, Juan Zapata, quisiera recordar a los dos Procuradores de Madrid que defendieron los intereses de sus ciudadanos en las Cortes de Castilla de 1518 ante Carlos, autoproclamado rey en Bruselas en 1516: Antonio de Luzón, que fue regidor comunero de la villa, y a Luis Núñez. Y sobretodo, a Pedro de Sotomayor, que fue procurador madrileño en las Juntas de Ávila y de Tordesillas, siendo apresado en esta última villa en diciembre de 1520 y sentenciado a muerte en agosto de 1522, muriendo decapitado en la plaza de Medina del Campo el 13 de octubre de 1522. Y quince días después aparece como exceptuado en el llamado Perdón General. La represalia contra su familia continuó hasta 1550 en que se dicta sentencia definitiva contra las hijas de Sotomayor que pleitearon para recuperar los bienes de su padre confiscados.

Por tanto, estamos ante una obra de imprescindible lectura para conocer cómo fueron las gentes de Madrid en los años del movimiento comunero y para afirmar lo obvio: que Madrid siempre será Castilla, pese a los artificios autonómicos, sin perjuicio de su actual mestizaje de culturas que se pone como justificación del artificio, cuando en Barcelona, por ejemplo, se produce con mayor intensidad ese mestizaje y nadie duda de que es la ciudad más importante de la comunidad en que se asienta.

Por último, recordar la fecha del 26 de junio de 1520, día en que se constituye el Concejo comunero de Madrid, y la del 15 de mayo de 1521 en que capitula la villa ante el poder real. Durante esos años, como decía la crónica de Sandoval, los castellanos “esperaban que sería esta república una de las más dichosas y bien gobernadas del mundo. Concibieron las gentes unas esperanzas gloriosas de que habían de gozar los siglos floridos de más estima que el oro”.

Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro henchido de castellanidad

