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Castellana de la eñe

 
Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe.
 
La doble ene que a Hispania
la mudó antes en Espanna,
y dio con ella en España
a esta tierra de Occitania.
 
La “vínea” de la que mana
la viña hoy castellana,
 
la mejor cepa que hermana
a esta tierra soberana
 
de la lengua castellana:
virgulilla, a mí paisana.
 
Y “Castella” si a “Castiella”
pasó primero a escribir,
hoy no puede prescindir,
lleva contigo su huella
 
que afirma  que es castellana
toda eñe con virgulilla
que proclamando a Castilla
de Castilla es escribana.
 
¡Apogeo de la eñe
que no existía en latín
y que en Castilla por fin
a escribir bien nos enseñe!
Juan Pablo Mañueco
 
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Reflexiones del escritor Juan Pablo Mañueco sobre Castilla y la Generación castellanista de los 80

España, Castilla, Mañueco y la Generación castellana de los 80

(Extracto de una entrevista mayor a Juan Pablo Mañueco, que aparecerá próximamente publicada. Las preguntas son las numeradas)

(Imagen de Don Claudio Sánchez-Albornoz, Maestro Henchido de Castellanidad)

1. En tu libro “Cuarenta sonetos populares y cinco canciones diversas”, ¿por qué el empleo del soneto y además del soneto popular, para componer este libro?

Yo fui versolibrista en mis primeros libros como poeta. Era lo que entonces, años 70 y 80, se llevaba. La moda del momento, la vanguardia.

El realismo social de los años 50 y 60 y los “Novísimos” (éstos con mayor preocupación por la forma, hasta el punto de llamar “la generación de la berza” a los anteriores) habían establecido que lo moderno era el verso libre y todo lo demás, pasado.

De manera que en el verso libre me inicié en los 70. Después, ya a lo largo de los 80 fui dando entrada a la rima, preferentemente asonante, y a la medida, pero también en estrofas sencillas: romances, seguidillas, canciones y coplas populares.

En tales metros está compuesto mi primer libro serio de poesía “Romancero y Cancionero de la Alcarria” que obtuvo el Premio de Poesía “Provincia de Guadalajara”, 1981.

Más tarde, todavía en los 80, comencé a adentrarme en la poesía con rima consonante, como algunos de los componentes de la Generación castellana de los 80 preferíamos, frente al versolibrismo que seguía siendo el favorito de otros.

2. ¿Qué generación castellana de los 80 es esa?

Una serie de personas de diferentes ámbitos que nos juntamos a comienzos de los 80 con una misma preocupación: Castilla. Una Castilla que, pese a ser uno de los puntales necesarios de España, y a poseer una de las culturas más formidables y brillantes del planeta… de repente era negada por todos los políticos y ninguneada desde todos lados.

Hasta el punto de que se estaba volatilizando ante nuestros ojos sin que nadie lo hubiera pedido ni nadie explicara por qué se hacía. Simplemente el poder, desde arriba, había decido eliminarla, desustanciarla y trocearla, sin ningún motivo concreto ni deseo popular.

Repito, únicamente por decisión verticalista de la pirámide del poder, se estaba aventando a la tierra y la cultura más notable y marcada de España… Se eliminaba a Castilla de entre los pueblos existentes en España de un plumazo y sin explicaciones.

La Generación castellana de los 80: el quejido de Castilla durante la Transición

La Generación castellana de los 80 fue el quejido de Castilla ante lo que estaba ocurriendo y un intento de oponerse públicamente a lo que los oscuros mecanismos del poder estaban ejecutando.

Nosotros y debería decir más bien “ellos”, porque yo era el más joven de aquella generación…

Aunque, por diferentes razones, entre otras que por entonces yo dirigía una editorial de libros, especializada en estos temas, acabé presidiendo yo la entidad cultural en que cuajó todo aquello: “Amigos de las Castillas y León” y siendo el coordinador de las diferentes conferencias, actividades, textos, folletos y libros que se publicaron en la época.

Pues bien, nosotros, digo, enfrentamos razones y argumentos a los hechos consumados y a los intereses espurios e inconfesables que condujeron a la partición y a la aniquilación de Castilla, durante la Transición.

3. ¿Y qué personas componían aquella Generación?

La figura fundamental, la que nos aglutinó a todos, fue don Claudio Sánchez-Albornoz, académico, historiador y político, expresidente de la II República en el exilio, el cual, aunque se encontraba al final de su dilatada vida, viendo lo que estaba ocurriendo con su añorada Castilla, no cesaba de efectuar llamamientos a través de los medios de comunicación para que se respetara la identidad cultural de Castilla.

Pedía, con comunicados llenos de datos y de sabiduría, y entre fuertes dosis de emoción, una cosa bien sencilla: que se respetara a Castilla al mismo nivel que a cualquier otra parte de España.

¿No parece mucho pedir, no? Semeja ser algo tan sencillo que el poder político debería haberlo “comprendido” y otorgado, de suyo…

Pero el poder político no lo hizo. Y desde luego la mayor parte de nosotros consideremos que había fuerzas muy superiores que manejaban a su antojo a los poderes públicos para extinguir a Castilla, para quitarla de en medio, siguiendo una oscura “hoja de ruta” que no sabemos a quién beneficiaba. Pero que había deseo expreso de amordazar y aniquilar a Castilla.

