Archivo de la categoría: Política

Castilla, entre la compasión y el odio

Francisco Javier Sánchez

Castilla, desde el punto de vista de la derecha ideológica, es objeto de compasión. El papel de Castilla es sacrificarse por España, darlo todo por la idea y el concepto de España. La historia, la cultura, el derecho y las instituciones de Castilla han servido para crear, sin más, las de España. Y de Castilla, desde esta perspectiva, nada queda. Por eso se compadecen de ella, y ya no da casi ni pena. En infinidad de artículos, textos e interlocuciones, que deberían de utilizar el calificativo castellano, se pone español y punto. No pasa nada. Porque Castilla ya no existe, como mucho sólo existe en los libros de historia…, y hasta la llegada del admirado Carlos V…, que hizo bien en aplastar a esos retrógrados comuneros.

De Castilla ya no merece la pena ni hablar de ella. Para qué. Ya está España. Y para qué lamentarse de que Castilla se haya desmoronado, si ese era su papel asignado: ser el soporte de España, la que la soporta, la que aguanta la identidad de España una vez deformada la de Castilla. Da lo mismo que Castilla esté disuelta en varias comunidades autónomas, lo importante es España, que somos españoles.

Eso hay que asumirlo, como lo asume Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.”

Y no existiendo Castilla, para qué preocuparse de su despoblación, de su maltrecha economía, o del trasvase del río Tajo y de las centrales nucleares.

Castilla, desde el punto de vista de la izquierda ideológica, es objeto de odio. En Castilla no hay más que cuarteles y conventos. Castilla ha sido tierra de militares y clérigos que han traído el atraso a toda España, y han perturbado la idílica vida de los pacíficos pueblos de la periferia peninsular. Castilla es la guerrera, la militar, la autoritaria, la conquistadora de pueblos que ha aniquilado, la culpable del fin de la España mahometana, la responsable del genocidio de los pueblos indígenas americanos. Por eso no es posible celebrar las efemérides del año 1492, las mal llamadas reconquista de Granada y descubrimiento de América. Castilla masacró y destruyó. Y por ello, ante el altar de la nueva historia, Castilla debe ser odiada, insultada sin reparos, porque además, y para más coña, el nacionalismo castellano es el nacionalismo franquista, como escribió José Ignacio Torreblanca en el diario “El País” el día 4 de septiembre de 2017 (curiosamente el artículo se titula “El fracaso del nacionalismo catalán”), y no es un texto de 1977, prácticamente recién fallecido el general gallego Francisco Franco, que menos mal que era gallego y no castellano. Por tanto, Castilla, también, es el franquismo.

“El primero ( el nacionalismo castellano como dice el articulista) es un viejo conocido. El nacional-catolicismo, convertido en ideología oficial del franquismo, intentó la asimilación cultural, lingüística e ideológica de los españoles. Para ello se valió de un relato histórico-imperial sobre la grandeza de la nación; de una identidad primordial, la castellana, que asimiló a la española, expulsando a otras posibles identificaciones; unas instituciones políticas y culturales autoritarias y represivas; y de una lengua, el castellano, que intentó imponer como única. En su apogeo, suprimió las instituciones históricas de vascos y catalanes, prohibió y persiguió sus lenguas, y consideró como inferiores los que ostentaban otras identidades”, escribe el jefe de Opinión de dicho periódico en el año 2017 al hablar de los nacionalismos castellano, vasco y catalán.

¡ Cómo no !, Castilla la culpable del régimen de Franco, aunque la burguesía catalana mucho tuviera que ver con el alzamiento del 18 de julio y Cataluña fuera la región más privilegiada por el franquismo económico. Castilla, la inspiradora del nacional-catolicismo, aunque esa peculiar ideología fuera patrocinada por los monseñores catalanes Gomá, y Plá y Deniel. Y Castilla, no el carlismo partícipe del franquismo, suprimió la institución de larga historia llamada “Gobierno de Euzkadi”, que data del año 1936, y también suprimió Castilla ( no la entusiasta burguesía catalana admiradora de Franco) la Generalitat republicana, aunque nada tiene que ver con la antigua Generalitat de Catalunya, trufada de nobles y obispos catalanes. El caso es insultar a placer a Castilla desde un periódico editado en un ciudad castellana, no hay problema, nadie se va a quejar, y queda muy “progre”.

En esto del odio profundo a Castilla y a los castellanos, comparten afición enfermiza la izquierda ideológica y los llamados nacionalismos ( que son en realidad parte de la derecha ideológica); habiendo sido encumbrados gratuitamente los nacionalismos por la izquierda ideológica como libertadores y profundamente democráticos, aunque hayan ignorado durante 40 años los derechos de la mitad de la población de Cataluña, de Vascongadas y de Galicia. Por eso, a su vez, la izquierda y los nacionalismos ideológicos comparten esa visión miope a conciencia de la derecha ideológica de que Castilla no tiene identidad, de que Castilla no es nada, no es siquiera una región -no ya nación-, y debe estar en la categoría de pueblo extinguido, porque ya es directamente España, y, eso sí, viene bien de vez en cuando sacar a Castilla para darla y darla hasta reventarla, aunque hoy no se sostenga ni a sí misma.

Como no se sabe si existe el centro ideológico, para qué hablar de su perspectiva. Si el centro fue la UCD, para qué recordar su mezquindad en disolver a Castilla en varios entes insulsos fruto de los procesos autonómicos de Adolfo Suárez, de Martín Villa y de Clavero Arévalo. Lo primordial de la transición era reconocer la represión sufrida por Cataluña y Vascongadas durante el franquismo, aunque de allí no tuvo que emigrar nadie a otras regiones, y se editaran libros en catalán y en vascuence.

Castilla, no debe ser objeto ni de compasión ni de odio. Miopes y enfermizas perspectivas las expuestas. Debe ser objeto de amor, de estudio, de investigación, de conocimiento, de admiración…, porque cuanto más se la conoce más se la ama y se la admira. Y más derecho tiene para ser una tierra y un pueblo que merecen prosperidad, progreso, futuro…, derecho que se sustrae a Castilla si los demás y los propios se compadecen de Castilla y odian a Castilla. No se trata de sacar títulos históricos. Castilla lo ha sido todo en la Historia y al más alto nivel. Se trata primordialmente de tener dignidad, que es la base de un futuro próspero.

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El franquismo económico en Castilla

Francisco Javier Sánchez

Tal vez no haya suficientes estudios e investigaciones publicadas referidas a la historia económica de Castilla desde la década de 1940 hasta finales de la década de 1970, cuando ya Castilla muestra signos evidentes de la despoblación de la mayoría de sus provincias, después de varias décadas de emigración masiva que fue la consecuencia principal de la política económica que llevaron a cabo los gobiernos de Francisco Franco de los que formaron parte muchos ministros catalanes y vizcaínos que controlaron las áreas de economía, industria y hacienda.