LAS IDEAS DOCUMENTADAS Y VIGENTES DEL POLÍTICO, HISTORIADOR Y ACADÉMICO CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ SOBRE LA MEJOR FORMA DE CONSTITUIR CASTILLA PARA LA DEFENSA EFICAZ DE SUS INTERESES EN EL CONJUNTO DE ESPAÑA, expuesta durante los años de la Transición, antes de que se crearan las actuales comunidades autónomas:
17 IDEAS O FRASES DE DON CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ, SOBRE EL MEJOR MODELO TERRITORIAL AUTONÓMICO QUE CONVENÍA A CASTILLA
FRASES:
1. “Ha llegado la hora de defendernos unidos, castellanos y leoneses, de un nuevo tremendo peligro. Unidos sobreviviremos; separados seremos piltrafas de las comunidades autónomas: Cataluña, Euzkadi y Galicia”.
2. “Las ocho provincias andaluzas, asunto otrora de diversos reinos y mucha más diferenciados que los de León y Castilla, han sabido unirse. Sólo Castilla y León, unidos, pesaremos en la España en formación”.
3. “Depongan egoísmos y ambiciones personales. Déjense de hacer lucubraciones históricas. La meseta del Duero constituye una unidad.
4. Únanse todos los leoneses y castellanos. Formen un frente cerrado y poderoso para constituir una región autónoma, que pueda defenderse de los zarpazos de los demás y mirar al porvenir con esperanza.
5. Si por mí fuera, constituiríamos una unidad desde el Cantábrico hasta el comienzo de Andalucía. Pero todos quieren ser ahora cabeza de ratón. Están intentado organizar una región autónoma: la Mancha”.
6. “¿Seremos castellanos y leoneses tan cretinos que no sepamos formar una fuerza que pese a España?
7. “Nuestros hijos y nuestros nietos nos maldecirán si por ambiciones personales, siempre bastardas, dejamos pasar la coyuntura actual”.
8. “Me acerco a los ochenta y ocho años. No tengo otra ambición personal que contribuir a la gloria de España y de nuestra tierra castellano-leonesa. Unidos, adelante. Maldición para los que se opongan a esta unión de los hermanos de León y Castilla”.
9. “Castilla fue la primera de las regiones españolas que perdió sus libertades en la Guerra de las Comunidades, y las perdió sin que ninguna de las otras que la acusan de imperialista la ayudaran en su lucha contra los imperiales”.
10. “Castilla no se ha impuesto a España, se ha sacrificado por ella. En las Constituyentes de 1931, enfrenté la injusta frase orteguiana: “Castilla hizo a España y la deshizo” y acuñé esta otra, absolutamente exacta: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Y tuve el placer de que Ortega y Unamuno aceptaran tal definición”
EL INTRUSO.- Siendo para mí totalmente certera la segunda parte de esta acuñación, no entiendo la primera.
GERARDO DIEGO.- ¿Cuál? ¿Castilla hizo España?
EL INTRUSO.- Eso es. La “hechura de España” llevada a cabo a finales del XV, fue producto de una Guerra Civil castellana, instigada por Aragón.
ANTONIO MACHADO.- ¿Instigada por Aragón?
EL INTRUSO.-Al menos, preferentemente instigada por Aragón y por uno de los bandos nobiliarios castellanos.
ANTONIO MACHADO.- No le sigo en este punto.
EL INTRUSO.- Aragón necesitaba un aliado en su lucha contra la mucho más poderosa Francia, que amenazaba su supervivencia, por eso conspiró para instaurar en el trono castellano a Isabel, la pretendiente espúrea.
GERARDO DIEGO.- Hermanastra, que no hija del rey castellano Enrique IV.
EL INTRUSO.- Frente a las legítimas aspiraciones de la princesa Juana, la hija y heredera del trono castellano, casada con Alfonso V de Portugal.
ANTONIO MACHADO.- Una opción distinta para formar “España”, por tanto.
EL INTRUSO.- La opción que deseaba Enrique IV, la unión con Portugal, por vía matrimonial. No la que detestaba, la aragonesa, puesto que sabía que eso implicaba la guerra total contra Francia.
ANTONIO MACHADO.- Ya. Por ser reinos con querellas fronterizas y por sus intereses conflictivos en Italia.
EL INTRUSO.- Guerra que efectivamente llenó las dos siguientes centurias.
ANTONIO MACHADO.- De manera la que España que se podía haber “hecho”…
EL INTRUSO.- Hubiese sido la “España” de Castilla y Portugal, y por el feliz acontecimiento de una boda, no por una intervención militar y una guerra civil.
ANTONIO MACHADO.- Castilla y Portugal, qué sugestivo.
EL INTRUSO.- Libres del avispero de conflictos militares que era entonces Europa y abiertas ambas naciones hacia las exploraciones marítimas…
ANTONIO MACHADO.- Las dos primeras potencias del mundo, juntas.
GERARDO DIEGO.- Sí, enormemente sugestivo.
ANTONIO MACHADO.- Yo, esa frase la he oído en una tercera versión, de un filósofo posterior, en este sentido: “Castilla se hizo España”.
EL INTRUSO.- Sin comentarios, ya digo que, en todo caso, la hicieron.
ANTONIO MACHADO.- ¿Y cómo podríamos dejarla?