¿A quién beneficiaba su extinción política?

Desde luego, no a Castilla ni a los castellanos. Ni tampoco al conjunto de España, según creímos entonces y lo seguimos creyendo siempre.

En concreto, Claudio Sánchez-Albornoz, a través de sus llamamientos, pedía que dentro de la España plural, se contara culturalmente con Castilla, lo cual es tan sencillo y evidente, que duele tener que seguirlo reclamando.

También pedía que se constituyera “una comunidad autónoma fuerte en una Castilla unida, desde el Mar Cantábrico hasta Sierra Morena”, como la mejor forma de defender los intereses de la propia Castilla y también de la propia España.

Una comunidad fuerte y unida en Castilla era lo más conveniente para garantizar el respeto a Castilla y también la soldadura adecuada de todas las Comunidades Autónomas peninsulares.

De otra forma, si el poder desunía a Castilla, esta tierra sería una mera piltrafa en manos de la periferia, pero también la propia España quedaría a merced de las comunidades más favorecidas y poderosas, que harían con ella, con España, igualmente lo que quisieran.

El deshuesamiento de Castilla y de España
4. Ciertamente, sus palabras han resultado proféticas de lo que ha ocurrido durante estos años.

Así es. Absolutamente, exactas. Se deshizo a Castilla, por interés de quien lo exigiera… que no del pueblo castellano.

Y las comunidades más privilegiadas y poderosas han hecho con España lo que les ha dado la gana.

Desde luego, a esa enorme porción de España que llamamos o llamábamos “Castilla” la han deshuesado completamente, hasta dejarla exhausta, como había predicho don Claudio que ocurriría, si no se constituía una Castilla fuerte y pujante…

Hasta tal extremo han deshuesado la España central, la España de Castilla -cosa que ya había comenzado a efectuar el Régimen de Franco, por otra parte, desde los pavorosos, para Castilla, años de la emigración de las deñcadas de los 50 ó 60-, que ahora, iniciado el siglo XXI, las comunidades pujantes y favorecidas pueden arrojar sus restos (los restos de la España central y fagocitada casi por entero) a la basura; como una cáscara despreciable, como un territorio al que le han absorbido toda su gente, su dinero, su tuétano y su vida…

Y ya no interesa sino para tirarlo fuera del convoy, por carente de valor: eso es lo que se sigue haciendo con Castilla desde la periferia, entre enormes insultos y dosis de incomprensión, por otra parte.

Uno de los casos de mayor crueldad con un territorio y unas gentes que cabe imaginar

España es un inmenso vacío interior… que ya no tiene ni voz para quejarse, frente a una periferia privilegiada y arrogante, que, sin embargo, no deja de exigir más y más, y de lamentarse si no lo recibe de inmediato.

Se iba a originar un país desquiciado, si no se respetaba a Castilla dentro de España y si todas las partes de España no actuaban con lealtad a España, al mismo tiempo… Lo había dicho muchas veces don Claudio, en el Congreso de los Diputados, durante la II República, y más tarde, durante su larguísimo exilio.

No se cumplieron las dos premisas requeridas por don Claudio, y el resultado ha sido el que él había predicho: una España desquiciada.

Componentes y actos de la Generación de los 80.

5. ¿Y si Claudio Sánchez-Albornoz fue el mentor o guía desde la distancia, qué otras personas integraron la Generación?

Personas muy distintas, de diferentes ámbitos y de desiguales edades. Ya digo que yo era el más joven de todos.

Sin embargo se juntó un plantel de intelectuales destacadísimos, que cumplen todos los requisitos para ser considerados una “Generación”, y mucho más claramente que otras…

Historiadores, sociólogos, economistas, escritores, periodistas, novelistas, poetas, folkloristas, políticos en activo o con ganas de serlo… Y esto último era ya una carga de dinamita que aquel grupo generacional llevaba dentro, para destruirlo al cabo del tiempo

Se formó un conjunto variopinto de personajes que realizaron asociaciones, impartieron conferencias, publicaron libros y folletos en común, trabaron una estrecha amistad a lo largo del tiempo…

El libro más significativo de aquella Generación fue “Castilla: manifiesto para su supervivencia. El lugar de Castilla en la España autonómica” (1984) donde Ramón Carnicer (leonés), Gonzalo Martínez Díez (burgalés, aunque vallisoletano de adopción), Demetrio Casado (segoviano), Ramiro Cercós (soriano) y yo mismo (madrileño/alcarreño) juntamos textos que se habían pronunciado a modo de conferencias, el verano anterior (1983), en el Centro Castellano-Leonés de Tarragona.

En una época en que “Castilla” aun comprendía a las dos Castillas, claro está, porque el oficialismo no había hecho saltar “Castilla” en pedacitos, que es lo que Castilla tiene que agradecer a todos y cada uno de los políticos que hicieron la Transición, sin excepciones

Los nombres de todos los componentes de la Generación, en concreto, me los reservo, porque me dejaría alguno…

Y además estoy escribiendo una novela que se llamará así: “La Generación castellana de los 80”, en donde vendrá la nómina completa y la vida, andanzas y peripecias de todos aquellos años, en donde íbamos de provincia en provincia (Madrid, Salamanca, Soria, Toledo, Valencia, Barcelona, Tarragona…), en un peregrinaje de difusión de la necesidad de que Castilla fuera vista y perdurara.