De tal manera que siete provincias castellanas ( Guadalajara, Soria, Segovia, Ávila, Burgos, Palencia y Zamora) tenían más población en el año 1900 que en el año 1981, dato que pone de manifiesto por sí solo el hundimiento económico de Castilla en un siglo que se caracteriza precisamente por los avances imparables en la demografía, en la economía y en la tecnología.

No obstante, en el libro de entrevistas titulado “Diez Castellanos y Castilla” y publicado en el año 1982 por la Editorial Riodelaire dirigida por Juan Pablo Mañueco, en el que aparecen entrevistados ocho castellanos ilustres del momento y no diez, porque hubo dos que no quisieron ser entrevistados sobre las cuestiones esenciales de Castilla, se hace referencia a las escasas inversiones industriales en Castilla y al papel de colonia interior asignado a Castilla, proveedora de mano de obra, suministradora de energía eléctrica por medio de pantanos y centrales nucleares y, también, de recursos hídricos a través del Trasvase Tajo-Segura.

Francisco Fernández Ordóñez, que fue presidente del Instituto Nacional de Industria, en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” contestaba lo siguiente, que es una muestra evidente del papel económico que asignó el franquismo a Castilla.

“¿Juzga suficiente, quien fue presidente del INI, la participación de las inversiones de las empresas públicas en el nivel de desarrollo de Castilla?

-Bueno, en Castilla nada; en Castilla el INI apenas ha aportado nada; ha habido una desatención grande respecto a las inversiones públicas en Castilla.

Históricamente, las inversiones del INI no han sido resultado de verdaderos programas, desgraciadamente. El INI se programó en su primera época, pero ha tenido una segunda fase en que ha jugado el papel de mera respuesta a las grandes quiebras. Se ha seguido el proceso de recibir empresas en crisis, más que el de crearlas.

Pero, por otra parte, el que no haya inversión en Castilla es parte de un problema mucho más grave, es consecuencia de un problema de despoblación. El crear incluso una empresa en Castilla, pública o privada, plantea unos problemas adicionales por falta de infraestructura pública, de apoyos suficientes, pero, además, ahora ya, por falta de lo más básico: de población.

Este es un fenómenos complejo y gravísimo que podríamos denominar el crecimiento desequilibrado de España. Este es un país que está creciendo desequilibradamente. Junto a tierras enormemente desarrolladas, que cada vez van a más, hay tierras rezagadas que cada vez se desequilibran más y se rezagan. Esta realidad a veces se quiere enmascarar aduciendo que en el plano de la renta per cápita las cifras de las regiones pobres se están igualando a las ricas; pero en realidad hay unas regiones que no pierden renta, porque pierden población; y al perder población, se divide entre menos.”

En la conferencia “UNA DEFENSA DE CASTILLA”, pronunciada en el Ateneo barcelonés por el escritor leonés Jesús Torbado el 12 de mayo de 1982, y publicada en el libro de entrevistas “Diez castellanos y Castilla” editado en septiembre de 1982, también se refirió este intelectual a la política económica del franquismo respecto de Castilla.

“Cierto: Pujol y Arzallus han dicho una parte mínima de la verdad. Franco se mantuvo gracias a la Iglesia, al Ejército y a la oligarquía financiera. Pero el nacionalcatolicismo fue una invención de los monseñores Gomá y Plá y Deniel, apellidos que no son frecuentes en mi tierra. Y en cuanto a las oligarquías financieras malamente podrían surgir de una páramo calcinado y semivacío. Por otro lado, y para no hacerme pesado en este punto, el dictador compensó su robo de ciertas libertades con dádivas muy notables a parte de la periferia española y a la ciudad de Madrid, convertida por su culpa en un monstruo industrial innecesario. Los Altos Hornos no se instalaron en Castilla, ni ninguna gran industria. Las materias primas eran manufacturadas -eran y son- en la periferia para luego ser vendidas en el centro: ¿no es eso una cualidad de colonia?. ¿Me equivoco al decir que la meseta central es una colonia de las zonas industriales?. De los 230.000 puestos de trabajo creados por el INI ( es decir, por el dinero de todos) sólo cinco mil han correspondido a las once provincias castellano-leonesas, y casi todos ellos de naturaleza extractiva y energética. Y buena parte de esa inversión se dedicó a inundar los mejores valles de la región para dotar de energía eléctrica a Madrid, al País Vasco y a otras ciudades industriales periféricas.” ( Parte del texto de la conferencia).

También recientemente, Manuel Ángel Castañeda, ex-director de “El Diario Montañés” escribió lo siguiente en “El Diario Montañés” de 15 de enero de 2017 en su artículo “Cantabria, ante la España autonómica”: “Es preciso recordar que la riqueza de Cataluña y el País Vasco provienen, en buena medida, del trato excepcional que el régimen de Franco les otorgó en la ubicación de grandes fábricas y en el trabajo de cientos de miles de emigrantes llegados desde las regiones menos favorecidas”.

A veces es preciso recordar lo que nadie dice ahora, pero que es la constatación evidente de las consecuencias de la nefasta política económica llevada a cabo por el régimen del general Francisco Franco en España: los profundos desequilibrios regionales que fueron ya la base en la que se instaló el llamado Estado de las autonomías y sobre los que descansa.

Herrero y Rodríguez de Miñón, el castellano sin identidad

Francisco Javier Sánchez

Érase una vez un jurista y ex-político castellano, uno de los “siete padres” de la Constitución Española de 1978, que lo fue todo políticamente en las décadas de 1980 y 1990, y que desde hace bastante tiempo se proclama muy amigo y entendedor de las tesis de los nacionalismos vasco y catalán, aunque nunca se le haya oído o leído algo en favor de Castilla.

Se llama nuestro paisano Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, nacido en Madrid en el año 1940, y fue ex-político de la Unión de Centro Democrático y de Alianza Popular. También fue presidente del Tribunal Constitucional del Principado de Andorra desde los años 2001 a 2003. Actualmente es miembro permanente del Consejo de Estado en España.

Este jurista madrileño ha recibido el Premio Blanquerna de la Generalidad de Cataluña y el Premio Sabino Arana que otorga la Fundación del Partido Nacionalista Vasco. En sus declaraciones defiende la asimetría política del Estado español y el reconocimiento de la singularidad superior de Cataluña y del País Vasco, pero nunca se le ha visto preocupado por los problemas de Castilla.

Herrero ha reivindicado un acuerdo político para resolver “el problema de Cataluña” y evitar un referéndum secesionista sobre la base de reconocer que “Cataluña es una nación y tiene una identidad nacional clarísima” ( “La Vanguardia” de 16 de diciembre de 2013), pero nunca ha dicho nada sobre la esperpéntica fragmentación autonómica de Castilla.

También ha expresado su admiración por el lehendakari Íñigo Urkullu y ha considerado que el Gobierno Vasco no debe “cejar” en su empeño de conseguir una relación de bilateralidad Euskadi-España. Del montón de presidentes autonómicos que tenemos en Castilla no ha dicho tampoco nada.