EL INTRUSO.- Una guerra civil hizo España (en el XV) y España y la Casa de Austria (sobrevenida en el XVI) deshicieron Castilla.
ANTONIO MACHADO.- ¿Quitándole los paréntesis?
EL INTRUSO.- Y añadiendo alguna cosa más, para llegar a fechas recientes. La Casa de Borbón y el siglo XIX y XX siguieron deshaciéndola.
ANTONIO MACHADO.- ¿De qué modo?
EL INTRUSO.- Económica, demográfica, cultural, identitaria y después, al final, también territorialmente.
ANTONIO MACHADO.- Pues sí que suena a deshechura completa.
EL INTRUSO.- Salvo por su cultura imperecedera, casi han acabado con ella por entero.
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11. “Castilla no oprimió a las otras regiones. Insisto en señalar que la Corona castellana mantuvo casi sola la carga inmensa del Imperio español. ¡Su aporte fiscal equilibró en el curso de las décadas las cifras a que montaron el oro y la plata americanos!”
CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Durante siglos fue enormemente desigual la aportación al erario hispano de los moradores de los reinos que integraban la Corona de Castilla y la de los moradores de Aragón, Valencia y Cataluña.
(La imagen funde a negro)
De los pecheros, es decir, de quien pechaba con los impuestos, que era el pueblo, porque la nobleza y la Iglesia estaban exentos de ellos”
(La imagen funde a negro)
Las costosas indemnizaciones que tuvieron que pagar a la Corona las ciudades y villas que se habían rebelado contra ella durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, a causa de la voracidad fiscal de Carlos V, tardaron más de veinte años en sufragarse, y supusieron la primera de las ruinas para el reino.
Más tarde quedarían repetidas bajo el reinado de Felipe II, que llevó a Castilla a la bancarrota periódicamente, a causa de su aciaga política militar europea”.
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12. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Castilla no fue, no, responsable de nuestra decadencia. No fracasó Castilla, fracasó España y la Monarquía de los Austrias. Castilla no fue ni mucho ni poco ni nada responsable del bache profundo de nuestra historia en el siglo XVII.”
13. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Mas nos llevaron a ese bache las injustificadas e injustificables rebeliones de Portugal y Cataluña, en 1640, que nos hicieron rodar al abismo del XVII a todos los peninsulares. Incluso, naturalmente, a portugueses y catalanes.
(Funde a negro)
Porque los movimientos secesionistas, enraizados no en la razón, sino en cóleras que podríamos calificar de viscerales dañan tanto a la comunidad histórica que se intenta romper como a las comunidades que los suscitan.”
14. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ. (Desde la pantalla)-
“Al forjar la España futura no deben olvidarse otras realidades. Vasconia y Cataluña han ordeñado y siguen ordeñando a su placer la vaca española”.
15. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Podrán idearse fórmulas de convivencia muy distinta para articular la España del futuro. Pero que no se sueñe en volver a hacer a Castilla la cenicienta de la Península”.
EL INTRUSO.- Se la hizo de nuevo, maestro. La cenicienta.
ANTONIO MACHADO.- Estoy viendo que casi es el papel histórico que se le ha asignado en España.
EL INTRUSO.- Y además se la hizo cachitos, para confirmar su teoría de que España había deshecho a Castilla, si antes en lo económico, después también en lo territorial, don Claudio.
ANTONIO MACHADO.- Curiosa paradoja y curioso destino.
EL INTRUSO.- Quien mande en España ha sido implacable en su tarea pertinaz de demoler y deshacer Castilla. Desde la cumbre que fue al iniciarse la España moderna
GERARDO DIEGO.- En eso te doy la razón. Por qué y para qué, no lo sé. Y quién o quiénes estén detrás de estas decisiones, tampoco. Pero que ha ocurrido así, es indudable.
16. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Hermandad política, sí, pero con igualdad fiscal para todos los que quieran seguir siendo españoles”.
EL INTRUSO.- Nada de asimetrías, nos estás diciendo, maestro. Ni autonómicas, ni federales, ni monárquicas, ni republicanas… Asimetrías no, que es lo quieren los que buscan su provecho.
ANTONIO MACHADO.- Parece justo.
EL INTRUSO.- O igualdad para todos o que se rompa de una vez esta injusta baraja en donde Castilla ha llevado siempre la peor parte, como la Historia demuestra bajo todos sistemas, desde hace seis siglos.
17. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Y punto final al ordeñamiento de la vaca española”.
Texto sacado de las intervenciones en la prensa de principios de los años 80 de Claudio Sánchez Albornoz, recogidas en la obra de teatro “Con Machado, esperando a Prometeo”. Juan Pablo Mañueco. Febrero (2015).

