Reflexiones del escritor Juan Pablo Mañueco sobre Castilla y la Generación castellanista de los 80

España, Castilla, Mañueco y la Generación castellana de los 80

(Extracto de una entrevista mayor a Juan Pablo Mañueco, que aparecerá próximamente publicada. Las preguntas son las numeradas)

(Imagen de Don Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro Henchido de Castellanidad)

1. En tu libro “Cuarenta sonetos populares y cinco canciones diversas”, ¿por qué el empleo del soneto y además del soneto popular, para componer este libro?

Yo fui versolibrista en mis primeros libros como poeta. Era lo que entonces, años 70 y 80, se llevaba. La moda del momento, la vanguardia.

El realismo social de los años 50 y 60 y los “Novísimos” (éstos con mayor preocupación por la forma, hasta el punto de llamar “la generación de la berza” a los anteriores) habían establecido que lo moderno era el verso libre y todo lo demás, pasado.

De manera que en el verso libre me inicié en los 70. Después, ya a lo largo de los 80 fui dando entrada a la rima, preferentemente asonante, y a la medida, pero también en estrofas sencillas: romances, seguidillas, canciones y coplas populares.

En tales metros está compuesto mi primer libro serio de poesía “Romancero y Cancionero de la Alcarria” que obtuvo el Premio de Poesía “Provincia de Guadalajara”, 1981.

Más tarde, todavía en los 80, comencé a adentrarme en la poesía con rima consonante, como algunos de los componentes de la Generación castellana de los 80 preferíamos, frente al versolibrismo que seguía siendo el favorito de otros.

2. ¿Qué generación castellana de los 80 es esa?

Una serie de personas de diferentes ámbitos que nos juntamos a comienzos de los 80 con una misma preocupación: Castilla. Una Castilla que, pese a ser uno de los puntales necesarios de España, y a poseer una de las culturas más formidables y brillantes del planeta… de repente era negada por todos los políticos y ninguneada desde todos lados.

Hasta el punto de que se estaba volatilizando ante nuestros ojos sin que nadie lo hubiera pedido ni nadie explicara por qué se hacía. Simplemente el poder, desde arriba, había decido eliminarla, desustanciarla y trocearla, sin ningún motivo concreto ni deseo popular.

Repito, únicamente por decisión verticalista de la pirámide del poder, se estaba aventando a la tierra y la cultura más notable y marcada de España… Se eliminaba a Castilla de entre los pueblos existentes en España de un plumazo y sin explicaciones.

La Generación castellana de los 80: el quejido de Castilla durante la Transición

La Generación castellana de los 80 fue el quejido de Castilla ante lo que estaba ocurriendo y un intento de oponerse públicamente a lo que los oscuros mecanismos del poder estaban ejecutando.

Nosotros y debería decir más bien “ellos”, porque yo era el más joven de aquella generación…

Aunque, por diferentes razones, entre otras que por entonces yo dirigía una editorial de libros, especializada en estos temas, acabé presidiendo yo la entidad cultural en que cuajó todo aquello: “Amigos de las Castillas y León” y siendo el coordinador de las diferentes conferencias, actividades, textos, folletos y libros que se publicaron en la época.

Pues bien, nosotros, digo, enfrentamos razones y argumentos a los hechos consumados y a los intereses espurios e inconfesables que condujeron a la partición y a la aniquilación de Castilla, durante la Transición.

3. ¿Y qué personas componían aquella Generación?

La figura fundamental, la que nos aglutinó a todos, fue don Claudio Sánchez-Albornoz, académico, historiador y político, expresidente de la II República en el exilio, el cual, aunque se encontraba al final de su dilatada vida, viendo lo que estaba ocurriendo con su añorada Castilla, no cesaba de efectuar llamamientos a través de los medios de comunicación para que se respetara la identidad cultural de Castilla.

Pedía, con comunicados llenos de datos y de sabiduría, y entre fuertes dosis de emoción, una cosa bien sencilla: que se respetara a Castilla al mismo nivel que a cualquier otra parte de España.

¿No parece mucho pedir, no? Semeja ser algo tan sencillo que el poder político debería haberlo “comprendido” y otorgado, de suyo…

Pero el poder político no lo hizo. Y desde luego la mayor parte de nosotros consideremos que había fuerzas muy superiores que manejaban a su antojo a los poderes públicos para extinguir a Castilla, para quitarla de en medio, siguiendo una oscura “hoja de ruta” que no sabemos a quién beneficiaba. Pero que había deseo expreso de amordazar y aniquilar a Castilla.

¿A quién beneficiaba su extinción política?

Desde luego, no a Castilla ni a los castellanos. Ni tampoco al conjunto de España, según creímos entonces y lo seguimos creyendo siempre.

En concreto, Claudio Sánchez-Albornoz, a través de sus llamamientos, pedía que dentro de la España plural, se contara culturalmente con Castilla, lo cual es tan sencillo y evidente, que duele tener que seguirlo reclamando.

También pedía que se constituyera “una comunidad autónoma fuerte en una Castilla unida, desde el Mar Cantábrico hasta Sierra Morena”, como la mejor forma de defender los intereses de la propia Castilla y también de la propia España.

Una comunidad fuerte y unida en Castilla era lo más conveniente para garantizar el respeto a Castilla y también la soldadura adecuada de todas las Comunidades Autónomas peninsulares.

De otra forma, si el poder desunía a Castilla, esta tierra sería una mera piltrafa en manos de la periferia, pero también la propia España quedaría a merced de las comunidades más favorecidas y poderosas, que harían con ella, con España, igualmente lo que quisieran.

El deshuesamiento de Castilla y de España
4. Ciertamente, sus palabras han resultado proféticas de lo que ha ocurrido durante estos años.

Así es. Absolutamente, exactas. Se deshizo a Castilla, por interés de quien lo exigiera… que no del pueblo castellano.

Y las comunidades más privilegiadas y poderosas han hecho con España lo que les ha dado la gana.

Desde luego, a esa enorme porción de España que llamamos o llamábamos “Castilla” la han deshuesado completamente, hasta dejarla exhausta, como había predicho don Claudio que ocurriría, si no se constituía una Castilla fuerte y pujante…

Hasta tal extremo han deshuesado la España central, la España de Castilla -cosa que ya había comenzado a efectuar el Régimen de Franco, por otra parte, desde los pavorosos, para Castilla, años de la emigración de las deñcadas de los 50 ó 60-, que ahora, iniciado el siglo XXI, las comunidades pujantes y favorecidas pueden arrojar sus restos (los restos de la España central y fagocitada casi por entero) a la basura; como una cáscara despreciable, como un territorio al que le han absorbido toda su gente, su dinero, su tuétano y su vida…

Y ya no interesa sino para tirarlo fuera del convoy, por carente de valor: eso es lo que se sigue haciendo con Castilla desde la periferia, entre enormes insultos y dosis de incomprensión, por otra parte.

Uno de los casos de mayor crueldad con un territorio y unas gentes que cabe imaginar

España es un inmenso vacío interior… que ya no tiene ni voz para quejarse, frente a una periferia privilegiada y arrogante, que, sin embargo, no deja de exigir más y más, y de lamentarse si no lo recibe de inmediato.

Se iba a originar un país desquiciado, si no se respetaba a Castilla dentro de España y si todas las partes de España no actuaban con lealtad a España, al mismo tiempo… Lo había dicho muchas veces don Claudio, en el Congreso de los Diputados, durante la II República, y más tarde, durante su larguísimo exilio.