6. ¿Qué ocurrió con aquella Generación?

Se disolvió como ocurre con todas las generaciones. En realidad, todo y todos somos barcos que se cruzan en la noche y que al cruzarse hacen sonar sus sirenas y se saludan con sus luces, antes de volver a perderse en la inmensidad del océano de la vida.

Aquella Generación, unida, duró bastante, casi tres años de actos en común… Lo cual es mucho, comparándola con Generaciones que sólo se hicieron una foto en conjunto, o ni eso, sino que sólo han sido juntados por la crítica posteriormente, pero que nunca se llevaron bien entre ellos, y siempre negaron que existiera tal grupo.

7. ¿Y después?

Después el viento del poder siguió haciendo lo que siempre ha hecho… soplar y soplar en la dirección que quiere y hacer con los humanos lo que al viento le da la gana…

Es lo que ha ocurrido bajo cualquier sistema, con más o menos dificultades para lograr sus propósitos… Pero el viento del poder es el que siempre gana, verticalmente.

El poder es una pirámide, más o menos desde la época de los egipcios, y solamente varían los nombres y los rostros de quienes se sitúan encima de su cúspide y desde allí implantan su santa voluntad, y también varía un poco, muy poco, el método de ascenso hasta la cúspide.

Y el viento, desde arriba, había decidido que Castilla fuera barrida de en medio, de entre los pueblos existentes… El viento del poder sabrá por qué lo hizo y lo mantiene. Y quién le movía las aspas para que él actuase o agitaba los elementos atmosféricos contra la Castilla que a ese alguien le sobraba.

Nosotros simplemente lo expusimos entonces y yo lo expongo ahora. Para que el que quiera entender y ver, que vea y entienda lo que pasó y pasa. Y seguirá pasando hasta que el viento vertical sople en otra dirección, pero no sé hasta cuándo. No sé cuando cambiará de posición la veleta de la Historia.

Lo que sí digo es que en algún momento el viento del poder soplará de otro modo para Castilla. De eso estoy persuadido.

Castilla se sobrepondrá y terminará ganándole al viento que sopla desde arriba
8. ¿Crees, por tanto, que Castilla vencerá finalmente a ese poder que lleva soplando tanto tiempo contra ella?

Quizá, quizá… Es más, yo estoy convencido de ello. Hay cosas demasiado poderosas, incluso para el viento del poder –que en definitiva es una cosa manejada por los hombres-.

Castilla es una de ellas, formidablemente resistente, imperecedera, le hagan lo que le hagan, no podrán enterrarla… Respira.

El espíritu de Castilla, la cultura de Castilla, la impresionante cultura que ha sido capaz de alumbrar Castilla es de tal magnitud –una de las imprescindibles del planeta-, que los hombres que manejan las brisas y los vendavales, las ventiscas y los torbellinos a su antojo sólo pueden torcerla, desviarla de su camino un poco, pero no acabar con ella.

Castilla, a través de su descomunal cultura, sobrevivirá a los sistemas políticos: al franquismo (que la extenuó en lo demográfico y económico) y a la Transición española (que la aventó en lo político). Y seguirá existiendo ella cuando ya no quede ni resto de los pasajeros políticos y sistemas que atentaron contra su existencia.

9. Eso suena a muy cidiano (vencer después de muerto) o a Luis Vélez de Guevara (“Reinar después de morir”).

No es exacto. Castilla, en su cultura, no ha muerto. Ni puede hacerlo. No hay que resucitarla. Está viva y pujante, aunque no esté promocionada en los medios de comunicación ni por los poderes públicos como debiera…

Ahora bien, en todo los demás ámbitos, han hecho contra ella todo lo que han podido. Políticamente, han echado tierra sobre su existencia y han cubierto de sal su solar y su territorio.

El poder político sabrá por qué. Yo me lo imagino, pero también me reservo esa argumentación para la novela antecitada, que la identidad de ese autor o autores -bastante esmerado o muy metódicos, constantes y minuciosos- del “intento de asesinato de Castilla” quede de momento entre sombras, hasta que se resuelva su identidad en la novela, con precisión detectivesca e intriga de novela policiaca. ¿De acuerdo?

 

“La Vírgen de las Batallas”, nuevo libro del escritor castellanista Mañueco

 
Mañueco Martínez, Juan Pablo“La Virgen de las Batallas”. Aache Ediciones. Guadalajara, julio 2015. 174 páginas. Género, novela. 18 euros. Dibujo de la cubierta, de Tomás Barra.
 