Celebrar el Día de Castilla todos los días y en cualquier lugar, además del 23 de abril

Francisco Javier Sánchez

Queda muy poco para el día 23 de abril, erigido por los políticos de la difuminada Castilla en la fiesta oficial de sólo una comunidad autónoma, la de las nueve provincias, cuando todo el mundo sabe que Castilla se extiende mucho más allá de las dos submesetas que une la Cordillera Central.

De hecho, la revolución de las Comunidades de Castilla se inició y concluyó en la castellanísima ciudad de Toledo (1519-1522), compendio de todas las culturas y Ciudad Comunera por excelencia. Aunque ahora a Toledo se la conozca turísticamente como la ciudad imperial, después de que la inquina de Carlos V demoliera la casa de Juan de Padilla y de María Pacheco y mandara colocar su escudo con el águila bicéfala extranjera por todas las partes de la ciudad.

El día 23 de abril de 1521 tuvo lugar la Batalla de Villalar. Allí se decidió en buena parte el destino de la primera revolución moderna que se desarrolló en Europa, donde clarísimamente era el reino el que mandaba al rey a que acatara lo ordenado y dispuesto por las Comunidades. Y el reino, sin nadie más -sin el rey-, estaba encarnado por las Cortes y la Junta General del Reino que redactaron en Ávila la llamada Ley Perpetua, que “responde a lo que esencial y etimológicamente significa una Constitución, palabra cuya raíz se halla en el verbo latino constituere, “establecer definitivamente”, en cuanto norma fundamental del Estado que determina completamente el ordenamiento jurídico-político, elaborada y aprobada por una asamblea con poderes extraordinarios con expreso deseo de permanecer indefinidamente, definitivamente en el tiempo.” ( Ramón Peralta en su obra “La Ley Perpetua de la Junta de Ávila (1520). Fundamentos de la democracia castellana” ).

Como dice Ramón Peralta, doctor en Derecho Constitucional y Filosofía Política y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Complutense de Madrid: “La primera revolución constitucional europea sólo podía suceder en el pueblo políticamente más avanzado del continente caracterizado por un peculiar ánimo democrático: el pueblo castellano pretendía establecer formalmente la primera monarquía constitucional, esto es, delimitada objetivamente por una Ley Fundamental obra de unas Cortes Extraordinarias que recogieran su Constitución interna.”

Esto es por lo que luchaban los comuneros: por establecer la primera monarquía constitucional y democrática, delimitada objetivamente por la llamada Ley Perpetua, que regulaba la soberanía, el gobierno y la administración pública, el parlamento sin el rey, la independencia de la justicia, la libertad de los ciudadanos, el derecho de nacionalidad, la protección de los indios, el fomento de la economía, la hacienda pública, la moneda…, y que resulta ser el primer precedente constitucional hispánico, europeo y mundial.

Aunque a estas alturas todavía se siguen desconociendo las aspiraciones de los comuneros, y el 23 de abril sólo acertemos a recordar los nombres de los tres principales Capitanes, Padilla, Bravo y Maldonado, que fueron decapitados al día siguiente de la batalla…, pero sin saber por lo que dieron sus vidas.

Por ello propongo que no sólo el 23 de abril sea el Día de Castilla, y no sólo oficialmente en una de las comunidades autónomas en las que está desmembrada Castilla. Propongo que celebremos todos los días Castilla en todas partes, que estemos orgullosos de ser castellanos, que tengamos presente que Castilla es incompatible con el absolutismo, el despotismo y la intolerancia porque precisamente Castilla puso los fundamentos de la democracia más avanzada en su tiempo.

Sería muy interesante una lectura pública de la Ley Perpetua de Castilla en las ciudades de Ávila y de Tordesillas, lugares donde sucesivamente fue redactada y proclamada, pero también en todas las partes de Castilla pues iba a ser la ley fundamental de todo el reino. De esta manera nos enteraríamos todos de las grandes ideas democráticas y de lucha contra la corrupción que todavía no han sido capaces de descubrir los políticos de hoy en día.