Propone un pacto de Estado que “blinde las competencias esenciales de Cataluña”, como la lengua, la economía, o las infraestructuras…, pero no se le ha oído decir que en Cataluña se habla castellano y catalán desde hace siglos, ni que la lengua de muchos ciudadanos de allí es la castellana, ni que fue el franquismo el régimen que privilegió a Cataluña y Vascongadas con la ubicación de grandes empresas e infraestructuras que se negaban a Castilla.

Ese blindaje de las competencias de la comunidad autónoma de Cataluña lo propone añadiendo una disposición adicional en la Constitución que exprese el reconocimiento de la “nación catalana”, de su exclusiva política cultural y educativa, -que de hecho y en el fondo ya realiza el nacionalismo gobernante sin contar con los castellanohablantes-, y, por supuesto, que recoja un convenio financiero sufragado con los ingresos tributarios de los ciudadanos españoles de segunda, de tercera, de cuarta y de quinta categoría, categoría última en la que estaríamos los castellanos. Sin embargo, Herrero no ha propuesto una disposición adicional que reconozca a Castilla en su unidad y que favorezca su crecimiento económico, demográfico, social y cultural.

Herrero ha llegado a decir que “es preciso legislar atendiendo a la realidad y la realidad es que Cataluña tiene una identidad que no tenemos en Madrid”( “Tiempo” de 7 de junio de 2013). ¿Qué hubiera pasado si Barcelona se hubiera constituido en comunidad autónoma separada de Cataluña, y que Madrid hubiera quedado dentro de una única comunidad autónoma de Castilla?. ¿ Quién tendría más “identidad”?. ¿Es que los ciudadanos de todas partes no tienen los mismos problemas básicos de trabajo, pagar una hipoteca y sacar adelante una familia, o es que estos problemas en los nacionalistas supremacistas tienen un plus de superioridad?. Herrero no aprecia la falta de reconocimiento de la pluralidad interior de Cataluña y de Vascongadas, y la falta de reconocimiento de la pluralidad la achaca a España, de la que dice que “legislar unilateralmente crea una España hemipléjica”. ¿No es hemiplejia severa la que sufren las comunidades autónomas de Cataluña y Euskadi, señor Herrero?.

En una especie de confesión personal, ha declarado lo siguiente en una entrevista a “La Vanguardia” de 22 de enero de 2017: “Y que conste que yo soy madrileño de origen y ejercicio, y además estoy muy orgulloso de serlo. Pero claro, no tengo una lengua propia, no tengo una tradición política propia distinta de la española en general, no tengo un derecho privado propio, etcétera. Bueno, pues eso hay que tenerlo en cuenta.” No tengo, no tengo…, es venir a decir que no soy nada, no soy nada…, o que soy menos que otros porque no tengo identidad. Con sus declaraciones, da la impresión de que el señor Herrero no habla ninguna lengua conocida del planeta Tierra, y que considera que los otros superiores tienen una tradición política y ostentan un derecho civil desde la época de Túbal, mientras que la tradición política y el derecho civil de los suyos, los castellanos, los inferiores según la asimetría postulada, deben de proceder como mucho de los tiempos del régimen de Franco. Y “eso hay que tenerlo en cuenta”…, para consagrar el Estado asimétrico y la desigualdad entre los ciudadanos españoles, que tanto persigue el señor Herrero.

Desde la incomprensible perspectiva de Herrero, los madrileños deben de tener una lengua impropia e inusual, que no debe coincidir con la de Cervantes siquiera, aunque el año 2016 haya sido el Año de Miguel de Cervantes, su tocayo en la cumbre de la literatura castellana. Y la Corona de Castilla nunca ha contado con ninguna tradición política e histórica de importancia, pues no debe de serlo siquiera su proyección en América o en Filipinas, como la que han podido tener Aragón o Navarra, con una tradición política sin parangón con la escuálida tradición castellana. No le sonará de nada que la Ley Perpetua de Castilla del año 1520 fue el primer precedente constitucional hispánico y europeo, que es como decir del mundo conocido entonces. Y para qué hablar del derecho castellano como fundamento del derecho de Indias y de los posteriores derechos de los países hispanoamericanos, y como soporte principal del derecho civil español.

En fin, el ilustre señor Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón debe de ser un castellano sin ninguna identidad. Qué cuento más triste que es esta triste realidad. Si esta realidad la hubiera conocido el alcalaíno Miguel de Cervantes…

Reformar la Constitución para reconocer a Castilla y a la Corona de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Se está planteando últimamente la necesidad de llevar a cabo en España una reforma de la Constitución. Se tendría que valorar muy bien si realmente hay esa necesidad y calibrar el alcance de lo que se quiere reformar y si interesa a la ciudadanía castellana y al conjunto de la ciudadanía española, o si interesa sólo a los políticos. En principio, debería de servir para reforzar los poderes del Estado y reducir el coste del modelo territorial, de manera que el Estado volviera a asumir las competencias que nunca debió transferir a las comunidades autónomas, tales como la educación, la sanidad, y la administración de justicia.

La última noticia: se ha propagado el rumor de que el Gobierno de la Nación, el que preside hoy en día Mariano Rajoy, estudia la posibilidad de reconocer al menos culturalmente a Cataluña como “nación”. Culturalmente, y vaya usted a saber si después también políticamente…, y financiaremente…, y mundialmente. Financiaremente significa que hay que quitar recursos a las demás comunidades autónomas. Y en lo cultural, el llamado blindaje de la enseñanza única y exclusivamente en lengua catalana o, hablando claro, el muro lingüístico catalán infranqueable, es decir, la tapia cultural que convertiría a Cataluña en un compartimento “paradisíaco, puro y no contaminado”. Y lo más importante, mejor y más abundante financiación autonómica para sufragar, por ejemplo, la calamitosa y doctrinaria enseñanza en Cataluña.

Mientras tanto, en Castilla los ciudadanos seguimos en esa sensación de atonía, de impotencia, de inhibición, de despreocupación, y de conformismo. Los castellanos somos incapaces de salir de ese círculo vicioso cuya fuerza nos atenaza: la fuerza del nacionalismo español, por un lado, y la fuerza de los nacionalismos periféricos, por otro lado. El círculo vicioso de la presión mediática, informativa, social e ideológica de los llamados nacionalismos periféricos ( de profunda castellanofobia) y la del llamado nacionalismo español ( que necesita a lo castellano y a Castilla como algo caído del cielo para sustentar y soportar su concepción plana de España, que lleva implícita la desintegración material de Castilla). Presiones del círculo vicioso que se retroalimentan entre ellas, sin importarles que gran parte de Castilla se vaya convirtiendo en un desierto demográfico y humano.