No se cumplieron las dos premisas requeridas por don Claudio, y el resultado ha sido el que él había predicho: una España desquiciada.

Componentes y actos de la Generación de los 80.

5. ¿Y si Claudio Sánchez-Albornoz fue el mentor o guía desde la distancia, qué otras personas integraron la Generación?

Personas muy distintas, de diferentes ámbitos y de desiguales edades. Ya digo que yo era el más joven de todos.

Sin embargo se juntó un plantel de intelectuales destacadísimos, que cumplen todos los requisitos para ser considerados una “Generación”, y mucho más claramente que otras…

Historiadores, sociólogos, economistas, escritores, periodistas, novelistas, poetas, folkloristas, políticos en activo o con ganas de serlo… Y esto último era ya una carga de dinamita que aquel grupo generacional llevaba dentro, para destruirlo al cabo del tiempo

Se formó un conjunto variopinto de personajes que realizaron asociaciones, impartieron conferencias, publicaron libros y folletos en común, trabaron una estrecha amistad a lo largo del tiempo…

El libro más significativo de aquella Generación fue “Castilla: manifiesto para su supervivencia. El lugar de Castilla en la España autonómica” (1984) donde Ramón Carnicer (leonés), Gonzalo Martínez Díez (burgalés, aunque vallisoletano de adopción), Demetrio Casado (segoviano), Ramiro Cercós (soriano) y yo mismo (madrileño/alcarreño) juntamos textos que se habían pronunciado a modo de conferencias, el verano anterior (1983), en el Centro Castellano-Leonés de Tarragona.

En una época en que “Castilla” aun comprendía a las dos Castillas, claro está, porque el oficialismo no había hecho saltar “Castilla” en pedacitos, que es lo que Castilla tiene que agradecer a todos y cada uno de los políticos que hicieron la Transición, sin excepciones

Los nombres de todos los componentes de la Generación, en concreto, me los reservo, porque me dejaría alguno…

Y además estoy escribiendo una novela que se llamará así: “La Generación castellana de los 80”, en donde vendrá la nómina completa y la vida, andanzas y peripecias de todos aquellos años, en donde íbamos de provincia en provincia (Madrid, Salamanca, Soria, Toledo, Valencia, Barcelona, Tarragona…), en un peregrinaje de difusión de la necesidad de que Castilla fuera vista y perdurara.

6. ¿Qué ocurrió con aquella Generación?

Se disolvió como ocurre con todas las generaciones. En realidad, todo y todos somos barcos que se cruzan en la noche y que al cruzarse hacen sonar sus sirenas y se saludan con sus luces, antes de volver a perderse en la inmensidad del océano de la vida.

Aquella Generación, unida, duró bastante, casi tres años de actos en común… Lo cual es mucho, comparándola con Generaciones que sólo se hicieron una foto en conjunto, o ni eso, sino que sólo han sido juntados por la crítica posteriormente, pero que nunca se llevaron bien entre ellos, y siempre negaron que existiera tal grupo.

7. ¿Y después?

Después el viento del poder siguió haciendo lo que siempre ha hecho… soplar y soplar en la dirección que quiere y hacer con los humanos lo que al viento le da la gana…

Es lo que ha ocurrido bajo cualquier sistema, con más o menos dificultades para lograr sus propósitos… Pero el viento del poder es el que siempre gana, verticalmente.

El poder es una pirámide, más o menos desde la época de los egipcios, y solamente varían los nombres y los rostros de quienes se sitúan encima de su cúspide y desde allí implantan su santa voluntad, y también varía un poco, muy poco, el método de ascenso hasta la cúspide.

Y el viento, desde arriba, había decidido que Castilla fuera barrida de en medio, de entre los pueblos existentes… El viento del poder sabrá por qué lo hizo y lo mantiene. Y quién le movía las aspas para que él actuase o agitaba los elementos atmosféricos contra la Castilla que a ese alguien le sobraba.

Nosotros simplemente lo expusimos entonces y yo lo expongo ahora. Para que el que quiera entender y ver, que vea y entienda lo que pasó y pasa. Y seguirá pasando hasta que el viento vertical sople en otra dirección, pero no sé hasta cuándo. No sé cuando cambiará de posición la veleta de la Historia.

Lo que sí digo es que en algún momento el viento del poder soplará de otro modo para Castilla. De eso estoy persuadido.

Castilla se sobrepondrá y terminará ganándole al viento que sopla desde arriba
8. ¿Crees, por tanto, que Castilla vencerá finalmente a ese poder que lleva soplando tanto tiempo contra ella?

Quizá, quizá… Es más, yo estoy convencido de ello. Hay cosas demasiado poderosas, incluso para el viento del poder –que en definitiva es una cosa manejada por los hombres-.

Castilla es una de ellas, formidablemente resistente, imperecedera, le hagan lo que le hagan, no podrán enterrarla… Respira.

El espíritu de Castilla, la cultura de Castilla, la impresionante cultura que ha sido capaz de alumbrar Castilla es de tal magnitud –una de las imprescindibles del planeta-, que los hombres que manejan las brisas y los vendavales, las ventiscas y los torbellinos a su antojo sólo pueden torcerla, desviarla de su camino un poco, pero no acabar con ella.

Castilla, a través de su descomunal cultura, sobrevivirá a los sistemas políticos: al franquismo (que la extenuó en lo demográfico y económico) y a la Transición española (que la aventó en lo político). Y seguirá existiendo ella cuando ya no quede ni resto de los pasajeros políticos y sistemas que atentaron contra su existencia.

9. Eso suena a muy cidiano (vencer después de muerto) o a Luis Vélez de Guevara (“Reinar después de morir”).

No es exacto. Castilla, en su cultura, no ha muerto. Ni puede hacerlo. No hay que resucitarla. Está viva y pujante, aunque no esté promocionada en los medios de comunicación ni por los poderes públicos como debiera…

Ahora bien, en todo los demás ámbitos, han hecho contra ella todo lo que han podido. Políticamente, han echado tierra sobre su existencia y han cubierto de sal su solar y su territorio.

El poder político sabrá por qué. Yo me lo imagino, pero también me reservo esa argumentación para la novela antecitada, que la identidad de ese autor o autores -bastante esmerado o muy metódicos, constantes y minuciosos- del “intento de asesinato de Castilla” quede de momento entre sombras, hasta que se resuelva su identidad en la novela, con precisión detectivesca e intriga de novela policiaca. ¿De acuerdo?

 

Castilla, de condado a reino

Francisco Javier Sánchez

En una anterior entrada expuse cómo fue el nacimiento de Castilla. Como continuación a esa entrada sobre la historia de la primitiva Castilla, invito a leer de una forma muy resumida cómo se transformó Castilla, desde un condado unificado por Fernán González, hasta un poderoso territorio fruto de la vitalidad de sus gentes que alcanzó la categoría de reino en el siglo XI.

La rápida ampliación del reducido territorio castellano de los inicios del siglo IX produjo su fragmentación en varios condados, que se caracterizaban por tener una dependencia más teórica que real de los reyes de Asturias, dado que se situaban en la frontera oriental abierta a los ataques de los musulmanes. En la población predominaban los campesinos libres, habituados al manejo de las armas, y no existían grandes linajes.

En el año 932 Fernán González se titula conde de toda Castilla y de Álava, reuniendo bajo su control un considerable territorio que comprendía desde la costa cantábrica de las actuales Cantabria y Vizcaya hasta las comarcas de Roa, Sepúlveda y Gormaz, dotando al gran condado de mayor peso geopolítico y de más fortaleza.