Volviendo a los tiempos actuales, ni una sola institución autonómica de las regiones en que se encuentra disuelta Castilla, convertidas sus regiones -eso sí- en los grandes pesebres de los que vive la “casta política” y de los que quieren vivir los que dicen que no son casta, ha sido capaz de revitalizar una mínima cooperación regional. Por no recordar que no se les pasa por la cabeza la necesaria unidad de Castilla, necesaria al menos para sus ciudadanos. Los que antes eran alcaldes se presentan ahora en las elecciones a presidente de comunidad autónoma, o viceversa, que da igual. Los políticos de Castilla, si es que los hubiera pensando algo en Castilla, se han olvidado de aquel órgano de colaboración permanente que crearon hace años, el Consejo de las Comunidades Castellanas, impulsado por los entonces presidentes regionales Juan José Lucas, Alberto Ruíz-Gallardón y José Bono. ¿Por cuántos más pesebres han ido pasando estos señores hasta ahora?. ¿Se han acordado en algún momento de los ciudadanos castellanos a los que se supone servían, de servir, de servicio público?.

Soneto alcarreño de la Iglesia de San Nicolás de Guadalajara

El escritor y poeta Juan Pablo Mañueco Martínez nos adelanta una innovación poética, el llamado “soneto alcarreño”, una nueva forma de soneto (de 16 versos y rima alterna), que se estrena por primera vez en su obra “Con Machado, esperando a Prometeo”, de muy próxima publicación.

SONETO ALCARREÑO DE LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE GUADALAJARA  
 
Por esta nave única de planta en cruz latina,
mas con variadas grandes capillas laterales
singlan naves que bogan para curar los males
por las cuales la nave del alma se encamina.

Sobre el amplio crucero una cúpula redonda
con balconada y rematada en una linterna
da paso desde el cielo a la clara luz eterna
que cala en el templo su celeste lumbre honda.

 

Dentro, el mayor retablo ocupado es por caverna
de columnas salomónicas formando fronda
sobre sí mismas girando, en marmórea ronda
grisácea, al cielo rodando en torsión eterna.

Son tan blancos e intensos del cielo estos umbrales
y cargada en barroco cada labrada esquina
que al fondo del claro cruce de la cruz latina
se sienten ya cánticos de coros celestiales.

Un libro para conocer la moneda medieval castellana

Francisco Javier Sánchez

Como continuación a la entrada que trataba de la iniciación a la numismática castellana, en la que previamente realizaba una introducción a la numismática y al coleccionismo de monedas en general, ahora voy a a hacer referencia a un libro-catálogo sobre la moneda medieval castellano-leonesa.

Para iniciarse en el conocimiento y en el coleccionismo de monedas primero hay que disponer de documentación que nos ayude a saber dónde nos metemos, ya sea por medio de libros, catálogos u otro tipo de publicaciones y de estudios que hoy en día se pueden encontrar por internet. Una publicación imprescindible para adentrarnos en la moneda medieval de Castilla y León es el Volúmen III del Catálogo General de las Monedas Españolas titulado “Catálogo de la Moneda Medieval Castellano-Leonesa ( Siglos XI al XV)”, cuyo autor es Fernando Álvarez Burgos, editado en Madrid en 1998 por “Vico y Segarra”. Aunque se trata de un libro descatalogado, no es difícil poder adquirirlo en alguna casa numismática y en alguna web por unos 30 euros.

Se trata de una publicación básica en moneda medieval castellana, pues es el que se utiliza habitualmente por los coleccionistas de estas monedas, y por comercios y subastas numismáticas. Es muy fácil de manejar y de comprender dicho catálogo, pues además de recoger un cuadro comparativo de la evolución tipográfica en las acuñaciones medievales desde el siglo XI hasta el siglo XV, está lógicamente ordenado por reyes y pretendientes desde Alfonso VI, el primer rey que acuñó moneda cristiana en Castilla y León, hasta el reinado de Enrique IV, un período de gran interés numismático y el más prolífico en cuanto a tipos. Se realiza en dicho catálogo una breve introducción histórica respecto de cada reinado, y descripciones de cada tipo de moneda, leyendas, peso, ciudad de acuñación y variantes. Todo ello acompañado de imagenes en blanco y negro de las monedas y de dibujos esquemáticos para su fácil identificación.