Ni a los nacionalismos periféricos ni al nacionalismo español les interesa el resurgimiento de Castilla. No les interesa el resurgimiento material de Castilla: el resurgimiento económico, humano, demográfico, y social de Castilla. Y sin resurgimiento material no hay resurgimiento cultural, pues sin hombres y mujeres de Castilla no hay cultura castellana; como mucho quedaría el estudio de la universal cultura castellana y de la historia pasada. Y no abonan tampoco esos nacionalismos en modo alguno el loable y noble ideal de la fusión de las artificiales comunidades castellanas, objetivo que no impide expresamente la Constitución, dado que sólo inadmite la federación de comunidades autónomas. Pero su Título VIII sí propició notablemente por medio de los partidos políticos que dominaban los ayuntamientos y las diputaciones provinciales la fragmentación de las dos Castillas y León en arbitrarias comunidades autónomas. Consolidar el actual modelo asimétrico, el de que unas comunidades autónomas -que ya tenemos más o menos en mente cuáles serían- son más, mejores y más guays que otras comunidades autónomas, es una perspectiva muy poco inteligente, y de muy poco futuro, pero cuya senda parecen dispuestos a seguir hasta los del partido político de Mariano Rajoy. ¿Pero puede ser todavía más asimétrica y, por tanto, desigualitaria la actual organización territorial del Estado?. Algunos parecen que están dispuesto a ello, no nos engañemos. Sin embargo, una reforma constitucional debería dirigirse a hacer desaparecer privilegios como los conciertos fiscales, y a hacer efectiva la igualdad y la libertad de los ciudadanos españoles residan donde residan: pero esto no parece interesar a un Estado que debiera encaminarse a la modernidad.

Además, una reforma de la Constitución debería facilitar la cooperación y la unión entre las cinco comunidades autónomas castellanas ( las que llevan como nombres Cantabria, La Rioja, Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha). Y también debería expresar un reconocimiento de tipo institucional hacia la antigua Corona de Castilla, Estado histórico que junto con la antigua Corona de Aragón y el Reino de Navarra conforman la actual España. Aunque también se prevean en los estatutos de autonomía mecanismos de cooperación autonómica y los procedimientos de incorporación de provincias limítrofes.

Lo ilógico y lo lógico en Castilla

Pedro López Ocaña
Acabo de ver un mapa en el periódico “La Vanguardia”, que colorea las comunidades autónomas, desde el rojo fuerte al blanco según el gasto sanitario por habitante, correspondiendo el rojo a las que más gastan. Por dar una somera idea, la “Comunidad de Madrid” está en el blanco, “Castilla-La Mancha” es la tercera contando desde el blanco, “Castilla y León” la cuarta, Extremadura junto con el País Vasco en el rojo, es decir, esas últimas las que más gastan por habitante y las tres primeras, incluyendo la nuestra, la que llaman los políticos “Castilla-La Mancha”, las que menos; el resto oscilan en posiciones intermedias.

¿Tiene lógica esta clasificación? Pero se me ocurren otras cuestiones ilógicas en nuestra región.

¿Es lógico que la distribución sanitaria sea la que es? Es decir, que en Madrid o en Valencia, por citar dos comunidades distintas, ¿no pueda tenerse acceso a nuestro historial médico, y viceversa?.

¿Es lógico que para recibir determinados tratamientos médicos que no pueden hacerse en Cuenca nos hagan ir desde Tarancón a Albacete, a Alcázar de San Juan o a Toledo, lejanas y sin comunicación por transporte público, teniendo la ciudad de Madrid a 80 kilómetros y con un buen servicio de transporte y varios hospitales altamente especializados?. Santa Cruz de la Zarza, la comarca toledana de La Sagra y parte de la provincia de Guadalajara sí pueden, ¿por qué ellos sí y nosotros no?. ¿Es lógico?.

¿Es lógico que en una comunidad tan grande como “Castilla-La Mancha”, con tan malas comunicaciones y sin hospitales de alta especialización, se la convierta en una enorme isla sanitariamente incomunicada?.

¿Es lógico que en provincias con pequeños núcleos muy envejecidos, con muchos problemas para desplazarse a consultas y hospitales, no se subvencione con complementos al transporte colectivo no rentable (como se hacía hace años) para que la población no termine emigrando?.

¿Es lógico que una sola comunidad autónoma y concretamente una de sus provincias ( Guadalajara) albergue dos centrales nucleares, dos almacenes de residuos radiactivos temporales individualizados en piscinas ATI, y otra provincia como Cuenca un ATC (almacén temporal centralizado de residuos radiactivos de alta actividad ) a escasos 50 kilómetros de la mayor industria cárnica de la región y con los camiones de residuos radiactivos que necesariamente pasarán a su lado?.

¿Es lógico que una de las comunidades más secas, más pobre y con menos regadío de España, tenga que abastecer de agua para riego y boca a Murcia, Almería, Alicante y Valencia, mientras los pueblos ribereños de los embalses abastecedores tienen que ser abastecidos con camiones cisterna?. (Por mucho que los receptores puedan pagarla).

¿Es lógico que el Gobierno Español, incapaz de articular un sistema nacional solidario de abastecimiento de aguas sobrantes, consienta que sólo esta región, por obligación, tenga que ser la única solidaria?.

¿Tiene lógica o sentido común que las diferentes comunidades autónomas castellanas no busquen alguna fórmula descentralizada de unión política y económica entre ellas, ante las dos posibilidades de la nueva España que se avecina, la federal o la plurinacional?. ¿Qué seremos los castellanos si no lo hacemos?.

¿Tenemos futuro?. ¿Piensan nuestros políticos en todas estas cosas?. ¿En cómo contener la despoblación y el envejecimiento?. Porque no me gustaría tener que pensar que lo importante son los sillones y los reinos de taifas. Porque esto sí que no sería lógico, ni admisible.

Perdonen la impertinencia desde Tarancón.

Manifiesto de la Sociedad Intercastellana de 2004

“Sociedad intercastellana” fue una asociación cultural creada en Guadalajara por varias personas como Juan Pablo Mañueco, César Javier Gonzalo Gayo, Julio Lopezosa Espliego, Clemente de los Santos. Prácticamente su única actividad fue la redacción y divulgación de un Manifiesto por la unidad de Castilla, ampliamente difundido, pero poco aceptado por otras entidades y asociaciones culturales. El Manifiesto de Intercastellana, sin embargo, por su sencillez, claridad y sentido común, sigue circulando por diferentes vías en la actualidad. En esencia, decía:

1. Castilla posee una personalidad cultural propia entre los pueblos de España, una historia singular y unas manifestaciones artísticas, literarias, folklóricas, etnológicas, lingüísticas y humanas específicas, expresadas a través de su trayectoria secular, primero como Estado histórico independiente y después como nacionalidad histórica o pueblo peculiar entre los restantes de la Península, cuyo reconocimiento y expresión deben normalizarse en todos los ámbitos oficiales de España.
2. Las señas de la cultura castellana son comunes a varias de las Comunidades autónomas existentes en estos momentos en España, como lo demuestra el hecho de que algunas de ellas compartan el mismo nombre de Castilla. También sus estatutos de autonomía dejan abierta la puerta a una posible integración en una Castilla mayor. Hecho que también se recoge en los símbolos actuales de esas Comunidades, y mucho más, naturalmente en sus símbolos históricos.
3. Este hecho debe ser reconocido por el Estado y debe fomentarse colaboración cultural, cuando menos, entre los organismos y las personas de esas Comunidades que participan en mayor o menor grado en las señas propias de lo castellano, para lograr en el mayor grado que las leyes permitan una mayor afinidad intercastellana.
4. Nada impide y sí es mucho lo aconseja que se fomente desde este mismo momento la colaboración cultural, deportiva, musical y etnográfica entre las varias comunidades españolas con raíces indudables en Castilla. El interés de los castellanos y hasta el mismo interés general de España así lo aconseja, porque a todos los castellanos y a todos los españoles conviene que las tierras centrales de la Península se hallen cohesionadas y fuertes para solidarizarse, de igual a igual, con las restantes Comunidades de España.
5. Todo ello, pero en especial el punto 4, perfectamente constitucional y deseable, lo demandamos a las autoridades españolas y nos comprometemos a orientar nuestras acciones en este sentido desde este mismo momento.

Sociedad Intercastellana. Asociación Cultural

Reflexiones del escritor Juan Pablo Mañueco sobre Castilla y la Generación castellanista de los 80

España, Castilla, Mañueco y la Generación castellana de los 80

(Extracto de una entrevista mayor a Juan Pablo Mañueco, que aparecerá próximamente publicada. Las preguntas son las numeradas)

(Imagen de Don Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro Henchido de Castellanidad)

1. En tu libro “Cuarenta sonetos populares y cinco canciones diversas”, ¿por qué el empleo del soneto y además del soneto popular, para componer este libro?

Yo fui versolibrista en mis primeros libros como poeta. Era lo que entonces, años 70 y 80, se llevaba. La moda del momento, la vanguardia.

El realismo social de los años 50 y 60 y los “Novísimos” (éstos con mayor preocupación por la forma, hasta el punto de llamar “la generación de la berza” a los anteriores) habían establecido que lo moderno era el verso libre y todo lo demás, pasado.

De manera que en el verso libre me inicié en los 70. Después, ya a lo largo de los 80 fui dando entrada a la rima, preferentemente asonante, y a la medida, pero también en estrofas sencillas: romances, seguidillas, canciones y coplas populares.

En tales metros está compuesto mi primer libro serio de poesía “Romancero y Cancionero de la Alcarria” que obtuvo el Premio de Poesía “Provincia de Guadalajara”, 1981.

Más tarde, todavía en los 80, comencé a adentrarme en la poesía con rima consonante, como algunos de los componentes de la Generación castellana de los 80 preferíamos, frente al versolibrismo que seguía siendo el favorito de otros.

2. ¿Qué generación castellana de los 80 es esa?

Una serie de personas de diferentes ámbitos que nos juntamos a comienzos de los 80 con una misma preocupación: Castilla. Una Castilla que, pese a ser uno de los puntales necesarios de España, y a poseer una de las culturas más formidables y brillantes del planeta… de repente era negada por todos los políticos y ninguneada desde todos lados.

Hasta el punto de que se estaba volatilizando ante nuestros ojos sin que nadie lo hubiera pedido ni nadie explicara por qué se hacía. Simplemente el poder, desde arriba, había decido eliminarla, desustanciarla y trocearla, sin ningún motivo concreto ni deseo popular.

Repito, únicamente por decisión verticalista de la pirámide del poder, se estaba aventando a la tierra y la cultura más notable y marcada de España… Se eliminaba a Castilla de entre los pueblos existentes en España de un plumazo y sin explicaciones.

La Generación castellana de los 80: el quejido de Castilla durante la Transición

La Generación castellana de los 80 fue el quejido de Castilla ante lo que estaba ocurriendo y un intento de oponerse públicamente a lo que los oscuros mecanismos del poder estaban ejecutando.

Nosotros y debería decir más bien “ellos”, porque yo era el más joven de aquella generación…

Aunque, por diferentes razones, entre otras que por entonces yo dirigía una editorial de libros, especializada en estos temas, acabé presidiendo yo la entidad cultural en que cuajó todo aquello: “Amigos de las Castillas y León” y siendo el coordinador de las diferentes conferencias, actividades, textos, folletos y libros que se publicaron en la época.

Pues bien, nosotros, digo, enfrentamos razones y argumentos a los hechos consumados y a los intereses espurios e inconfesables que condujeron a la partición y a la aniquilación de Castilla, durante la Transición.

3. ¿Y qué personas componían aquella Generación?

La figura fundamental, la que nos aglutinó a todos, fue don Claudio Sánchez-Albornoz, académico, historiador y político, expresidente de la II República en el exilio, el cual, aunque se encontraba al final de su dilatada vida, viendo lo que estaba ocurriendo con su añorada Castilla, no cesaba de efectuar llamamientos a través de los medios de comunicación para que se respetara la identidad cultural de Castilla.

Pedía, con comunicados llenos de datos y de sabiduría, y entre fuertes dosis de emoción, una cosa bien sencilla: que se respetara a Castilla al mismo nivel que a cualquier otra parte de España.

¿No parece mucho pedir, no? Semeja ser algo tan sencillo que el poder político debería haberlo “comprendido” y otorgado, de suyo…

Pero el poder político no lo hizo. Y desde luego la mayor parte de nosotros consideremos que había fuerzas muy superiores que manejaban a su antojo a los poderes públicos para extinguir a Castilla, para quitarla de en medio, siguiendo una oscura “hoja de ruta” que no sabemos a quién beneficiaba. Pero que había deseo expreso de amordazar y aniquilar a Castilla.

¿A quién beneficiaba su extinción política?

Desde luego, no a Castilla ni a los castellanos. Ni tampoco al conjunto de España, según creímos entonces y lo seguimos creyendo siempre.

En concreto, Claudio Sánchez-Albornoz, a través de sus llamamientos, pedía que dentro de la España plural, se contara culturalmente con Castilla, lo cual es tan sencillo y evidente, que duele tener que seguirlo reclamando.

También pedía que se constituyera “una comunidad autónoma fuerte en una Castilla unida, desde el Mar Cantábrico hasta Sierra Morena”, como la mejor forma de defender los intereses de la propia Castilla y también de la propia España.

Una comunidad fuerte y unida en Castilla era lo más conveniente para garantizar el respeto a Castilla y también la soldadura adecuada de todas las Comunidades Autónomas peninsulares.

De otra forma, si el poder desunía a Castilla, esta tierra sería una mera piltrafa en manos de la periferia, pero también la propia España quedaría a merced de las comunidades más favorecidas y poderosas, que harían con ella, con España, igualmente lo que quisieran.

El deshuesamiento de Castilla y de España
4. Ciertamente, sus palabras han resultado proféticas de lo que ha ocurrido durante estos años.

