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Viaje a las raíces de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Después de dos textos dedicados a la historia inicial de Castilla, sobre el nacimiento de Castilla y sobre Castilla, de condado a reino donde se han mencionado a Taranco de Mena y Valpuesta, propongo un viaje para conocer sobre el terreno estos lugares simbólicos de Castilla y aprovechar para visitar Frías, Oña y Medina de Pomar, en la comarca de Las Merindades.

Frías, al lado del río Ebro, conserva el típico entramado urbano medieval y se puede decir que tiene de todo, hasta el título de ciudad otorgado por el rey Juan II en el año 1435, para intercambiar la población con Peñafiel, que pertenecía entonces al Conde de Haro: casas colgadas, el castillo de los Velasco, la iglesia de San Vicente Mártir y de San Sebastián, la judería, una calzada romana y el famoso puente medieval de 143 metros de longitud, de orígen románico y con una torre defensiva del siglo XIV en su parte central. Las vistas desde Frías son espectaculares dado su estratégico emplazamiento.

Oña se encuentra muy cerca, donde el río Oca atraviesa los Montes Obarenes, y allí es obligado visitar el Monasterio de San Salvador, fundado en el año 1011 por el conde Sancho García, nieto del conde Fernán González. El Monasterio está compuesto de una serie de edificios de distintas épocas, como la iglesia construida entre finales del siglo XII y el siglo XV, y el claustro que data de los siglos XVI y XVII. Este monasterio sirvió de enterramiento a diversos personajes vinculados a los orígenes de Castilla, condes y reyes, -y por eso el Monasterio de San Salvador de Oña es Panteón Condal y Real-, ubicados en dos conjuntos sepulcrales colocados al lado del Evangelio y de la Epístola, descansando cada cuerpo en un arca de madera de nogal ricamente tallada y con incrustaciones en taracea, constituyendo una obra única en España que data de finales del siglo XV. Allí están enterrados los condes de Castilla Sancho García y García Sánchez, y el primer rey de Castilla, Sancho, asesinado en Zamora en el año 1072, cuya imagen encabeza esta entrada.

De Oña se puede ir hasta Valpuesta desviándose al este poco antes de llegar a San Pantaleón de Losa, pequeña aldea que cuenta con una espectacular ermita románica y gótica sobre un risco montañoso. Atravesando el parque natural de Valderejo en la comarca de Valdegovía, que fue de la Merindad de Castilla la Vieja hasta que en el mapa provincial de 1833 pasó a la provincia de Álava, se llega a la aldea de San Millán y a dos kilómetros está la de Valpuesta, ambas en el municipio burgalés de Berberana.

Valpuesta está considerada desde hace tiempo la cuna del castellano escrito. De ahí radica la importancia de ser visitada, además de conservar la Colegiata de Santa María, hoy simple parroquia, construida a partir de una ermita en el año 804, erigiéndose también en su caserío el Torreón de los Condestables.

Los estudios de filólogos y paleógrafos respecto de los cartularios de Santa María de Valpuesta han continuado durante estos años, con el respaldo de la Real Academia Española, y han dado como fruto la edición de “Los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta”, que fueron presentados en la sede de la Academia en Madrid. Estas investigaciones vienen a confirmar que en los códices de Valpuesta se encuentran las palabras más antiguas escritas en romance castellano.

Fue antes un antiquísimo obispado ( cuyo territorio comprendía el norte de Burgos, la mitad oriental de Cantabria y las zonas occidentales de las actuales Vizcaya y Álava), la primera diócesis del oriente del reino de Asturias, del que formaba parte Castilla en el siglo IX, y funcionó como obispado desde el año 804 hasta el siglo XI. Siendo Valpuesta un centro neurálgico en la organización de la primitiva Castilla, tiene toda lógica que el romance castellano naciera en esta zona de primera expansión castellana y no en La Rioja, incorporada a Castilla más tarde en el año 1076.

Antes de ultimar este viaje hasta Taranco de Mena, conviene visitar Medina de Pomar, que cuenta también con su larga historia y un abundante patrimonio de casas blasonadas y de iglesias. Una de las ermitas está dedicada a San Millán, donde se ubica el Centro de Interpretación del Románico de Las Merindades. Pero el edificio más imponente, situado en el alto de la ciudad, es el castillo de los Velasco ( o alcázar de los Condestables de Castilla), que aloja el Museo Histórico de Las Merindades.