También figura para cada tipo de moneda un precio orientativo en pesetas de valoración para un estado de muy buena conservación. Pero dichos precios son muy orientativos, más que nada para diferenciar qué cecas y variantes son más raras. Al final el precio es aquel por el que se está dispuesto a pagar por una moneda, sirviendo de guía en algunos casos los precios de adjudicación en subastas. Pero no hay que asustarse, muchas monedas castellanas de la Edad Media son baratas, como las blancas, los novenes, los cornados, algunos maravedís y cuartillos…, porque se acuñaron muchas, siendo muy fácil poder tener en una colección monedas labradas en Toledo, Cuenca, Sevilla, León, Segovia, Burgos, Zamora, La Coruña, Jaén…

Sería muy interesante que volviera a ser reeditado este libro que comprende la totalidad de la moneda medieval castellana, aunque seguramente haya alguna variante que no recoja dicho catálogo, pues a lo largo de los años con la investigación y los hallazgos aparece el descubrimiento de un tipo diferenciado de moneda. En todo caso, aunque no se coleccione moneda, recomiendo poder disponer de esta obra de casi doscientas páginas aunque sea para saber qué monedas manejaban los castellanos de la parte de la edad media que abarca desde el año 1073, el primero del reinado de Alfonso VI, hasta el año 1474, el último del reinado de Enrique IV, predecesor y hermano de Isabel de Castilla.

Iniciación a la numismática castellana

Francisco Javier Sánchez

Es prácticamente imposible resumir en una entrada un tema tan extenso como es el de la numismática, aunque se pretenda realizar una introducción referida específicamente a la moneda castellana.

La numismática está considerada una ciencia auxiliar de la historia, empezando el hombre a usar objetos premonetales y propiamente monedas desde el mismo momento en que abandona la práctica del trueque o intercambio de bienes. Las primeras monedas se acuñaron en la antigua Grecia, siendo Lidia en el siglo VII a. C. la ciudad de la península de la Anatolia donde de una forma sistemática se fabricaron. Pero pronto se descubrió que las monedas también servían como objeto de propaganda, para conmemorar batallas o para anunciar la finalización de un gran edificio. Y también acumulando monedas apareció la manera de crear un capital con un valor inalterable y fácilmente manejable entre una amplia comunidad humana.

Hoy en día se suele hablar de la numismática como la afición de coleccionar monedas y también billetes, sean de la época que sean, aunque evidentemente los billetes son más modernos. A los coleccionistas de monedas en general les suele gustar la historia y el arte, pero no siempre van unidas, pues de hecho el coleccionismo de monedas también puede ir encaminado a una forma de inversión. Hay muchos tipos de coleccionistas y de colecciones de monedas, que dependen de las posibilidades económicas de gasto de cada uno, de una determinada parte de la historia del mundo o de su país con la que se sienten más identificados o de la que entienden más, o de las perspectivas de futuro para vender todas o parte de las monedas y obtener una ganancia.

A la hora de forjar una colección de monedas conviene primero adquirir libros y catálogos sobre el tipo o la época de las monedas que pretendemos adquirir, pues son la guía imprescindible para no perdernos entre la enorme variedad de monedas que se han acuñado a lo largo de la historia. Es decir, primero hay que conocer las monedas antes de tenerlas en nuestras manos. Y después, sobre ese conocimiento que se va teniendo a lo largo de los años, estudiar las maneras de adquirir las primeras monedas, que por sentido común han de ser inicialmente las más corrientes. Las formas de conseguir monedas para la colección pueden ser ser muy variadas, y a veces una colección se inicia con monedas regaladas por familiares y amigos, pero las más frecuentes son las siguientes: en mercadillos numismáticos que se reunen los domingos en las plazas de las ciudades; en comercios del sector numismático; en subastas públicas que organizan algunas casas y que normalmente no requieren estar presentes sino que se organizan por correo, o sea, remitiendo la orden de pedido y la puja; mediante el cambio de monedas con otros aficionados…, y hasta por internet.