Así es. Absolutamente, exactas. Se deshizo a Castilla, por interés de quien lo exigiera… que no del pueblo castellano.

Y las comunidades más privilegiadas y poderosas han hecho con España lo que les ha dado la gana.

Desde luego, a esa enorme porción de España que llamamos o llamábamos “Castilla” la han deshuesado completamente, hasta dejarla exhausta, como había predicho don Claudio que ocurriría, si no se constituía una Castilla fuerte y pujante…

Hasta tal extremo han deshuesado la España central, la España de Castilla -cosa que ya había comenzado a efectuar el Régimen de Franco, por otra parte, desde los pavorosos, para Castilla, años de la emigración de las deñcadas de los 50 ó 60-, que ahora, iniciado el siglo XXI, las comunidades pujantes y favorecidas pueden arrojar sus restos (los restos de la España central y fagocitada casi por entero) a la basura; como una cáscara despreciable, como un territorio al que le han absorbido toda su gente, su dinero, su tuétano y su vida…

Y ya no interesa sino para tirarlo fuera del convoy, por carente de valor: eso es lo que se sigue haciendo con Castilla desde la periferia, entre enormes insultos y dosis de incomprensión, por otra parte.

Uno de los casos de mayor crueldad con un territorio y unas gentes que cabe imaginar

España es un inmenso vacío interior… que ya no tiene ni voz para quejarse, frente a una periferia privilegiada y arrogante, que, sin embargo, no deja de exigir más y más, y de lamentarse si no lo recibe de inmediato.

Se iba a originar un país desquiciado, si no se respetaba a Castilla dentro de España y si todas las partes de España no actuaban con lealtad a España, al mismo tiempo… Lo había dicho muchas veces don Claudio, en el Congreso de los Diputados, durante la II República, y más tarde, durante su larguísimo exilio.

No se cumplieron las dos premisas requeridas por don Claudio, y el resultado ha sido el que él había predicho: una España desquiciada.

Componentes y actos de la Generación de los 80.

5. ¿Y si Claudio Sánchez-Albornoz fue el mentor o guía desde la distancia, qué otras personas integraron la Generación?

Personas muy distintas, de diferentes ámbitos y de desiguales edades. Ya digo que yo era el más joven de todos.

Sin embargo se juntó un plantel de intelectuales destacadísimos, que cumplen todos los requisitos para ser considerados una “Generación”, y mucho más claramente que otras…

Historiadores, sociólogos, economistas, escritores, periodistas, novelistas, poetas, folkloristas, políticos en activo o con ganas de serlo… Y esto último era ya una carga de dinamita que aquel grupo generacional llevaba dentro, para destruirlo al cabo del tiempo

Se formó un conjunto variopinto de personajes que realizaron asociaciones, impartieron conferencias, publicaron libros y folletos en común, trabaron una estrecha amistad a lo largo del tiempo…

El libro más significativo de aquella Generación fue “Castilla: manifiesto para su supervivencia. El lugar de Castilla en la España autonómica” (1984) donde Ramón Carnicer (leonés), Gonzalo Martínez Díez (burgalés, aunque vallisoletano de adopción), Demetrio Casado (segoviano), Ramiro Cercós (soriano) y yo mismo (madrileño/alcarreño) juntamos textos que se habían pronunciado a modo de conferencias, el verano anterior (1983), en el Centro Castellano-Leonés de Tarragona.

En una época en que “Castilla” aun comprendía a las dos Castillas, claro está, porque el oficialismo no había hecho saltar “Castilla” en pedacitos, que es lo que Castilla tiene que agradecer a todos y cada uno de los políticos que hicieron la Transición, sin excepciones

Los nombres de todos los componentes de la Generación, en concreto, me los reservo, porque me dejaría alguno…

Y además estoy escribiendo una novela que se llamará así: “La Generación castellana de los 80”, en donde vendrá la nómina completa y la vida, andanzas y peripecias de todos aquellos años, en donde íbamos de provincia en provincia (Madrid, Salamanca, Soria, Toledo, Valencia, Barcelona, Tarragona…), en un peregrinaje de difusión de la necesidad de que Castilla fuera vista y perdurara.

6. ¿Qué ocurrió con aquella Generación?

Se disolvió como ocurre con todas las generaciones. En realidad, todo y todos somos barcos que se cruzan en la noche y que al cruzarse hacen sonar sus sirenas y se saludan con sus luces, antes de volver a perderse en la inmensidad del océano de la vida.

Aquella Generación, unida, duró bastante, casi tres años de actos en común… Lo cual es mucho, comparándola con Generaciones que sólo se hicieron una foto en conjunto, o ni eso, sino que sólo han sido juntados por la crítica posteriormente, pero que nunca se llevaron bien entre ellos, y siempre negaron que existiera tal grupo.

7. ¿Y después?

Después el viento del poder siguió haciendo lo que siempre ha hecho… soplar y soplar en la dirección que quiere y hacer con los humanos lo que al viento le da la gana…

Es lo que ha ocurrido bajo cualquier sistema, con más o menos dificultades para lograr sus propósitos… Pero el viento del poder es el que siempre gana, verticalmente.

El poder es una pirámide, más o menos desde la época de los egipcios, y solamente varían los nombres y los rostros de quienes se sitúan encima de su cúspide y desde allí implantan su santa voluntad, y también varía un poco, muy poco, el método de ascenso hasta la cúspide.

Y el viento, desde arriba, había decidido que Castilla fuera barrida de en medio, de entre los pueblos existentes… El viento del poder sabrá por qué lo hizo y lo mantiene. Y quién le movía las aspas para que él actuase o agitaba los elementos atmosféricos contra la Castilla que a ese alguien le sobraba.

Nosotros simplemente lo expusimos entonces y yo lo expongo ahora. Para que el que quiera entender y ver, que vea y entienda lo que pasó y pasa. Y seguirá pasando hasta que el viento vertical sople en otra dirección, pero no sé hasta cuándo. No sé cuando cambiará de posición la veleta de la Historia.

Lo que sí digo es que en algún momento el viento del poder soplará de otro modo para Castilla. De eso estoy persuadido.

Castilla se sobrepondrá y terminará ganándole al viento que sopla desde arriba
8. ¿Crees, por tanto, que Castilla vencerá finalmente a ese poder que lleva soplando tanto tiempo contra ella?

Quizá, quizá… Es más, yo estoy convencido de ello. Hay cosas demasiado poderosas, incluso para el viento del poder –que en definitiva es una cosa manejada por los hombres-.

Castilla es una de ellas, formidablemente resistente, imperecedera, le hagan lo que le hagan, no podrán enterrarla… Respira.

El espíritu de Castilla, la cultura de Castilla, la impresionante cultura que ha sido capaz de alumbrar Castilla es de tal magnitud –una de las imprescindibles del planeta-, que los hombres que manejan las brisas y los vendavales, las ventiscas y los torbellinos a su antojo sólo pueden torcerla, desviarla de su camino un poco, pero no acabar con ella.