Algunos estudiosos afirman que Fernán González pasó su infancia al cuidado de un ayo en el interior de Cantabria, cerca de Ampuero, para así evitar peligros, donde era preparado para recibir responsabilidades de gobierno al ser probablemente hijo de Gonzalo Fernández, que fue conde de Burgos y Lara.

La independencia del Condado de Castilla se hace definitiva cuando su hijo García Fernández (años 970-995) hereda todos los condados castellanos unificados por Fernán González en un único linaje, incorporando además el condado de Monzón, y fortaleciendo el Torreón de Covarrubias que figura en la imagen. El conde Sancho García (995-1017), aprovechando la debilidad del califato, se dedica a repoblar el valle del Duero, incrementando su autoridad. El último conde castellano de la estirpe de Fernán González, García Sánchez (1017-1029), lo fue siendo menor de edad bajo la tutela del rey Sancho III de Navarra, su cuñado, y acabó asesinado en León. A partir de entonces el Condado de Castilla estuvo bajo el dominio de dicho rey de Navarra, y su hijo Fernando heredó Castilla en 1035, siendo también rey de León a partir de 1037. Esta fue la primera unión de León y Castilla. Con Fernando desaparece el título de conde de Castilla, y a su muerte en el año 1065 su hijo Sancho hereda con el título de rey, Castilla, convirtiéndose en reino.

Por último, destacar que durante los siglos IX a XI existió un obispado en Valpuesta, sobre el que recayeron labores esenciales en la organización de la primitiva Castilla. De allí proceden los documentos que recogen las palabras más antiguas del primigenio romance castellano, los llamados Cartularios de Valpuesta, anteriores a las Glosas Emilianenses de San Millán de la Cogolla.

Madrid Comunero

Francisco Javier Sánchez

Hoy en día hablar de Madrid supone tratar de una gran urbe, la capital de España. Madrid se convirtió en sede más o menos fija de la Corte en tiempos de Felipe II; anteriormente, la Corona de Castilla nunca tuvo una capital permanente, pues los reyes castellanos eran itinerantes, y tan pronto se encontraban en Segovia, como en Toledo o en Sevilla. Algunos reyes de Castilla tenían sus preferencias, como Alfonso X con Toledo, Pedro I con Sevilla, o Juan II y Enrique IV con Segovia. Pero a partir de Felipe III, tras instalarse durante cinco años la Corte en Valladolid desde 1601 a 1606, la Corte de la Monarquía Hispánica queda instalada definitivamente en Madrid.

Pero antes Madrid era una villa modesta que, no obstante, contaba con Procuradores en las Cortes de Castilla; esto era un privilegio pues no todas las villas y ciudades de Castilla podían enviar representantes a las Cortes castellanas. Durante el reinado de Isabel de Castilla, a finales del siglo XV sólo diecinueve ciudades, con sus respectivas áreas de influencia que abarcaban todo el territorio castellano, mandaban Procuradores a las Cortes: Burgos, Soria, Segovia, Ávila, León, Zamora, Toro, Salamanca, Palencia, Valladolid, Toledo, Madrid, Guadalajara, Cuenca, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada y Murcia.

Parece que no, pero en este contexto – el del Madrid ciudadano- hay que enmarcar la importantísima participación de la Villa de Madrid y de su Tierra en la Revolución de las Comunidades de Castilla. Toledo fue la cuna y epígono del movimiento comunero, en la Castilla que alumbró el primer texto legislativo de caracteres constitucionales, la Ley Perpetua redactada en Ávila durante el verano del año 1520 y que no quiso acatar el rey Carlos. Pero la Villa de Madrid siempre estuvo al lado de Toledo, por excelencia Ciudad Comunera, también para el turismo, dentro de las relaciones de fuerte solidaridad entre las ciudades castellanas. Madrid se organizó como Comunidad revolucionaria, destituyó a los regidores sumisos a Carlos de Gante, impuso una Hacienda para sufragar los cuantiosos gastos derivados, y puso en pie unas milicias que engrosaran las filas del Ejército Comunero. Prácticamente todos los vecinos de Madrid estaban implicados en el levantamiento de la villa. Sobre todo esto se ocupa un libro de reciente publicación.

En septiembre de 2015 la Asociación Cultural La Gatera de la Villa ha editado un libro escrito por el investigador D. José Manuel Castellanos Oñate, titulado “Madrid Comunero. Crónica, documentos y análisis del alzamiento en la villa”. La solapa del libro referencia que “es una crónica documentada de la participación madrileña en el movimiento comunero, episodio que los cronistas clásicos, y otros modernos tras ellos, han preferido silenciar o minimizar, desvirtuándolo con tópicos carentes de rigor que hoy día siguen teniéndose por ciertos”. Precisamente este libro trata de llenar, como dice su introducción, “no pocas lagunas necesitadas de nuevos y pacientes estudios; una de ellas es la participación de la villa en el movimiento general de las Comunidades de Castilla, por más que escribir sobre tal asunto pueda parecer ocioso”.

En el libro “Madrid Comunero” se ha desarrollado un excelente trabajo, en una labor prolija y exhaustiva, pues incluso transcribe al final, en su totalidad o en parte, doscientos sesenta y siete documentos relativos al alzamiento comunero en Madrid, y referencia en un índice más de ochenta personajes conocidos relacionados con el Madrid comunero y una breve sinopsis de ellos. Es una documentación de sumo valor y muy curioso el poder leerla, además de ser el innegable soporte a la meticulosa investigación realizada por su autor.

Además de al mítico jefe de las milicias madrileñas, Juan Zapata, quisiera recordar a los dos Procuradores de Madrid que defendieron los intereses de sus ciudadanos en las Cortes de Castilla de 1518 ante Carlos, autoproclamado rey en Bruselas en 1516: Antonio de Luzón, que fue regidor comunero de la villa, y a Luis Núñez. Y sobretodo, a Pedro de Sotomayor, que fue procurador madrileño en las Juntas de Ávila y de Tordesillas, siendo apresado en esta última villa en diciembre de 1520 y sentenciado a muerte en agosto de 1522, muriendo decapitado en la plaza de Medina del Campo el 13 de octubre de 1522. Y quince días después aparece como exceptuado en el llamado Perdón General. La represalia contra su familia continuó hasta 1550 en que se dicta sentencia definitiva contra las hijas de Sotomayor que pleitearon para recuperar los bienes de su padre confiscados.

Por tanto, estamos ante una obra de imprescindible lectura para conocer cómo fueron las gentes de Madrid en los años del movimiento comunero y para afirmar lo obvio: que Madrid siempre será Castilla, pese a los artificios autonómicos, sin perjuicio de su actual mestizaje de culturas que se pone como justificación del artificio, cuando en Barcelona, por ejemplo, se produce con mayor intensidad ese mestizaje y nadie duda de que es la ciudad más importante de la comunidad en que se asienta.

Por último, recordar la fecha del 26 de junio de 1520, día en que se constituye el Concejo comunero de Madrid, y la del 15 de mayo de 1521 en que capitula la villa ante el poder real. Durante esos años, como decía la crónica de Sandoval, los castellanos “esperaban que sería esta república una de las más dichosas y bien gobernadas del mundo. Concibieron las gentes unas esperanzas gloriosas de que habían de gozar los siglos floridos de más estima que el oro”.