Y como consecuencia de todo ello, es fundamental conservar las monedas de la colección en un lugar adecuado, colocándolas en álbumes y en bandejas específicas para ello, y teniendo a nuestra disposición un mínimo material para la observación y manipulación de las monedas, como tapetes de fieltro, lupas, pinzas, balanzas de precisión, sobres de papel o de plástico…

En España las monedas que más frecuentemente se coleccionan son las posteriores a la reina Isabel II, cuando la peseta se instauró como la moneda oficial en octubre de 1868, aunque ya se acuñaron monedas con la inscripción peseta en 1808 en Barcelona. Estas monedas son las del Centenario de la Peseta, abarcando las emitidas desde el Gobierno Provisional tras la abdicación de Isabel II hasta las últimas pesetas de Juan Carlos I en el año 2001. Pero también hay coleccionistas de monedas ibéricas, romanas, griegas, bizantinas, hispanomusulmanas, medievales castellanas, aragonesas, navarras y portuguesas, abarcando todas las épocas de la historia y antiguos reinos. Y, por supuesto, hay personas que coleccionan monedas de los Reyes Católicos Isabel y Fernando, de los reyes de la Casa de Austria y de los Borbones hasta Isabel II. También hay coleccionistas de monedas extranjeras como los de tipo duro de plata o de moneda de oro que cotiza prácticamente por su valor en metal.

¿A qué se podría llamar numismática castellana?. Evidentemente, monedas castellanas son todas las que se han acuñado a lo largo de la historia en cualquier lugar de Castilla, aunque más usualmente se habla de moneda castellana a la asociada a los sistemas monetarios que tuvo la Corona de Castilla durante la Edad Media y la Edad Moderna. Es decir, tan moneda castellana era la dobla de la banda de Juan II acuñada en el siglo XV en Sevilla, como la acuñada en Burgos o en La Coruña. Y tan moneda castellana es la de Real de a Ocho ( u ocho reales) acuñada a nombre de los Reyes Católicos en Toledo, como los Reales de a Ocho que se acuñaron a nombre de los reyes de la Casa de Austria en Segovia, México o Potosí, o como los llamados columnarios acuñados en cecas americanas durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III con el escudo de Castilla y León en el anverso y las columnas de hércules y los dos mundos en el reverso.

No siempre cuánto más antigua sea una moneda más cara va a ser comprarla. Hay monedas medievales castellanas muy baratas porque se fabricaron millones, aunque se acuñaran a martillo y una por una. Por ejemplo, las llamadas blancas, dineros, cornados y maravedís, de metal de cobre o de vellón ( aleación de cobre y plata), según su reinado, ciudad de acuñación y estado de conservación, se pueden adquirir a partir der seis o de doce euros. Por tanto, las posibilidades para formar una colección de monedas castellanas, de la época, reinado y tipología que se pretenda, son muchas. Y empezando por las monedas menudas y la calderilla de la edad media, se puede continuar con los reales y los medios reales de plata medievales, aunque entonces habrá que desembolsar una media de cien euros por pieza, como mínimo en una conservación digna. Otro nivel superior sería la moneda medieval de oro de Castilla y León, en la que los maestros acuñadores reflejaban con más detalle en cada moneda el arte románico y posteriormente el arte gótico. La moneda medieval castellana de oro más fácil de adquirir es la dobla de la banda de Juan II acuñada en Sevilla, cuya imagen de reverso ilustra esta entrada y que pertenece a la colección de un amigo.

Este texto sólo ha querido ser una pequeña introducción al fascinante mundo de la numismática, en este caso de la castellana, y animar a conocer un poco más toda la inmensa variedad de monedas que se acuñaron en la Corona de Castilla, alcanzando nuestras monedas de plata de ocho reales o duros en la Edad Moderna prestigio internacional, hasta el punto de ser la divisa mundial hasta mediados del siglo XIX, como hoy lo puede ser el dólar norteamericano.