Una familia de juglares llega desde Sevilla hasta la plaza del Mercado, de Guadalajara, a finales del año 1248, para informar de que la taifa y la ciudad musulmana de Isbilia ha sido reconquistada por una coalición de fuerzas castellanas, españolas y europeas al mando del rey Fernando III de Castilla.
A través de una representación escénica de estos juglares asistimos a la narración de la reconquista de Córdoba, de Jaén y finalmente de la propia ciudad de Sevilla, en la que hace su aparición la Marina de Guerra de Castilla, a cuyo frente está su primer Almirante, Ramón Bonifaz, el “ome de Burgos” como le llama la “Estoria de España”, de Alfonso X el Sabio.
Mediante esta apasionante novela conocemos todos los entresijos de la España de mediados del siglo XIII, recorriendo los campos de Guadalajara, Sigüenza, Atienza, Hita, Toledo, Córdoba, Jaén y Sevilla.
También presenciamos la construcción de la Armada castellana en los astilleros de Santander y Laredo y otras villas del norte y sus combates contra la flota benimerina en el Atlántico hasta que, remontando el curso del Guadalquivir, arribe a la fuerte ciudad de Sevilla, donde tendrá que enfrentarse con sorpresas y peligros aún mayores.
Una talla de la Virgen que hoy se muestra en la catedral de Sevilla, la “Virgen de las Batallas”, recorrerá toda esta geografía para acudir a la cita que tiene con la silla de montar del rey Fernando III, antes de que comience la batalla decisiva.
 
Este libro puede suponer una más que recomendable lectura para el verano, tanto por la variedad de su estilo, como por lo apasionante de las aventuras que en él se narran, dichas todas con el mejor lenguaje del que sabe usar Mañueco. La cubierta, debida a la mano hábil del artista alcarreño Tomás Barra, avalora esta interesante libro de historias y literatura.
 

¡Viva la Constitución castellana de 1520! ( La Ley Perpetua de la Junta Comunera de Ávila)

¡VIVA LA CONSTITUCIÓN CASTELLANA DE 1520! (o la avanzada Ley Perpetua de Ávila que Castilla dio al mundo en 1520, por la que combatieron los comuneros y que no ha sido ni atendida ni superada)

Junta Santa Comunera,
unión de Comunidades,
alma unida, en que ciudades
natural ley escribiera.

Primero: Que los cuadales
al político decidiera
beca que el pueblo eligiera.
Lo demás, fuesen maldades.

Otrosí dos: Plazo hubiera
máximo en el ejercicio
al pueblo de ese servicio.
¡Nunca profesión se hiciera!

Un tres mayor maleficio
expreso en prohibir fuera:
como es que arriba quisiera
obstruir alguien su ejercicio.

Venga rey o jefe arriba
Influyéndoles: ¡Ni reyes
Vaciándoles con leyes:
Ante orden todo prescriba!

Los encargos sean leyes
En que la gente ella escriba
Ya, y luego eso sobreviva:
Por ser soberanas leyes.

En no dar ni recibir
Rentas ni cargos a amigos,
Pónganse fuertes castigos.
Eso a gente ha de incumbir.

Tan solo con cuatro puntos
Una Ley tan castellana
Anuncia ser tanto de hoy
que con otros más asuntos

llevaría a muchos juntos
en pos de luz que ella mana.
Y una vez triunfante doy
así el triunfo a grey humana.

Juan Pablo Mañueco

(Bueno, en honor de la Ley Perpetua de Avila de 1520, he compuesto esto: El que esté conforme con ello, que lo difunda, a ver si llega a algún partido político que haga buen uso de ello. ¡Ya, hasta en verso, oiga!)

Soneto alcarreño de la Iglesia de San Nicolás de Guadalajara

El escritor y poeta Juan Pablo Mañueco Martínez nos adelanta una innovación poética, el llamado “soneto alcarreño”, una nueva forma de soneto (de 16 versos y rima alterna), que se estrena por primera vez en su obra “Con Machado, esperando a Prometeo”, de muy próxima publicación.

SONETO ALCARREÑO DE LA IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE GUADALAJARA  
 
Por esta nave única de planta en cruz latina,
mas con variadas grandes capillas laterales
singlan naves que bogan para curar los males
por las cuales la nave del alma se encamina.

Sobre el amplio crucero una cúpula redonda
con balconada y rematada en una linterna
da paso desde el cielo a la clara luz eterna
que cala en el templo su celeste lumbre honda.

 

Dentro, el mayor retablo ocupado es por caverna
de columnas salomónicas formando fronda
sobre sí mismas girando, en marmórea ronda
grisácea, al cielo rodando en torsión eterna.

Son tan blancos e intensos del cielo estos umbrales
y cargada en barroco cada labrada esquina
que al fondo del claro cruce de la cruz latina
se sienten ya cánticos de coros celestiales.

A la Comunera María de Pacheco, en el febrero toledano

Antes de que finalice el corto mes de febrero y con la alegría de conocer los trabajos iniciales para colocar una estatua en la ciudad de Toledo en honor a Juan de Padilla, que esperemos sea acompañada por otra dedicada a su esposa María de Pacheco, valerosa mujer que mantuvo la resistencia comunera ante las tropas de Carlos de Gante hasta un mes de febrero del año 1522,  el poeta y escritor Juan Pablo Mañueco dedica este poema a la comunera María de Pacheco y Mendoza, titulado “A la Comunera María de Pacheco, en el febrero toledano”.
María, la Comunera,
que en Toledo resistía
como Padilla quería,
qué gran capitana fuera.

La comunera María
con Castilla ya se uniera,
con Toledo comunera
y rebelde valentía

Mujer de Juan de Padilla
con la tropa comunera
que Padilla nunca muera
y que no muera Castilla

Toledo aún resistiera
alza enseña aún que brilla,
el tiempo ante ella se humilla
por su gesta comunera.