Desde Medina de Pomar y para llegar a Taranco, primero hay que ir en dirección al puerto de Los Tornos, y a la altura de Bercedo desviarse a la derecha hacia Villasana de Mena, ya en la vertiente cantábrica. En medio de un paisaje verde y frondoso se alza un sencillo monumento al nombre de Castilla, que hace referencia a que en el acta fundacional del monasterio de San Emeterio y San Celedonio en Taranco, construcción ya desaparecida, se hace mención por primera vez a Castilla en un documento cristiano de fecha 15 de septiembre del año 800. Investigadores como Gonzalo Martínez Díez tachan este documento de apócrifo, es decir, falso, creado en el siglo XII para justificar o crear títulos de propiedad en favor del monasterio de San Millán de la Cogolla, dado que dicho documento como otros se redactaban para justificar la agregación de monasterios lejanos al cenobio riojano que alcanzó un extenso dominio territorial. En todo caso, merece la pena acercarse hasta Taranco aunque sólo sea para disfrutar de un paisaje idílico y de la compañía del singular monumento, celebrándose todos los domingos más cercanos al 15 de septiembre una romería en conmemoración del nombre de Castilla alrededor de la ermita que ahora se levanta en el lugar del antiguo monasterio.

Monumento al Nombre de Castilla en Taranco de Mena

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Toledo, Ciudad Comunera también para el turismo

Francisco Javier Sánchez

A cualquiera que visite la ciudad de Toledo le sorprende que en la Plaza de Padilla no exista ninguna referencia a que allí se encontraba la casa de Juan de Padilla, Capitán General del Ejército Comunero, y de su esposa María Pacheco. En otra ciudad o pueblo de cualquier parte de España, que contara con personajes relevantes en la historia, ya habría alguna inscripción que los recordara, y así habría de ser en Toledo con figuras tan principales como María Pacheco y Juan de Padilla, que fue regidor de la ciudad e icono de la Revolución de las Comunidades de Castilla, considerada como precursora de las revoluciones modernas. En marzo del año 2015, por fin, se levantó una estatua a Juan de Padilla en la plaza que lleva su nombre, tras siglos en los que el Ayuntamiento de Toledo ha sido desdeñoso con un héroe de la historia que defendió con las armas la Ley Perpetua de Castilla del año 1520, que no quiso acatar el rey Carlos.

Toledo fue la primera ciudad castellana que se sublevó contra la política antinacional de Carlos de Gante, hijo de la reina Juana de Castilla y usurpador del título de su madre, y la que más resistió como ciudad comunera tras la batalla de Villalar. Fue la ciudad que lideró el movimiento comunero. Sin embargo, se la conoce turísticamente como la ciudad imperial. Curiosamente, la inquina que tuvo el Emperador Carlos V con Toledo, principal ciudad que puso en peligro el estreno de una dinastía que desangró a Castilla durante dos siglos, llegó al extremo de mandar demoler la casa de los Padilla y Pacheco, sembrar de sal todo su solar, y colocar águilas bicéfalas de los Austrias en los escudos de la ciudad, que son los de Castilla. También mandó derruir la torre principal del antiguo alcázar de los reyes castellanos.

En contraste, Juan Bravo cuenta desde el año 1921 con una estatua en Segovia, y en la fachada de un edificio de la villa de Atienza figura la siguiente dedicatoria en unos sencillos azulejos: en esta casa nació el heróico comunero Juan Bravo Capitán General de Segovia que dió su vida por “celoso del bien público y defensor de la libertad del reino”. Dedicatoria que resume muy bien el ideal de los denostados comuneros. Es lo mínimo.

También Toledo debería de acoger un Centro de Interpretación del Movimiento Comunero, que sería complementario del existente en el castillo de Torrelobatón, importante población histórica de Castilla la Vieja y León con protagonismo en la Guerra de las Comunidades. Es hora de que el Ayuntamiento toledano y la Junta que precisamente lleva el nombre de Comunidades, aunque es dudoso que sus responsables sepan de dónde procede tal denominación, establezcan unos proyectos al respecto para llevarlos a cabo a la mayor brevedad posible, pues no queda nada para el V Centenario de la revolución comunera ( 1519-1522).

Mientras tanto, cada vez más castellanos acuden a Toledo cada año en el primer fin de semana de febrero en el que se cumple el aniversario de la caída de la ciudad ante el asedio de las tropas de Carlos de Gante. Las plazas de Zocodover y de Padilla son el escenario para brindar un homenaje a los comuneros, pedir dignidad para Castilla y denunciar su fragmentación autonómica. No parece que sea pedir mucho.

Segovia, el Museo Provincial y la Casa de la Moneda

Francisco Javier Sánchez

La ciudad de Segovia guarda dentro de ella innumerables tesoros dignos de ser visitados, aparte de presentar un gran legado histórico, amplio y rico, como consecuencia de ser una población fundada hace veinte siglos. A Segovia se la conoce sobretodo por su acueducto romano, su alcázar y su catedral. Pero también conserva la totalidad del trazado de sus antiguas murallas, con tres kilómetros de longitud que rodean la antigua ciudad, y que pueden ser visitadas desde la Puerta de San Andrés. También sigue estando en pié el edificio de la Sinagoga Mayor en la Judería, alhama comparable a las de Toledo y Córdoba. Y es una ciudad castellana orgullosa de su pasado histórico, presente siempre con sus procuradores en las antiguas Cortes de Castilla y protagonista de numerosos avatares de la Historia, como ocurrió durante la revolución de las Comunidades, por ser una de las principales ciudades comuneras.