Castilla, a través de su descomunal cultura, sobrevivirá a los sistemas políticos: al franquismo (que la extenuó en lo demográfico y económico) y a la Transición española (que la aventó en lo político). Y seguirá existiendo ella cuando ya no quede ni resto de los pasajeros políticos y sistemas que atentaron contra su existencia.

9. Eso suena a muy cidiano (vencer después de muerto) o a Luis Vélez de Guevara (“Reinar después de morir”).

No es exacto. Castilla, en su cultura, no ha muerto. Ni puede hacerlo. No hay que resucitarla. Está viva y pujante, aunque no esté promocionada en los medios de comunicación ni por los poderes públicos como debiera…

Ahora bien, en todo los demás ámbitos, han hecho contra ella todo lo que han podido. Políticamente, han echado tierra sobre su existencia y han cubierto de sal su solar y su territorio.

El poder político sabrá por qué. Yo me lo imagino, pero también me reservo esa argumentación para la novela antecitada, que la identidad de ese autor o autores -bastante esmerado o muy metódicos, constantes y minuciosos- del “intento de asesinato de Castilla” quede de momento entre sombras, hasta que se resuelva su identidad en la novela, con precisión detectivesca e intriga de novela policiaca. ¿De acuerdo?

 

El falso color morado como de Castilla o de los comuneros

Francisco Javier Sánchez

No me gusta hablar de política, aunque a veces es inevitable. Este blog tiene por objeto divulgar cosas básicas que sobre Castilla cualquiera debiera conocer, sea castellano o no, en el ámbito de la cultura en general y de la historia, al mismo tiempo que fomentar y poner en alza los grandes valores de Castilla, su universalidad y su tolerancia.

Mucho se ha escrito y se ha explicado sobre el error de considerar al color morado como identificativo de Castilla o de los comuneros. Y parece que no fuera suficiente.

Lo digo porque todavía ciertas formaciones políticas minoritarias que se definen como castellanistas, siguen usando entre sus símbolos falsos pendones morados. Lo justifican porque ellos consideran que el color morado es el del castellanismo político, sin aportar ninguna explicación razonable ni seria, porque no la hay. Tal vez por eso son organizaciones minoritarias, porque si ya de base nacen con concepciones erróneas, mal se puede continuar reivindicando  la defensa de los intereses generales de Castilla.

Parece que poco les interesara conocer la propia heráldica y la vexilología de Castilla. En cuanto a la heráldica, jamás se ha visto en ninguna parte un escudo sobre fondo morado, porque el color morado no existe en la heráldica, entre otras cosas. Ya desde tiempos del rey Alfonso VIII el castillo de oro se pintaba sobre color heráldico gules (rojo) y así continuó con el emblema heráldico definitivo del cuartelado en cruz de castillos y leones creado con gran éxito por el rey Fernando III, San Fernando, tanto para simbolizar la unión total como para mostar la cruz del Cristianismo.

De la heráldica los colores pasaron a las banderas. Sobre la bandera de Castilla ya escribí en esta entrada. Ahí está la bandera cuartelada de castillos y leones que se conserva de la Toma de Sevilla en el año 1248, aunque en un remiendo posterior quitaron un león y pusieron otro castillo, pero los restauradores ya explicaron que originariamente constaba de dos castillos y dos leones, y no de tres castillos y un león como la vemos ahora. Bandera cuartelada también de colores rojo y blanco con dos castillos y dos leones que figura trece veces pintada en el primer Mapamundi de la Historia ( año 1500), realizado por el marino y cartógrafo montañés Juan de la Cosa, y en otros mapas portulanos, como el de Pietro Vesconte del año 1325, el de Angelino Dulcert de 1339, el de Gabriel Vallseca de 1439, el de Mateo Prunes de 1563, el de Diogo Homem de 1564, o el de Joan Martines de 1570.

Pero todo esto les da igual a los minoritarios castellanismos políticos. Lo consideran “historicista” y ellos están a otra cosa, aunque no se preocupen ni de divulgar los símbolos de Castilla.

Pero lo mismo ocurre con la que Amando Represa, que fue director del Archivo de Simancas, consideraba de manera acertada la bandera definitiva en la evolución final: plasmar el escudo cuartelado en cruz de castillos y leones sobre los cuarteles de gules y de plata en un paño o en una tela de color carmesí o encarnado, que es el color de la inmensa mayoría de las banderas de las villas, ciudades y provincias de la antigua Corona de Castilla. Y también da igual que se conserven los pendones de color rojo carmesí que utilizaban en Medina del Campo ( siglo XVI), cuya imagen encabeza esta entrada, y en Sepúlveda ( siglo XVIII), y que se pueden contemplar respectivamente en el Museo de las Ferias y en el Museo de los Fueros.

El poeta Lope de Vega bien lo expresó en unos versos de su obra “La Jerusalén conquistada”: “Aquel Fernando venturoso espera/ que corone el alcázar de Sevilla/ de las rojas banderas de Castilla.”

Los castellanistas políticos a lo mucho argumentan pobremente que el morado viene de la confusión de que el color carmesí con los siglos se volvió morado. No sé qué banderas de antaño habrán visto por ahí. Pero desde luego, repito, uno observa los pendones auténticos de Medina del Campo y de Sepúlveda, bien viejos, y no están morados.

También consideran bueno lo del color morado, porque como la Sociedad llamada “los Comuneros” en el siglo XIX adoptó como enseña distintiva, precisamente incurriendo en un error y en un capricho, un estandarte morado con un castillo blanco, porque éstos a su vez decían que los comuneros del siglo XVI portaban pendones morados…, cuando todo el mundo ya sabe que los comuneros del siglo XVI combatían bajo los pendones de sus villas y ciudades…

El historiador Vicente de la Fuente (1817-1889), que llegó a conocer personalmente a un miembro de la Sociedad “los Comuneros”, en su “Historia de las sociedades secretas” considera, en palabras de Fernández Duro y LLopis, que es una “patraña y falsedad lo del pendón morado de Castilla y dice que lo mismo que se les antojó a los liberales utilizar el color verde, a los comuneros se les ocurrió el morado”.

Por no contar también lo del Tercio creado por Felipe IV en 1634 como Guardia Real, en cuyo uniforme predominaba el morado, y que fue conocido con el nombre de “Tercio de los morados de Castilla”…, aunque su estandarte hoy depositado en la Real Armería figura descrito como de “damasco carmesí”, sin castillos ni leones, y con las enseñas personales del Conde-Duque de Olivares, por lo que nada tiene que ver con el emblema de Castilla.

Y qué contar de la bandera de la Segunda República Española, porque la Primera mantuvo la bandera rojigualda con el escudo ovalado y partido en castillo y león, pero sin corona. En la Segunda República, consagrando el error se añadió una tercera franja morada, porque entendían que en los colores rojo y gualda sólo estaba representada la antigua Corona de Aragón.