Y tanto Juan de Padilla
cual María comunera
consiguen que nunca muera
la bravura de Castilla.

Decir conmigo Castilla,
se siente y es comunera
con María si volviera
y al frente Juan de Padilla.

¡Toda Castilla entera
recuerda a la comunera
y en Toledo y en febrero
se oye el fervor comunero
por María la comunera!
Y por el pendón que aún brilla,
¡nos lo trae Juan de Padilla!

A Padilla, Bravo y Maldonado, Capitanes en 1521 y Capitanes de Futuro ( 3ª y última Parte)

EL FUTURO

Capitán Juan de Padilla,
el modelo castellano
en nombre triunfó, no en grano.
Falta la cuestión sencillaque Comunidad sabía:
-“Ni el Reino sea del rey,
ni amo propio el que hace ley”.
(¡Democracia eso sería!)Ni el Reino sea del rey,
ni el cargo del encargado,
cumpla con lo programado
que le ha encargado la grey.

¡Nos falta aún, capitán,
el mandato imperativo
que al votado haga cautivo,
para tu gloria asir, Juan!

A esta dependencia estaba
procurador castellano
sujeto, y en verdad grano
es que libera a la esclava

gente que aún sólo puede
una u otra señoría
escoger, mas no la vía
que imperial modelo vede.

Haznos, Juan, otro servicio.
Que después de Villalar
nos vuelvas a levantar
hasta la puerta y el quicio

en que Castilla futura
no sólo asuma en el nombre
democracia que le asombre:
¡lo que su fondo asegura!

¡Mil quinientos y veintiuno
no será así una derrota
sino una fecha que anota
futuro más que oportuno!

EL HORIZONTE DE FUTURO

-“El Estado no es de los representantes
es -o lo ha de ser- de los representados”.
Reinos o repúblicas, si no son guiados
por tu voz… aristocracias semejantes

serán. Finjan los valores declarantes
lo que gusten. A expolio serán llevados
lo público y el erario, por amistados
clanes de rey o república imperantes.

La única diferencia… será de grado,
pero despojo habrá en lo que el dueño/pueblo no haya marcado.

Lograr tu revolución, Juan, aun bastante
fuera. La sustancial y única importante,

no la de este o aquel partido distante
ni la de la nominal forma de Estado.

Repúblicas o Monarquías, serán verticales
sin el programa que obligue a los representantes

y dé, al menos, ese poder real a los representados…
Ambos estarán, sin ti, Juan, sobre la Común alzados.

Juan Pablo Mañueco,
del libro “Castilla, este canto es tu canto. Parte I”

A Padilla, Bravo y Maldonado, Capitanes en 1521 y Capitanes de Futuro ( 2ª Parte)

LA BATALLA

Los campos son lodazales,
que impiden mover cañones,
de escopeteros sus sones
tampoco suenan iguales.Más y más caballería
los imperiales aportan,
los predios pronto se acortan
entre pueblo y monarquía.

De Valladolid o Toro
refuerzos no han de llegar,
será, en campo, Villalar
muerte en rojo, o triunfo en oro.

Hasta Segovia y Toledo
noticias han de alcanzar,
de huestes que hicieron armar
combatiendo con denuedo.

Milicias van a luchar,
Salamanca, Madrid, Cuenca…
triunfo o derrota flamenca
a su oído habrán de hablar.

Padilla pica la espuela
con vanguardia comunera,
sea su sangre primera
que a vencer o morir vuela.

Grita: “¡El Reino no es del rey,
es de la Comunidad!”.
(La idea de libertad
ha calado ya en la grey).

No importa que luego apresen
al que clamó libertad.
Es futuro y es verdad
su criterio, aunque lo hiriesen.

Mil soldados comuneros
yacen ya por Villalar,
amapolas que al brotar
cantan sones mensajeros:

-“¡No sea el Reino del rey,
sea de Comunidad!”.
(Al futuro preguntad
y éste dictará su ley).

EL CADALSO
A la mañana siguiente
la aristocracia ha alzado
cadalso tan elevado
que a idea corte la frente.Juan Bravo y Juan de Padilla,
más Francisco Maldonado,
a lugar tan destacado
de la Historia de Castilla

suben sin hincar rodilla.
Pide Bravo, el segoviano
-donde hoy en bronce su mano
ondea un pendón que brilla-,

morir antes que Padilla;
pero aún el toledano
otra frase en castellano
más alta y clara gavilla:

LA PROCLAMA

 

-“¡Las leyes las haga el Reino
y para ser recta ley
obliguen también al rey
que es por debajo del Reino!”Hoy reyes o presidentes
se inclinan ante Padilla
que ideas, las de Castilla,
los mudaron en sirvientes.

Al menos, en teoría.
Que ni el Reino hace las leyes
y aún se tienen por reyes
sirvientes que “señoría”

se hacen llamar sin reparo.
¡Supiera Juan de Padilla
y Bravo, que a esa orilla
no llega -sino es descaro-

quien se sienta “señoría”!,
¡que el votado ha de sufrir
un encargo que servir,
lo cual servidor le haría!