Segovia en el siglo XVI ( Anton van Wyngaerde )

Segovia Anton van Wyngaerde

Por otro lado, Segovia es una ciudad con una importantísima historia numismática que merece la pena ser conocida a través del Museo Provincial y de la Casa de la Moneda, que es de lo que voy a tratar.

Uno de los espacios que debe ser visitado es el Museo Provincial de Segovia, dado que allí se encuentran importantes colecciones de monedas acuñadas en la ciudad, por lo que, los aficionados a esta ciencia auxiliar de la historia que es la numismática, podrán disfrutar bastante. En el mundo numismático, Segovia es una referencia importante, pues desde la época romana se labraron monedas, acrecentándose esta industria de la acuñación en la edad media y en la edad moderna.

El Museo de Segovia, perteneciente a la red de museos de la Junta de Castilla y León, se encuentra en la “Casa del Sol”, que fue antigua carnicería hebrea durante el apogeo de la judería segoviana. Entre sus fondos hay que destacar dos verracos celtibéricos, mosaicos romanos, esmaltes visigodos, una amplia serie de tablas de pintores castellanos y flamencos de los siglos XV y XVI, vidrios de La Granja, escultura religiosa, grabados de Durero y Rembrandt y otros autores, así como pintura contemporánea. El museo, cuyo origen data de 1842, ha sido trasladado muchas veces de lugar hasta llegar a su sede actual, una fortificación de la muralla conocida como “Casa del Sol”.

El Museo resulta muy agradable de visitar, con una buena disposición de salas que van acercándonos a las sucesivas etapas de la historia; celtíberos, romanos, visigodos, hispano-musulmanes, castellanos de la edad media y de la edad moderna, con su arte y su cultura, se nos presentan ante nosotros. Los aficionados a la numismática en especial podrán contemplar en distintas vitrinas monedas romanas, como el tesorillo de Coca, moneda hispano-musulmana, visigoda y castellana.

Parte de las murallas de Segovia, al fondo a la izquierda el Museo Provincial

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La acuñación de moneda en Segovia viene de antiguo y es que ya en época romana se acuñaba moneda de cobre en la ciudad. Junto al acueducto, el rey Enrique IV de Castilla, cuyo reinado fue prolífico en el aspecto numismático y un desastre en lo político, mandó construir una Casa de la Moneda, la conocida como ceca vieja, y de la que hoy no se conservan restos. Precisamente la marca de la ceca segoviana en las monedas es un pequeño acueducto. Allí se acuñaban las monedas a martillo. Pero las necesidades del reino decidieron a Felipe II edificar una nueva fábrica de acuñación de moneda, la conocida como Real Ingenio, en unos viejos molinos a orillas del río Eresma, con una nueva tecnología procedente de Alemania basada en ruedas hidráulicas. Juan de Herrera fue el arquitecto encargado de las obras, que se iniciaron en 1583, convirtiéndose en la ceca más moderna de la Corona de Castilla y de toda España, aunque en Sevilla se acuñaran más piezas por su proximidad al mar, por donde llegaban los metales. Actualmente los edificios del Real Ingenio están restaurados en su totalidad, después de años de abandono y de amenazar ruina, constituyendo uno de los ejemplos de arquitectura industrial más antiguos de España y de todo el mundo, estando en funcionamiento como ceca hasta 1868, y después como fábrica de harinas hasta 1974 que cerró. La Casa de la Moneda de Segovia, situada en un entorno precioso, es ya uno de los complejos monumentales más visitados de la ciudad. Su interior se encuentra bastante vacío de contenido numismático, remediado en parte con la tienda de la entrada y con la celebración de convenciones numismáticas en sus salas; pero cuenta con servicio de cafetería y restaurante, y se disfrutan de unas espectaculares vistas hacia la ciudad amurallada y el Alcázar.

En el Museo de Segovia hay una sala dedicada especialmente a la explicación de los diferentes procesos y técnicas de acuñación de monedas, señalando los principales edificios de Segovia -entre ellos sus dos cecas-, en una gran lámina que reproduce un dibujo de la ciudad en el siglo XVI. A escala muestran una maqueta en madera de los edificios del Real Ingenio de Segovia. Y lo más importante para los coleccionistas de monedas: se pueden admirar bellos ejemplares de Reales de a Ocho y también de un Cincuentín, piezas todas acuñadas en Segovia, además de piezas medievales y de diferentes cobres de los Borbones, y como colofón la moneda de 25 milésimas de escudo de 1868.

Tanto el Museo Provincial de Segovia como la Casa de la Moneda son dos reclamos con fuerza para acercarse a esta bella ciudad castellana, en especial para todos los interesados en el mundo de la numismática; no obstante, siempre ir a Segovia, pasear por su entramado urbano, coronar la torre del Alcázar y degustar su gastronomía, suponen un auténtico placer del que no hay que privarse.

Alcázar de Segovia

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