El falso color morado como de Castilla o de los comuneros

Francisco Javier Sánchez

No me gusta hablar de política, aunque a veces es inevitable. Este blog tiene por objeto divulgar cosas básicas que sobre Castilla cualquiera debiera conocer, sea castellano o no, en el ámbito de la cultura en general y de la historia, al mismo tiempo que fomentar y poner en alza los grandes valores de Castilla, su universalidad y su tolerancia.

Mucho se ha escrito y se ha explicado sobre el error de considerar al color morado como identificativo de Castilla o de los comuneros. Y parece que no fuera suficiente.

Lo digo porque todavía ciertas formaciones políticas minoritarias que se definen como castellanistas, siguen usando entre sus símbolos falsos pendones morados. Lo justifican porque ellos consideran que el color morado es el del castellanismo político, sin aportar ninguna explicación razonable ni seria, porque no la hay. Tal vez por eso son organizaciones minoritarias, porque si ya de base nacen con concepciones erróneas, mal se puede continuar reivindicando  la defensa de los intereses generales de Castilla.

Parece que poco les interesara conocer la propia heráldica y la vexilología de Castilla. En cuanto a la heráldica, jamás se ha visto en ninguna parte un escudo sobre fondo morado, porque el color morado no existe en la heráldica, entre otras cosas. Ya desde tiempos del rey Alfonso VIII el castillo de oro se pintaba sobre color heráldico gules (rojo) y así continuó con el emblema heráldico definitivo del cuartelado en cruz de castillos y leones creado con gran éxito por el rey Fernando III, San Fernando, tanto para simbolizar la unión total como para mostar la cruz del Cristianismo.

De la heráldica los colores pasaron a las banderas. Sobre la bandera de Castilla ya escribí en esta entrada. Ahí está la bandera cuartelada de castillos y leones que se conserva de la Toma de Sevilla en el año 1248, aunque en un remiendo posterior quitaron un león y pusieron otro castillo, pero los restauradores ya explicaron que originariamente constaba de dos castillos y dos leones, y no de tres castillos y un león como la vemos ahora. Bandera cuartelada también de colores rojo y blanco con dos castillos y dos leones que figura trece veces pintada en el primer Mapamundi de la Historia ( año 1500), realizado por el marino y cartógrafo montañés Juan de la Cosa, y en otros mapas portulanos, como el de Pietro Vesconte del año 1325, el de Angelino Dulcert de 1339, el de Gabriel Vallseca de 1439, el de Mateo Prunes de 1563, el de Diogo Homem de 1564, o el de Joan Martines de 1570.

Pero todo esto les da igual a los minoritarios castellanismos políticos. Lo consideran “historicista” y ellos están a otra cosa, aunque no se preocupen ni de divulgar los símbolos de Castilla.

Pero lo mismo ocurre con la que Amando Represa, que fue director del Archivo de Simancas, consideraba de manera acertada la bandera definitiva en la evolución final: plasmar el escudo cuartelado en cruz de castillos y leones sobre los cuarteles de gules y de plata en un paño o en una tela de color carmesí o encarnado, que es el color de la inmensa mayoría de las banderas de las villas, ciudades y provincias de la antigua Corona de Castilla. Y también da igual que se conserven los pendones de color rojo carmesí que utilizaban en Medina del Campo ( siglo XVI), cuya imagen encabeza esta entrada, y en Sepúlveda ( siglo XVIII), y que se pueden contemplar respectivamente en el Museo de las Ferias y en el Museo de los Fueros.

El poeta Lope de Vega bien lo expresó en unos versos de su obra “La Jerusalén conquistada”: “Aquel Fernando venturoso espera/ que corone el alcázar de Sevilla/ de las rojas banderas de Castilla.”

Los castellanistas políticos a lo mucho argumentan pobremente que el morado viene de la confusión de que el color carmesí con los siglos se volvió morado. No sé qué banderas de antaño habrán visto por ahí. Pero desde luego, repito, uno observa los pendones auténticos de Medina del Campo y de Sepúlveda, bien viejos, y no están morados.

También consideran bueno lo del color morado, porque como la Sociedad llamada “los Comuneros” en el siglo XIX adoptó como enseña distintiva, precisamente incurriendo en un error y en un capricho, un estandarte morado con un castillo blanco, porque éstos a su vez decían que los comuneros del siglo XVI portaban pendones morados…, cuando todo el mundo ya sabe que los comuneros del siglo XVI combatían bajo los pendones de sus villas y ciudades…

El historiador Vicente de la Fuente (1817-1889), que llegó a conocer personalmente a un miembro de la Sociedad “los Comuneros”, en su “Historia de las sociedades secretas” considera, en palabras de Fernández Duro y LLopis, que es una “patraña y falsedad lo del pendón morado de Castilla y dice que lo mismo que se les antojó a los liberales utilizar el color verde, a los comuneros se les ocurrió el morado”.

Por no contar también lo del Tercio creado por Felipe IV en 1634 como Guardia Real, en cuyo uniforme predominaba el morado, y que fue conocido con el nombre de “Tercio de los morados de Castilla”…, aunque su estandarte hoy depositado en la Real Armería figura descrito como de “damasco carmesí”, sin castillos ni leones, y con las enseñas personales del Conde-Duque de Olivares, por lo que nada tiene que ver con el emblema de Castilla.

Y qué contar de la bandera de la Segunda República Española, porque la Primera mantuvo la bandera rojigualda con el escudo ovalado y partido en castillo y león, pero sin corona. En la Segunda República, consagrando el error se añadió una tercera franja morada, porque entendían que en los colores rojo y gualda sólo estaba representada la antigua Corona de Aragón.

Se razonaba de esta manera la inclusión de la nueva franja de color morado como de los Comuneros de Castilla, aunque nadie hubiera visto ningún pendón morado en ninguna parte:

Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España.”

Actualmente, siguiendo con estos  errores y confusionismos, el color morado parece el color de moda de algunas corrientes políticas de la izquierda española, ya que es el color adoptado hasta en la bandera de una nueva formación política que el periodismo ha dado en llamar “formación morada”. Estas corrientes, por supuesto, ni se acuerdan de Castilla para nada ni de sus acuciantes problemas; tampoco de quiénes fueron los comuneros ni qué pretendían: nada menos que el establecimiento del primer sistema constitucional del mundo mediante la Ley Perpetua de 1520 que trataba aquí.

¿Hace falta decir algo más para salir de una vez del error y de la confusión del “morado”como un color que jamás ha identificado a Castilla ni a los comuneros?.

La Transición, una reforma del Estado autonómico y Castilla

Francisco Javier Sánchez

La Transición Política tras la muerte de Francisco Franco estableció unos mínimos de consenso que condujeron a la Constitución Española de 1978. Pero en el medio estaban la organización terrorista ETA asesinando un día sí y otro también, una parte de las Fuerzas Armadas recelosas del cambio político, unos políticos ávidos de poder y de poltronas con la nueva organización autonómica que se vislumbraba y que a punto estuvo de poner la guinda: que la provincia de Segovia fuera comunidad autónoma……

De ahí surgió en el redactado de la Constitución la Disposición Adicional 1ª: “La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”. ¿Qué derechos históricos, si los conciertos económicos datan del siglo XIX cuando el Gobierno quiso satisfacer a los liberales vascos que combatieron a los carlistas, que se oponían a la abolición de los fueros, hecho que se produjo acabada la guerra en 1876?. En 1878 y mediante un simple decreto gubernamental nacieron los conciertos económicos, que nada tienen que ver con fueros, como insisten en confundir por ahí, permitiendo el Gobierno a unas pocas diputaciones una autonomía económica y administrativa, incluida la recaudación de impuestos esenciales para un Estado que se quiera considerar moderno y que garantice la igualdad a todos sus ciudadanos. Por tanto, los conciertos fueron creadas por el régimen liberal, no venían de ninguna tradición de siglos.