Se razonaba de esta manera la inclusión de la nueva franja de color morado como de los Comuneros de Castilla, aunque nadie hubiera visto ningún pendón morado en ninguna parte:

Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España.”

Actualmente, siguiendo con estos  errores y confusionismos, el color morado parece el color de moda de algunas corrientes políticas de la izquierda española, ya que es el color adoptado hasta en la bandera de una nueva formación política que el periodismo ha dado en llamar “formación morada”. Estas corrientes, por supuesto, ni se acuerdan de Castilla para nada ni de sus acuciantes problemas; tampoco de quiénes fueron los comuneros ni qué pretendían: nada menos que el establecimiento del primer sistema constitucional del mundo mediante la Ley Perpetua de 1520 que trataba aquí.

¿Hace falta decir algo más para salir de una vez del error y de la confusión del “morado”como un color que jamás ha identificado a Castilla ni a los comuneros?.

La Transición, una reforma del Estado autonómico y Castilla

Francisco Javier Sánchez

La Transición Política tras la muerte de Francisco Franco estableció unos mínimos de consenso que condujeron a la Constitución Española de 1978. Pero en el medio estaban la organización terrorista ETA asesinando un día sí y otro también, una parte de las Fuerzas Armadas recelosas del cambio político, unos políticos ávidos de poder y de poltronas con la nueva organización autonómica que se vislumbraba y que a punto estuvo de poner la guinda: que la provincia de Segovia fuera comunidad autónoma……

De ahí surgió en el redactado de la Constitución la Disposición Adicional 1ª: “La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”. ¿Qué derechos históricos, si los conciertos económicos datan del siglo XIX cuando el Gobierno quiso satisfacer a los liberales vascos que combatieron a los carlistas, que se oponían a la abolición de los fueros, hecho que se produjo acabada la guerra en 1876?. En 1878 y mediante un simple decreto gubernamental nacieron los conciertos económicos, que nada tienen que ver con fueros, como insisten en confundir por ahí, permitiendo el Gobierno a unas pocas diputaciones una autonomía económica y administrativa, incluida la recaudación de impuestos esenciales para un Estado que se quiera considerar moderno y que garantice la igualdad a todos sus ciudadanos. Por tanto, los conciertos fueron creadas por el régimen liberal, no venían de ninguna tradición de siglos.

Y la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, la posibilidad de que Navarra se incorpore a la Comunidad Autónoma Vasca, fue fruto de la presencia semanal asesina de ETA.

Curiosamente, el Título VIII de la Constitución, “De la organización Territorial del Estado”, que dejaba a las Diputaciones y Ayuntamientos la iniciativa para comenzar procesos autonómicos que conducían a comunidades autónomas uniprovinciales como las de Cantabria y La Rioja, propició que las incipientes castas provinciales y “regionales” de los partidos políticos descuartizaran Castilla en varias comunidades autónomas, y poco importaran las “características históricas, culturales y económicas comunes” entre las provincias de Toledo y Ávila, de Madrid y Segovia, o de Santander, Burgos y Logroño. Por supuesto, el PNV ayudó mucho a que se fragmentara todo el norte castellano lindante con Vascongadas y Navarra. Y el nacionalismo catalán receló bastante de que Madrid se incluyera en una Castilla unida, queriéndola también fragmentada. Esto es de lo que hay tratar, este es el tema fundamental en una reforma de la organización territorial de España, de recomponer Castilla se trata, y no de otro tema que monopoliza el debate de los periodistas y de los políticos españoles y que ya cansa. Sin eludir que también resulta necesaria una reforma a fondo del sistema de competencias a distribuir entre el Estado y las comunidades autónomas, para primar la igualdad, la equidad, la solidaridad y el sentido común entre todos los ciudadanos de España.

Castilla-La Castilla y no Castilla-La Mancha

Allá por el año 2006 se publicó en “Guadalajara Dos Mil” este texto del escritor Juan Pablo Mañueco con ocasión de una reforma estatutaria de la comunidad llamada “Castilla-La Mancha”, que por su interés se reproduce ahora dedicándolo en especial a Emiliano García-Page y a María Dolores de Cospedal, los políticos más conocidos en la actualidad de la siempre histórica Castilla la Nueva.

LA MAL LLAMADA Castilla-La Mancha, continúa reformando su mal remedo de algo parecido a un Estatuto, pero me temo que finalmente siga siendo tan inconstitucional como lo ha sido siempre, aunque ni PP ni PSOE sepan corregir la incoherencia e incontitucionalidad autonómica que arrastra desde el inicio.

El artículo 143 de la Constitución exige a las provincias que quieran acceder a la autonomía la posesión de “características históricas y culturales comunes”… Yo les retaría a ambos partidos a que definieran en el Preámbulo de su Estatuto cuáles son esas “características comunes” de todas estas provincias…. y, si las hallan, como exige la Constitución para ser UNA región, que nos expliquen por qué el nombre de la autonomía es doble… Y si, por el contrario, se trata de DOS entidades distintas, entonces tendrían que explicar por qué las agrupan en una.

Yo creo que sí existen esas “características históricas y culturales comunes”, pero que son las generales de Castilla o, más concretamente, las de Castilla la Nueva, nombre que ya era histórico en la Edad Media para designar a la submeseta sur, y en la cual la Mancha no es sino una más de sus veintitantas comarcas o regiones geográficas, que no históricas ni políticas.

Me parece tan absurdo hablar de “Castilla-La Mancha” como lo sería hablar de “Castilla-La Alcarria”, “Castilla-La Sagra”, “Castilla-La Jara”, “Castilla-Los Montes de Toledo”, “Castilla-El Valle del Alberche” o “Castilla-La Sierra de Alcaraz”, por citar otras comarcas que también se extienden a lo largo de dos o más provincias.

Por el contrario si PP o PSOE creen que la comarca manchega cumple los requisitos exigidos por la Constitución deberían explicarnos cuáles son, si pueden hacerlo, porque, en realidad, hasta en la provincia de Ciudad Real hay muchas comarcas que no son manchegas.

En el fondo, el problema que subyace aquí es la necesidad de no ver a Castilla que tienen PSOE y PP, la castellanofobia o autoodio de ambos partidos, como dicen por otros sitios, sólo que aquí a cargo de los propios gobernantes.

El PP necesita no ver a Castilla por su idea abstracta de España, que ha tomado -al parecer, del aire- las características castellanas, sin fijarse de dónde vienen. Lo cual requiere anular a la Castilla real.

EL PSOE tampoco ve a Castilla, en parte por lo anterior y, en parte, porque arrastra una visión antiespañola de los nacionalismos periféricos. De manera que el PSOE a Castilla, además de no verla, si puede la desbarata, de paso.

POSDATA: Por el bien propio de Castilla, y por el bien de España, PP y PSOE, deberían empezar a ver y respetar a Castilla. De lo contrario, así seguirá España: destruyéndose por exceso de ficciones en otras partes y destruida por defecto de realidades en las autonomías castellanas.

Juan Pablo Mañueco