Juan Pablo Mañueco,
del libro “Castilla, este canto es tu canto. Parte I”

A Padilla, Bravo y Maldonado, Capitanes en 1521 y Capitanes de Futuro ( 1ª Parte)

“El Reino no es del rey, sino de la Comunidad”

“El Estado no es de los representantes, sino de los representados”

Capitán General Juan de Padilla
la Junta Comunera te ha nombrado
y hoy a gloria eterna serás llamado

a veintitrés de abril, mientras Castilla

verdea en trigos y en la fe que brilla
contra un César absoluto llegado
desde tierras flamencas, que ha dejado
arca exhausta en Reino y en cada villa.De Torrelobatón, alcázar breve
que asedio imperial no resistiría,
hacia Toro el ejército partía
cuyo muro aguantar su empuje puede.

VILLALAR

Pero en medio de campiña y relieve,
donde Villalar se eleva y erguía
les avista imperial caballería
en día empapado en que el cielo llueve.Cuantiosos los jinetes imperiales,
no porque su causa sea más justa,
sino sólo Su Majestad augusta
dadivoso fue en manejar caudales.

Combaten, de un lado, los ideales
de la libertad, y en contra la fusta
que, además de su tiranía, incrusta
prebendas y ventajas señoriales.

Al reino o nación lo quieren
situar encima del rey,
que sólo así norma y ley
por la libertad vinieren.

Así que las baterías
comuneras se sintieren
que, en su fragor, a quien hieren
es a añosas jerarquías.

Juan Pablo Mañueco,
del libro “Castilla, este canto es tu canto. Parte I”

Viaje por Guadalajara, de Juan Pablo Mañueco

 En el Capítulo VII de esta obra, titulado “Monólogo del viajero ante el escudo de armas de Carlos V”, el escritor Juan Pablo Mañueco  trae a nuestros tiempos aquellos otros que vivió la Castilla del siglo XVI, una Castilla que empezó el año 1500 con fuerza y brillo y que finalizó la centuria con debilidad y luz apagada.
” El Viajero acepta la invitación de su amigo y comienza a recorrer nuevamente los dos pisos del palacio-convento de don Antonio y doña Brianda de Mendoza y, habiendo quedado ya a solas, prosigue con su monólogo interior, tras sentarse en un banco de piedra que queda cerca de un prodigio de lujo y demostración de poderío que allí mismo se halla, en el lateral norte del patio:
Es el monumental escudo en piedra, con el águila bicéfala de los Habsburgo, que el emperador Carlos V mandó colocar en la puerta principal de acceso a las murallas de Guadalajara, allá en el siglo XVI, como demostración de fuerza, después de haber vencido a esta rebelde ciudad comunera, y que, una vez demolida la muralla ciudadana, a fines del siglo XVIII, acabó recalando en este palacio. Contemplándolo, el Viajero inicia la siguiente reflexión interna:
“Por una cuestión económica –el excesivo afán de lucro de la Corona, a través de los impuestos- comenzó la Guerra de las Comunidades”, piensa el Viajero, “y con otra cuestión económica terminó aquella guerra: las costosas indemnizaciones que tuvieron que pagar a la Corona las ciudades y villas que se habían rebelado contra ella”.
“Castigo económico contra las ciudades del reino traidor, Castilla, no contra los otros reinos de España, que tardaron más de veinte años en sufragarse, y supusieron la primera de las ruinas para el reino, más tarde repetidas bajo el reinado de Felipe II, rey tan nefasto que llevó a Castilla a la bancarrota periódicamente a causa de su aciaga política militar europea”.
“¡Un Estado tan formidable y pujante como Castilla en el XVI declarándose en quiebra, cíclicamente, como una maldición sabida por todo el continente y también por Carlos V y Felipe II, pero sufrida por las espaldas del pueblo pechero castellano, sin que sus reyes habsburgueses hicieran nada por apartar su mano del cuello de un reino al que estaban estrangulando, sino apretar más y más hasta que sobrevino lo que tenía que suceder, inevitablemente!”
“¿Qué harían los Austrias con este potentísimo país que se encontraron en Castilla para conseguir derribarlo en unas cuantas décadas?”
“Pues enfrentarle en guerra, prácticamente a él solo, contra todo el mundo entonces conocido: contra Francia, contra Inglaterra, contra la mitad de Alemania, contra Holanda, contra Suecia, contra las ciudades de Italia, contra el formidable imperio otomano que amenazaba los dominios familiares de los Habsburgo, alrededor de Viena…”
“¡Y todo ello por intereses personales de los Habsburgo o por inconsistentes motivos de liturgia religiosa que a Castilla ni le iban ni le venían, pero que para los Austrias eran jugarse el destino de ellos mismos y de todos sus parientes centroeuropeos!”.
-Si los herejes del centro y norte de Europa quieren perderse e ir al infierno, que se pierdan y que vayan al infierno, Majestad –les decían, en cada reunión, las subyugadas y sujetas Cortes de Castilla-.
“A lo que, indefectiblemente el césar Carlos y el Prudente o Imprudente Felipe II -el Demonio del Sur, para sus enemigos europeos-, respondían”:
-En esto se hará, lo que más convenga a nuestro servicio.
“Al servicio de los Habsburgo, claro. Reyes absolutos en la reprimida y encadenada Castilla, que había perdido una Guerra contra ellos, y reyes “constitucionales” o relativos en los territorios de España que les habían apoyado y cuyos fueros y exenciones tributarias habían conseguido preservar frente a la voracidad recaudatoria, frente a la vorágine impositiva de los extranjeros Habsburgo”.
“Bien claro se lo dejó escrito el césar Carlos, en su testamento, a su hijo, el rey Felipe II”:
-Ante todo, cuida y vela por los intereses de Flandes, “nuestra patria”.
 