Y la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, la posibilidad de que Navarra se incorpore a la Comunidad Autónoma Vasca, fue fruto de la presencia semanal asesina de ETA.

Curiosamente, el Título VIII de la Constitución, “De la organización Territorial del Estado”, que dejaba a las Diputaciones y Ayuntamientos la iniciativa para comenzar procesos autonómicos que conducían a comunidades autónomas uniprovinciales como las de Cantabria y La Rioja, propició que las incipientes castas provinciales y “regionales” de los partidos políticos descuartizaran Castilla en varias comunidades autónomas, y poco importaran las “características históricas, culturales y económicas comunes” entre las provincias de Toledo y Ávila, de Madrid y Segovia, o de Santander, Burgos y Logroño. Por supuesto, el PNV ayudó mucho a que se fragmentara todo el norte castellano lindante con Vascongadas y Navarra. Y el nacionalismo catalán receló bastante de que Madrid se incluyera en una Castilla unida, queriéndola también fragmentada. Esto es de lo que hay tratar, este es el tema fundamental en una reforma de la organización territorial de España, de recomponer Castilla se trata, y no de otro tema que monopoliza el debate de los periodistas y de los políticos españoles y que ya cansa. Sin eludir que también resulta necesaria una reforma a fondo del sistema de competencias a distribuir entre el Estado y las comunidades autónomas, para primar la igualdad, la equidad, la solidaridad y el sentido común entre todos los ciudadanos de España.

El nacimiento de Castilla

Francisco Javier Sánchez

Resulta un poco complicado resumir cómo nació Castilla, una entidad totalmente novedosa en la Historia pero que surgió con fuerza. Tras la invasión musulmana de la España visigoda a principios del siglo VIII, la mayoría de los godos que vivían en las dos mesetas, campesinos y ganaderos, junto con la clase dirigente de Toledo, se refugiaron al norte de la Cordillera Cantábrica; los primeros -la masa popular- preferentemente en la antigua Cantabria y los segundos -la corte toledana y los restos de su ejército- en tierras de Oviedo. De esa mezcla con la población nativa y con los hispano-romanos surgió el reino de Asturias, que llegó a abarcar prácticamente todo el norte peninsular, desde Galicia hasta Álava. Desde un principio el reino de Asturias, al igual que los demás reinos y condados cristianos que fueron apareciendo en los Pirineos, se sentía heredero de la tradición visigótica, aunque sobretodo fue la corte asturiana la que basaba su legitimidad en Toledo, la capital de la España visigoda.

Dentro del llamado reino de Asturias destacó pronto la vitalidad humana de la antigua Cantabria, que empezó a llamarse la tierra de los castillos desde el mismo siglo VIII, por las numerosas atalayas y fortalezas que tuvieron que levantar para defenderse de las acometidas musulmanas que llegaban a través del valle del Ebro. Menéndez Pidal afirma que “entonces empieza a sonar en la historia el nombre de Castilla, los castillos, aplicado a esta pequeña y combatida frontera oriental del reino asturiano”. El Poema de Fernán González, escrito en el siglo XIII por un poeta anónimo pero muy orgulloso de la génesis de Castilla, hace referencia a esta Castilla limitada a un reducto montañoso:

“Era Castiella Vieja un puerto bien cerrado,

non había mas entrada de un solo forado;

tovieron castellanos el puerto bien guardado,

por que de toda España ese hobo fincado”

Los árabes ya la llamaban Al-Quilé ( los castillos) en crónica del año 792 al tratar la expedición de Hissem I. En documentos cristianos aparece “Castilla” en el año 800 con ocasión de la fundación del monasterio de San Emeterio y San Celedonio en Taranco de Mena (en las Merindades de Burgos), donde se levanta un sencillo monumento al nombre de Castilla en mitad de un precioso paisaje de ensueño. El autor del Poema de Fernán González viene a recordar expresamente a La Montaña, hoy provincia de Cantabria, en unas estrofas que son todo un canto a los orígenes de Castilla:

“Sobre todas las tierras mejor es la Montanna,

de vacas e ovejas non ha tierra tamanna,

tantos ha y de puercos que es fiera fazanna,

sirvense muchas tierras de las cosas de Espanna”

Enseguida los primitivos castellanos, es decir, los montañeses, se desplazaron al sur de la Cordillera Cantábrica, fundando Brañosera, cuya imagen boscosa encabeza este texto, siendo su carta de población otorgada por el conde Múnio Núñez en el año 824 el fuero más antiguo de España. En el año 860 reconquistaron al mando del conde Rodrigo la mítica Peña de Amaya, que era uno de los principales asentamientos de los antiguos cántabros, volviendo pues a retomar este bastión que fuera de sus abuelos. Desde la alta meseta de Amaya se seguía avanzando hacia el sur y en el año 884 repoblaron Burgos con el conde Diego Rodríguez Porcelos, que será conocida más tarde como cabeza de Castilla.

Ya en aquellos tiempos Castilla comprendía un territorio un poco más amplio que el reducto montañoso, pero no dejaba de ser un pequeño rincón en estrofas del poeta que cantó a Fernán González, el primer conde que unificó los condados de Castilla en un gran condado más adelante, en el año 932:

“Era Castiella entonces un pequeño rincón,

era de castellanos montes de Oca mojón,

y de otra parte Fitero el hondón;

Carazo era de moros en aquella sazón.”

Conviene destacar que Castilla estaba dividida hasta entonces en varios condados, Castilla Vieja, Cerezo-Lantarón, Lara, Burgos, Campoo y Álava, siendo sus condes dependientes del reino de Asturias, más tarde llamado de León cuando el rey Ordoño II ( años 914-924) fija la capital del reino en León. Los diversos condados que surgieron en la primera Castilla vienen reflejados muy bien en la obra “Historia de Castilla, de Atapuerca a Fuensaldaña”, dirigida por Juan José García González y editada por “La esfera de los libros”.

A Castilla la hicieron España y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo

Francisco Javier Sánchez

Castilla tuvo un gran historiador y político que se llamaba Claudio Sánchez-Albornoz. Fue doctor y catedrático en Historia, diputado por Ávila, rector de Universidad, ministro, embajador, presidente del Gobierno republicano en el exilio…, pero ante todo fue un castellano comprometido con su tierra aunque estuviera viviendo muy lejos de ella. Escribió lo siguiente en su magna obra “España, un enigma histórico”: “ Castilla no se ha impuesto a España, se ha sacrificado por ella. En las Constituyentes de 1931, enfrenté la injusta frase orteguiana: “Castilla hizo a España y la deshizo” y acuñé esta otra, absolutamente exacta: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla ( y la sigue deshaciendo, también dijo)”. Y tuve el placer de que Ortega y Unamuno aceptaran tal definición”.

Me voy a permitir mejorar la primera parte de la famosa frase de Claudio Sánchez-Albornoz, sin menoscabo alguno de la gran autoridad que emana de sus profundísimos estudios, y que ya he adelantado con el propio título de esta entrada. En largo sería: “A Castilla la hizo España una guerra ganada por Fernando de Aragón y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo”.

Esta mejora que me atrevo a realizar tiene su base en lo que nos cuenta la misma Historia en general y el propio Sánchez-Albornoz en su citada obra al afirmar que Castilla no se impuso a España sino que se sacrificó por ella, es decir, que a Castilla la hicieron España pues nadie se sacrifica por propia voluntad. El ideario castellano de Don Claudio Sánchez-Albornoz se expuso en esta entrada.

Muerto en extrañas circunstancias ( ¿envenenado?) el rey Enrique IV de Castilla en el año 1474, se desató la llamada Guerra de Sucesión Castellana entre los partidarios de Juana de Trastámara y de Isabel de Trastámara, respectivamente hija y hermanastra del difunto rey, con el apoyo en el primer caso de Portugal y en el segundo de Aragón. Es decir que España podía haber resultado de la unión de Castilla y Portugal, posibilidad finalmente derrotada por la intervención militar de Fernando de Aragón, que vino previamente a Castilla a escondidas para casarse en el año 1469 con una fugitiva Isabel en contra de la opinión en vida de Enrique IV, rey que alentaba la unión luso-castellana.

Cabe recordar que España siempre había comprendido cultural y geográficamente toda la Península Ibérica, y que tanto Portugal como Castilla nacieron como condados al abrigo del reino de León.

En la unión dinástica de Aragón y Castilla estaba vitalmente interesada la primera corona, a punto de sucumbir ante una potente Francia que había sido hasta entonces la tradicional aliada de Castilla durante la Baja Edad Media. Castilla de repente tuvo que adoptar en política internacional los intereses de Aragón: conflictos bélicos con Francia durante dos siglos; mantenimiento y defensa con hombres, dinero y medios materiales de las posesiones de Aragón en el Mediterráneo; y la peculiar política matrimonial llevada a cabo para con sus hijos por los Reyes Católicos, obsesionados en rodear a Francia. Matrimonios y fallecimientos varios que abocaron a la extinción de la Casa Real de Castilla y al advenimiento de la nefasta Casa de Austria, durante un tiempo breve con Felipe el Hermoso ( rey de Castilla y no de Aragón, donde continuaba Fernando) y definitivamente instalada con Carlos de Gante, rey de Castilla usurpando el trono a su madre Juana, y rey de Aragón por la muerte de Fernando el Católico sin haber dejado descendencia tras el matrimonio con Germana de Foix ( si hubiera sobrevivido un heredero aragonés, niño que falleció a los pocos días, las coronas de Aragón y Castilla se hubieran separado). Se empezaba a deshacer Castilla y no se respetaba ni el testamento de Isabel la Católica.

Reproduzco, llegando a este momento histórico, este párrafo de la obra de Sánchez-Albornoz “España, un enigma histórico”: “…Malogróse ésta ( la inmejorable coyuntura económica y demográfica de Castilla en los albores del siglo XVI) por una serie de azares históricos. El que más desdichadamente incidió en el curso de la historia de España fue la casual herencia de Carlos de Austria de los reinos españoles y la incorporación de los mismos al gran conjunto de estados que hubo de regir el nieto de los Reyes Católicos. Esta calamidad nacional, históricamente imprevisible y que el juego de fuerzas de la vida española hacía insospechable, agostó en flor el despliegue del potencial económico hispano, avanzado ya en el siglo XV, y la creciente reactivación industrial, comercial y bancaria de Castilla.”

De calamidad nacional califica el historiador Claudio Sánchez-Albornoz la entronización de la Casa de los Habsburgo en Castilla, y no es para menos tras los dos siglos en los que esa dinastía tuvo a Castilla como el soporte que con su Hacienda y sus Ejércitos sustentaba los gastos desorbitados y los intereses patrimoniales y familiares de los Austrias por toda Europa. Tras la derrota de los comuneros y destrozado su proyecto constitucional encarnado en la Ley Perpetua redactada por la Junta reunida en Ávila durante el verano del año 1520 ( Véase la entrada “La Ley Perpetua del Reino de Castilla” ), Castilla se vió obligada a financiar el título de Emperador a Carlos, con lo que le proporcionó dos Imperios, el americano y el alemán; si en el siglo XVI las clases productivas de Castilla pagaban cinco veces y media más que las de Aragón, en el siglo XVII pagaba ya 8,38 veces más, conforme a los estudios de Carande en “Carlos V y sus banqueros” y de Antonio Domínguez Ortíz en “Política y Hacienda de Felipe IV”. Francisco de Quevedo lo expresaba en esos versos que dicen: “En Navarra y Aragón no hay quien tribute ya un real, Cataluña y Portugal son de la misma opinión.” Castilla languideció hasta extremos desconocidos en lo económico y sus antes prósperas y populosas villas y ciudades se vinieron abajo; Castilla se deshacía a marchas forzadas.

Finalizada la Guerra de Sucesión Española entre Austrias y Borbones, Castilla tuvo que ceder Gibraltar a Inglaterra. La presión fiscal en Castilla durante el reinado de Felipe V redujo la diferencia con Aragón, de modo que mientras un castellano pagaba 29 reales y medio al Tesoro, un aragonés pagaba 11 reales y medio. ¡De qué manera podía levantar la cabeza Castilla!. Castilla arrastra un grave empobrecimiento de la época de los Austrias y no está en condiciones de subirse al tren de la prosperidad económica iniciado en el siglo XVIII. Castilla sigue deshaciéndose.

A pesar de que la historia más reciente es conocida por todos, todavía se sorprenden algunos de que las provincias de Burgos, Palencia, Segovia, Ávila, Soria, Guadalajara y Zamora tuvieran más población en el año 1900 que en el año 1981, teniendo en cuenta que España en el año 1900 contaba con sólo 18 millones de habitantes, superando en aquel año en población Salamanca a Vizcaya, o Guadalajara a Guipúzcoa. Castilla se sigue deshaciendo en lo económico y en lo demográfico y, por tanto, en lo cultural.

Y tras la despoblación en términos absolutos de la mayoría de las provincias de Castilla acontecida durante el franquismo, fruto de su marginación económica, a Castilla se le impuso la marginación política con su disolución en varias comunidades autónomas ( Sobre los procesos autonómicos en Castilla, véase esta entrada). Castilla sigue deshaciéndose por ahora, también en lo político, no se sabe hasta cuándo, en aras de lo que se ha dado en llamar interés general de España. Sobre el interés general de España, escribió certeramente en su blog Pedro de Hoyos.

Por lo tanto, hay que concluir: “A Castilla la hicieron España, y España deshizo a Castilla y la sigue deshaciendo”. Para acabar con el proceso destructivo que resume la segunda parte de la anterior frase, que ya pronunció el Maestro Don Claudio Sánchez -Albornoz en las Cortes en el año 1931, sólo cabe que Castilla sea reconocida como una unidad en lo institucional y en lo político para dar el verdadero sentido a una España unida y diversa, sin olvidar el reforzamiento de los lazos con Portugal. No es mucho trabajo para la reforma de la Constitución que se avecina cada vez más cerca.

“La Vírgen de las Batallas”, nuevo libro del escritor castellanista Mañueco

 
Mañueco Martínez, Juan Pablo“La Virgen de las Batallas”. Aache Ediciones. Guadalajara, julio 2015. 174 páginas. Género, novela. 18 euros. Dibujo de la cubierta, de Tomás Barra.
 