“Y bien se quejaba de ello, del maltrato que seguía recibiendo preferentemente Castilla, cincuenta años después, ya casi exhausta, uno de los cerebros más lúcidos de aquel Siglo de Oro – oro para las letras, pero también para las arcas reales- y de cualquier otro tiempo, Francisco de Quevedo y Villegas:
Mira, rey, que ya tenemos
el cordel a la garganta,
y que la opresión no es tanta
que aun quejarnos no podemos;
pero en tan grandes extremos
de extorsión que nos oprime,
lo que más el pueblo gime
es que te falte el querer
para usar de tu poder,
pues te robó una amistad
tu voluntad.
O cuando sigue diciendo en su “Padre Nuestro” rimado:
Tus armadas se aperciben
para salir a ruar,
y son caballos del mar
que con nuestro pienso viven.
Tus soldados no reciben
más de una paga librada
en el banco de la nado,
y para dar tales frutos,
se siembran tantos tributos
como en el mar y en la sierra,
así en la tierra.
Y le señala ya, para que lo vea con toda claridad, a una Monarquía que no quiso verlo, el despropósito de aquellos gastos militares improductivos y cargados sobre los hombros de uno sólo de sus reinos:
En Navarra y Aragón
no hay quien tribute ya un real;
Cataluña y Portugal
son de la misma opinión;
sólo Castilla y León
y el noble reino andaluz
llevan a cuestas la cruz.
Católica majestad,
ten de nosotros piedad,
pues no te sirven los otros
así como nosotros.”
-¡Ya lo creo, ya lo creo que sirvieron a Flandes, su patria, y a sus intereses familiares, aquellos reyes extranjeros! –exclama el Viajero, en voz alta, pero luego vuelve a su monólogo interno-:
“Desde luego que velaron por su propio interés, Castilla se convirtió no sólo en exportadora de riquezas con que costear la guerras habsburguesas, de hombres para morir y dejarse la sangre en esas guerras absurdas, a ojos castellanos, sino que también vio cómo se arruinaba su manufactura textil, antaño poderosa, mientras Castilla fue independiente”
“Esas manufacturas de Segovia, Cuenca, Guadalajara, Palencia, Béjar, Zamora, Soria… decayeron para reducirse a país sometido, a colonia económica de la Casa de Austria, que debía exportar su enorme riqueza lanar, para que fuese transformada por los telares flamencos y borgoñones. Y después recomprada y devuelta a Castilla como producto ya elaborado, empobreciéndose aún más con la diferencia de precio”.
“Castilla, sola, pudo enfrentarse militarmente a todos esos países y vencerles durante décadas, y luego resistir en equilibrio contra todos ellos, durante otras tantas décadas”.
“Y mientras tanto, aún tenía fuerzas suficientes para ocuparse de sus propios asuntos, estos sí castellanos, provechosos y rentables, en América, en África, en Oceanía y en Asia, mientras sus barcos dominaban las rutas marítimas, ponían nombre a los océanos y circunnavegaban el globo terráqueo”.
“¡Esas empresas sí eran las propias de Castilla, las que hubieran hecho que hoy todo el planeta, cada continente, hablara en castellano como idioma internacional, además con poco coste económico y en sangre, debido al mayor avance técnico y organizativo que aportaba! ¡Nunca debió ser llevada al avispero europeo, donde si perdía, perdía, como al final sucedió, y si ganaba, no ganaba nada, sino que lo hacían los parientes de los Habsburgo!”.
“¡Qué inmenso país, qué pujante país se encontraron los Austrias victoriosos en la Guerra de las Comunidades, y qué pellejo vacío y estrujado, qué arruinada tierra y economía dejaron al iniciarse el siguiente siglo, el XVII!”
“Alguien debería tomar medidas con alguno de estos símbolos de su dominio, y no destruir ninguno de ellos porque ya pertenecen a la Historia y son muestras artísticas de excelente belleza y factura, pero…
…sí, pienso que en alguna ciudad, en algún museo, en algún acto, alguien debería poner boca abajo el retrato de estos prohombres de la Casa de Austria…
…y mostrarlos así para los restos, hasta el final de los tiempos, por lo que le hicieron a Castilla. Aparte de justo, sería un magnífico reclamo turístico para esa ciudad…
…“Lo que tenía que suceder ocurrió, sin remedio, ya a finales del XVI, el país que había iniciado el siglo como el más fuerte del mundo, era un vago espectro de sí mismo, con la industria quebrada, el comercio arruinado, los precios imprevisibles, la inflación disparando los precios exorbitantemente y las repentinas deflaciones haciendo que las materia primas, los géneros acumulados en el comercio, los productos manufacturados en las factorías, de repente, no valieran nada…”.
“Y los caminos, en consecuencia, llenos de mendigos… que no tenían otra salida que alistarse en las guerras de la Monarquía e ir a morir por los campos de Europa.”
…“El círculo vicioso perfecto, la tormenta soñada, la ciclogénesis destructora mejor diseñada, el tornado final, la vorágine nunca antes vista…”.