Una familia de juglares llega desde Sevilla hasta la plaza del Mercado, de Guadalajara, a finales del año 1248, para informar de que la taifa y la ciudad musulmana de Isbilia ha sido reconquistada por una coalición de fuerzas castellanas, españolas y europeas al mando del rey Fernando III de Castilla.
A través de una representación escénica de estos juglares asistimos a la narración de la reconquista de Córdoba, de Jaén y finalmente de la propia ciudad de Sevilla, en la que hace su aparición la Marina de Guerra de Castilla, a cuyo frente está su primer Almirante, Ramón Bonifaz, el “ome de Burgos” como le llama la “Estoria de España”, de Alfonso X el Sabio.
Mediante esta apasionante novela conocemos todos los entresijos de la España de mediados del siglo XIII, recorriendo los campos de Guadalajara, Sigüenza, Atienza, Hita, Toledo, Córdoba, Jaén y Sevilla.
También presenciamos la construcción de la Armada castellana en los astilleros de Santander y Laredo y otras villas del norte y sus combates contra la flota benimerina en el Atlántico hasta que, remontando el curso del Guadalquivir, arribe a la fuerte ciudad de Sevilla, donde tendrá que enfrentarse con sorpresas y peligros aún mayores.
Una talla de la Virgen que hoy se muestra en la catedral de Sevilla, la “Virgen de las Batallas”, recorrerá toda esta geografía para acudir a la cita que tiene con la silla de montar del rey Fernando III, antes de que comience la batalla decisiva.
 
Este libro puede suponer una más que recomendable lectura para el verano, tanto por la variedad de su estilo, como por lo apasionante de las aventuras que en él se narran, dichas todas con el mejor lenguaje del que sabe usar Mañueco. La cubierta, debida a la mano hábil del artista alcarreño Tomás Barra, avalora esta interesante libro de historias y literatura.
 

Castilla-La Castilla y no Castilla-La Mancha

Allá por el año 2006 se publicó en “Guadalajara Dos Mil” este texto del escritor Juan Pablo Mañueco con ocasión de una reforma estatutaria de la comunidad llamada “Castilla-La Mancha”, que por su interés se reproduce ahora dedicándolo en especial a Emiliano García-Page y a María Dolores de Cospedal, los políticos más conocidos en la actualidad de la siempre histórica Castilla la Nueva.

LA MAL LLAMADA Castilla-La Mancha, continúa reformando su mal remedo de algo parecido a un Estatuto, pero me temo que finalmente siga siendo tan inconstitucional como lo ha sido siempre, aunque ni PP ni PSOE sepan corregir la incoherencia e incontitucionalidad autonómica que arrastra desde el inicio.

El artículo 143 de la Constitución exige a las provincias que quieran acceder a la autonomía la posesión de “características históricas y culturales comunes”… Yo les retaría a ambos partidos a que definieran en el Preámbulo de su Estatuto cuáles son esas “características comunes” de todas estas provincias…. y, si las hallan, como exige la Constitución para ser UNA región, que nos expliquen por qué el nombre de la autonomía es doble… Y si, por el contrario, se trata de DOS entidades distintas, entonces tendrían que explicar por qué las agrupan en una.

Yo creo que sí existen esas “características históricas y culturales comunes”, pero que son las generales de Castilla o, más concretamente, las de Castilla la Nueva, nombre que ya era histórico en la Edad Media para designar a la submeseta sur, y en la cual la Mancha no es sino una más de sus veintitantas comarcas o regiones geográficas, que no históricas ni políticas.

Me parece tan absurdo hablar de “Castilla-La Mancha” como lo sería hablar de “Castilla-La Alcarria”, “Castilla-La Sagra”, “Castilla-La Jara”, “Castilla-Los Montes de Toledo”, “Castilla-El Valle del Alberche” o “Castilla-La Sierra de Alcaraz”, por citar otras comarcas que también se extienden a lo largo de dos o más provincias.

Por el contrario si PP o PSOE creen que la comarca manchega cumple los requisitos exigidos por la Constitución deberían explicarnos cuáles son, si pueden hacerlo, porque, en realidad, hasta en la provincia de Ciudad Real hay muchas comarcas que no son manchegas.

En el fondo, el problema que subyace aquí es la necesidad de no ver a Castilla que tienen PSOE y PP, la castellanofobia o autoodio de ambos partidos, como dicen por otros sitios, sólo que aquí a cargo de los propios gobernantes.

El PP necesita no ver a Castilla por su idea abstracta de España, que ha tomado -al parecer, del aire- las características castellanas, sin fijarse de dónde vienen. Lo cual requiere anular a la Castilla real.

EL PSOE tampoco ve a Castilla, en parte por lo anterior y, en parte, porque arrastra una visión antiespañola de los nacionalismos periféricos. De manera que el PSOE a Castilla, además de no verla, si puede la desbarata, de paso.

POSDATA: Por el bien propio de Castilla, y por el bien de España, PP y PSOE, deberían empezar a ver y respetar a Castilla. De lo contrario, así seguirá España: destruyéndose por exceso de ficciones en otras partes y destruida por defecto de realidades en las autonomías castellanas.

Juan Pablo Mañueco

Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro henchido de castellanidad

LAS IDEAS DOCUMENTADAS Y VIGENTES DEL POLÍTICO, HISTORIADOR Y ACADÉMICO CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ SOBRE LA MEJOR FORMA DE CONSTITUIR CASTILLA PARA LA DEFENSA EFICAZ DE SUS INTERESES EN EL CONJUNTO DE ESPAÑA, expuesta durante los años de la Transición, antes de que se crearan las actuales comunidades autónomas:
17 IDEAS O FRASES DE DON CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ, SOBRE EL MEJOR MODELO TERRITORIAL AUTONÓMICO QUE CONVENÍA A CASTILLA
FRASES:
1. “Ha llegado la hora de defendernos unidos, castellanos y leoneses, de un nuevo tremendo peligro. Unidos sobreviviremos; separados seremos piltrafas de las comunidades autónomas: Cataluña, Euzkadi y Galicia”.
2. “Las ocho provincias andaluzas, asunto otrora de diversos reinos y mucha más diferenciados que los de León y Castilla, han sabido unirse. Sólo Castilla y León, unidos, pesaremos en la España en formación”.
3. “Depongan egoísmos y ambiciones personales. Déjense de hacer lucubraciones históricas. La meseta del Duero constituye una unidad.
4. Únanse todos los leoneses y castellanos. Formen un frente cerrado y poderoso para constituir una región autónoma, que pueda defenderse de los zarpazos de los demás y mirar al porvenir con esperanza.
5. Si por mí fuera, constituiríamos una unidad desde el Cantábrico hasta el comienzo de Andalucía. Pero todos quieren ser ahora cabeza de ratón. Están intentado organizar una región autónoma: la Mancha”.
6. “¿Seremos castellanos y leoneses tan cretinos que no sepamos formar una fuerza que pese a España?
7. “Nuestros hijos y nuestros nietos nos maldecirán si por ambiciones personales, siempre bastardas, dejamos pasar la coyuntura actual”.
8. “Me acerco a los ochenta y ocho años. No tengo otra ambición personal que contribuir a la gloria de España y de nuestra tierra castellano-leonesa. Unidos, adelante. Maldición para los que se opongan a esta unión de los hermanos de León y Castilla”.
9. “Castilla fue la primera de las regiones españolas que perdió sus libertades en la Guerra de las Comunidades, y las perdió sin que ninguna de las otras que la acusan de imperialista la ayudaran en su lucha contra los imperiales”.
10. “Castilla no se ha impuesto a España, se ha sacrificado por ella. En las Constituyentes de 1931, enfrenté la injusta frase orteguiana: “Castilla hizo a España y la deshizo” y acuñé esta otra, absolutamente exacta: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Y tuve el placer de que Ortega y Unamuno aceptaran tal definición”
EL INTRUSO.- Siendo para mí totalmente certera la segunda parte de esta acuñación, no entiendo la primera.
GERARDO DIEGO.- ¿Cuál? ¿Castilla hizo España?
EL INTRUSO.- Eso es. La “hechura de España” llevada a cabo a finales del XV, fue producto de una Guerra Civil castellana, instigada por Aragón.
ANTONIO MACHADO.- ¿Instigada por Aragón?
EL INTRUSO.-Al menos, preferentemente instigada por Aragón y por uno de los bandos nobiliarios castellanos.
ANTONIO MACHADO.- No le sigo en este punto.
EL INTRUSO.- Aragón necesitaba un aliado en su lucha contra la mucho más poderosa Francia, que amenazaba su supervivencia, por eso conspiró para instaurar en el trono castellano a Isabel, la pretendiente espúrea.
GERARDO DIEGO.- Hermanastra, que no hija del rey castellano Enrique IV.
EL INTRUSO.- Frente a las legítimas aspiraciones de la princesa Juana, la hija y heredera del trono castellano, casada con Alfonso V de Portugal.
ANTONIO MACHADO.- Una opción distinta para formar “España”, por tanto.
EL INTRUSO.- La opción que deseaba Enrique IV, la unión con Portugal, por vía matrimonial. No la que detestaba, la aragonesa, puesto que sabía que eso implicaba la guerra total contra Francia.
ANTONIO MACHADO.- Ya. Por ser reinos con querellas fronterizas y por sus intereses conflictivos en Italia.
EL INTRUSO.- Guerra que efectivamente llenó las dos siguientes centurias.
ANTONIO MACHADO.- De manera la que España que se podía haber “hecho”…
EL INTRUSO.- Hubiese sido la “España” de Castilla y Portugal, y por el feliz acontecimiento de una boda, no por una intervención militar y una guerra civil.
ANTONIO MACHADO.- Castilla y Portugal, qué sugestivo.
EL INTRUSO.- Libres del avispero de conflictos militares que era entonces Europa y abiertas ambas naciones hacia las exploraciones marítimas…
ANTONIO MACHADO.- Las dos primeras potencias del mundo, juntas.
GERARDO DIEGO.- Sí, enormemente sugestivo.
ANTONIO MACHADO.- Yo, esa frase la he oído en una tercera versión, de un filósofo posterior, en este sentido: “Castilla se hizo España”.
EL INTRUSO.- Sin comentarios, ya digo que, en todo caso, la hicieron.
ANTONIO MACHADO.- ¿Y cómo podríamos dejarla?
EL INTRUSO.- Una guerra civil hizo España (en el XV) y España y la Casa de Austria (sobrevenida en el XVI) deshicieron Castilla.
ANTONIO MACHADO.- ¿Quitándole los paréntesis?
EL INTRUSO.- Y añadiendo alguna cosa más, para llegar a fechas recientes. La Casa de Borbón y el siglo XIX y XX siguieron deshaciéndola.
ANTONIO MACHADO.- ¿De qué modo?
EL INTRUSO.- Económica, demográfica, cultural, identitaria y después, al final, también territorialmente.
ANTONIO MACHADO.- Pues sí que suena a deshechura completa.
EL INTRUSO.- Salvo por su cultura imperecedera, casi han acabado con ella por entero.
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11. “Castilla no oprimió a las otras regiones. Insisto en señalar que la Corona castellana mantuvo casi sola la carga inmensa del Imperio español. ¡Su aporte fiscal equilibró en el curso de las décadas las cifras a que montaron el oro y la plata americanos!”
CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Durante siglos fue enormemente desigual la aportación al erario hispano de los moradores de los reinos que integraban la Corona de Castilla y la de los moradores de Aragón, Valencia y Cataluña.
(La imagen funde a negro)
De los pecheros, es decir, de quien pechaba con los impuestos, que era el pueblo, porque la nobleza y la Iglesia estaban exentos de ellos”
(La imagen funde a negro)
Las costosas indemnizaciones que tuvieron que pagar a la Corona las ciudades y villas que se habían rebelado contra ella durante la Guerra de las Comunidades de Castilla, a causa de la voracidad fiscal de Carlos V, tardaron más de veinte años en sufragarse, y supusieron la primera de las ruinas para el reino.
Más tarde quedarían repetidas bajo el reinado de Felipe II, que llevó a Castilla a la bancarrota periódicamente, a causa de su aciaga política militar europea”.
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12. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Castilla no fue, no, responsable de nuestra decadencia. No fracasó Castilla, fracasó España y la Monarquía de los Austrias. Castilla no fue ni mucho ni poco ni nada responsable del bache profundo de nuestra historia en el siglo XVII.”
13. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Mas nos llevaron a ese bache las injustificadas e injustificables rebeliones de Portugal y Cataluña, en 1640, que nos hicieron rodar al abismo del XVII a todos los peninsulares. Incluso, naturalmente, a portugueses y catalanes.
(Funde a negro)
Porque los movimientos secesionistas, enraizados no en la razón, sino en cóleras que podríamos calificar de viscerales dañan tanto a la comunidad histórica que se intenta romper como a las comunidades que los suscitan.”
14. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ. (Desde la pantalla)-
“Al forjar la España futura no deben olvidarse otras realidades. Vasconia y Cataluña han ordeñado y siguen ordeñando a su placer la vaca española”.
15. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla).
“Podrán idearse fórmulas de convivencia muy distinta para articular la España del futuro. Pero que no se sueñe en volver a hacer a Castilla la cenicienta de la Península”.
EL INTRUSO.- Se la hizo de nuevo, maestro. La cenicienta.
ANTONIO MACHADO.- Estoy viendo que casi es el papel histórico que se le ha asignado en España.
EL INTRUSO.- Y además se la hizo cachitos, para confirmar su teoría de que España había deshecho a Castilla, si antes en lo económico, después también en lo territorial, don Claudio.
ANTONIO MACHADO.- Curiosa paradoja y curioso destino.
EL INTRUSO.- Quien mande en España ha sido implacable en su tarea pertinaz de demoler y deshacer Castilla. Desde la cumbre que fue al iniciarse la España moderna
GERARDO DIEGO.- En eso te doy la razón. Por qué y para qué, no lo sé. Y quién o quiénes estén detrás de estas decisiones, tampoco. Pero que ha ocurrido así, es indudable.
16. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Hermandad política, sí, pero con igualdad fiscal para todos los que quieran seguir siendo españoles”.
EL INTRUSO.- Nada de asimetrías, nos estás diciendo, maestro. Ni autonómicas, ni federales, ni monárquicas, ni republicanas… Asimetrías no, que es lo quieren los que buscan su provecho.
ANTONIO MACHADO.- Parece justo.
EL INTRUSO.- O igualdad para todos o que se rompa de una vez esta injusta baraja en donde Castilla ha llevado siempre la peor parte, como la Historia demuestra bajo todos sistemas, desde hace seis siglos.
17. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ.- (Desde la pantalla)
“Y punto final al ordeñamiento de la vaca española”.
Texto sacado de las intervenciones en la prensa de principios de los años 80 de Claudio Sánchez Albornoz, recogidas en la obra de teatro “Con Machado, esperando a Prometeo”. Juan Pablo Mañueco. Febrero (2015).