…”A Castilla no la venció nadie. La deshuesaron sus reyes-saqueadores y, ella, en consecuencia, ella misma después, se hundió estrepitosamente, pero sin ser derrotada por una potencia extranjera, sí por su propio poder político, tan anticastellano”.
“Y todavía la están aventando sus “propios” políticos, por llamarlos de alguna forma, todavía están aventando lo que queda de ella, ya en lo único que queda de ella, en el territorio, haciendo autonomías de opereta, para que olvide lo que un día fue y no le dejaron seguir siendo”.
“¿Podían hacer algún daño más los Austrias a Castilla, después de todo lo anteriormente descrito. Pues sí, lo consiguieron, aunque parezca mentira, elucubraron algo más contra ella…”
“Eso mismo que se ha venido haciendo con esta tierra en los últimos cuatro siglos –aventar y trocear su territorio-, ya fue una invención genial de los Habsburgo”.
“¿Vendieron pueblos de realengo de la Corona al mejor postor privado, al señor, noble, duque o marqués que quisiese aumentar el territorio de su marquesado o de su ducado para que se los quedase en señorío, las tierras y sus habitantes, claro, si se pagaba a la Corona por ello”.
“¡Vender Castilla y a los castellanos, pueblo a pueblo, villa a villa, aldea a aldea, a quien quisiera comprárselos!, para seguir costeando sus guerras estériles!”.
“Estirpe nefasta la de los Austrias, sobre todo los primeros, que se encontraron un país pleno de posibilidades y lo estrujaron hasta convertirlo en una cáscara vacía, en un pellejo sin vida, despoblado y destruido, hasta dejarlo tirado a un lado, en el suelo”.
“¡Y luego se quejan otros pueblos de España, que no tuvieron que padecer esta extorsión, de la “opresión castellana”, cuando, librados de los tentáculos de aquellos monarcas que rapiñaron sólo al país más fuerte y rico, aprovecharon ellos nuestra decadencia impuesta desde arriba, para crecer sobre nuestro hundimiento, y acabar siendo también ellos, los otros pueblos, las otras regiones indemnes de España, las que colonizaron económicamente a la devastada y ya sin pulso Castilla!”.
“Con vosotros, Carlos, el Borgoñón, y luego contigo ya inconteniblemente, Felipe, el de Habsburgo, se inicia la decadencia del que tomasteis como primer y más poderoso país del mundo, pero no sólo en lo económico, también en lo ideológico y en lo técnico”.
“Prohibido pensar, prohibido inventar, Contrarreforma, Represión, Inquisición. ¿Martillo de herejes? No, martillo de vuestros enemigos políticos, a costa del amordazamiento ideológico y técnico de Castilla. La vanguardia del mundo, cuando vosotros llegasteis, iba a empezar a separarse de las nuevas sendas europeas, a perder el paso…”
“En el cual paso perdido aún seguimos, mientras no se levante esta inmensa desolación central en que vosotros dejasteis convertida las tierras arruinadas y estrujadas del Duero y del Tajo, y paso perdido en el que también seguiremos mientras no se os ponga en el lugar que os merecéis, flamencos que defendíais vuestra patria y familia, esquilmando y amordazando al país que el azar había puesto en vuestras manos”.
“Y además la humillación de tener que colocar y costear este gigantesco escudo con las armas del Emperador habsburgués, extranjero, y más ansioso de dinero aun que todos los restantes consejeros, nobles, obispos y cardenales, como el de Utrecht, que se había traído consigo”.
“Parece que le estoy oyendo”.
El Viajero se levanta y pasea ante el escudo del Emperador, con ademanes cortesanos, en voz baja para no ser oído por los operarios que siguen trabajando a las puertas del Instituto, declama con voz engolada:
-¡Venga! ¡Os vencí y por el sagrado derecho de conquista os ordeno!: Levantad un monumental escudo con mis armas y ponedlo en la principal puerta de la ciudad, para que no quede duda de quién ha vencido!
Y sabedlo bien para que os quede claro de ahora en adelante. Con el dinero que extraigo de Castilla me costearé para mí el cargo de Emperador de Alemania, comprando cuantos votos de los príncipes electores me hagan falta, y para mi amigo Adriano, el cargo de Papa de Roma, traficando también con tantos votos cardenalicios como pueda mercar con las arcas repletas de Castilla.
¡Salve, césar Carlos! ¡Salve, Adriano VI, Santo Padre, Pontífice Máximo entre el hombre vulgar que paga nuestros gastos y el también amordazado Espíritu Santo! ¡El Señor de la Guerra y el Señor de los Cielos sujetos bajo el dueño del escudo del Águila Bicéfala, que efectivamente mira hacia ambos lados, y no deja nada sin depredar!”.
“ Dinero y poder, y ausencia de escrúpulos, siempre unidos”.
“¿Los representantes de Dios, mientras tanto? Bendiciendo y bendiciendo, como siempre, al triunfador, que les cubre de donativos a cambio de sus bendiciones, sus ceremonias y sus preces”.